Opinión

El alto precio de los apagones

Ciudad Juárez ha sido especialmente vulnerable a los apagones eléctricos desde hace años, especialmente en algunas colonias como, Altavista, Portal del Roble, Praderas de los Oasis o Las Haciendas

Andrea Chávez
Analista

jueves, 06 enero 2022 | 06:00

Ciudad Juárez ha sido especialmente vulnerable a los apagones eléctricos desde hace años, especialmente en algunas colonias como, Altavista, Portal del Roble, Praderas de los Oasis o Las Haciendas. Hasta en la propia unidad administrativa del Municipio se han sufrido apagones recientemente por desabasto de energía eléctrica, frenando nuestras actividades cotidianas y, peor aún, dejando a miles de familias en condición de vulnerabilidad en plena temporada de fuertes fríos y nevadas. 

Hace tan solo un año, la red eléctrica de México, dependiente profundamente del gas procedente de Texas, y ante la tormenta invernal que allá ocurrió, sufrió un "déficit de generación" de energía que afectó a millones de personas, en todo el norte del país, y en particular, a Ciudad Juárez. Sin duda en aquella ocasión se generó una crisis energética muy grave, puesto que en cuestión de unas horas, la falta de energía se extendió a 23 estados de la República Mexicana, dejando más de 5.9 millones afectados. 

Como los precios del gas subieron de manera descomunal, ante la altísima necesidad que tenía Texas de reponerse tras un duro fenómeno meteorológico, los generadores privados de electricidad se desentendieron y dejaron de producir energía, porque el gas era muy caro, dejando a millones de personas sin electricidad, y obligando a la Comisión Federal de Electricidad a generar toda la energía necesaria para abastecer al norte del país.

En una labor casi de proeza, CFE operó al máximo de su capacidad instalada, y consiguió solucionar (cinco veces más rápido que EU) los apagones generados ante los sobreprecios del gas en Texas, los cortes de suministro de dicho recurso, y la negativa de los privados de generar electricidad en condiciones adversas. Ese hecho supuso una pérdida de más de 20 mil millones de pesos para la CFE (institución que nos pertenece a todos los mexicanos), ante la irresponsabilidad de los privados que se negaron a producir energía con altos costos, y que no perdieron ni un solo peso de sus multimillonarios beneficios.

Aquello nos demostró la plena capacidad de nuestra empresa nacional de servir a su pueblo en condiciones adversas, e incluso, de pérdida económica y, pese a ello, se mantuvo leal a su único interés, que es brindar energía eléctrica, sin elevar sus precios a pesar de la coyuntura, pero también nos demostró la importancia de que nuestro abastecimiento energético no dependa solamente de empresas privadas que solo buscan el lucro, y de suministros únicamente procedentes del extranjero.

Las empresas públicas tienen obligaciones sociales más allá de su propio beneficio, y es por eso que la CFE, por ejemplo, ha implementado programas para beneficiar con tarifas preferenciales a más de 13 mil productores de nuestro estado —de la misma manera que hace con otras entidades—, a través del Programa Especial de Energía para el Campo (PEUA), ayudando a que los costes de producción se vean reducidos en, al menos, una tercera parte, y favoreciendo al sector más importante para nuestro país, el campo.

Y todo esto lo hizo CFE a pesar de destinar al menos 200 mil millones de pesos anuales a privados por medio de contratos fraudulentos que le dificultan adquirir la energía de sus propias centrales. Y eso sin contar otra serie de privilegios y prebendas económicas que tienen las empresas privadas extranjeras que la CFE no tiene: no pagan porteo, no pagan respaldo, tienen prioridad de venta, y muchos otros beneficios que rozan lo fraudulento, y que se hicieron legales tras la Reforma Energética de Peña Nieto, aprobada con sobornos de por medio.

México siempre tuvo una sólida infraestructura energética a lo largo del siglo XX que llevó al país a ser uno de los principales países productores de petróleo y gas natural durante muchos años. Sin embargo, el incesante saqueo y entreguismo de los gobiernos neoliberales, debilitaron a esta industria, y causaron un quiebre imperdonable al patrimonio de la nación.

Es ahora nuestra oportunidad, una casi irrepetible, para revertir ese daño, y poner al servicio del pueblo el potencial que tiene su empresa generadora de energía eléctrica y recuperar la grandeza que antes tuvo para contribuir al desarrollo de nuestro país; de equilibrar los precios en beneficio de los consumidores y de defender los intereses de la nación.

De igual manera, y ante la confianza depositada por el pueblo de México en la CFE como rector del Sistema Eléctrico Mexicano, es un derecho exigir a nuestra empresa pública el mejor de los servicios, la mejor de las atenciones al público, y el fin de los abusos de ciertas burocracias enquistadas tras décadas de expolio dentro de la CFE. Y todo esto no quiere decir que el Sector Privado quede fuera, al contrario, contarán con más de 40% del mercado mexicano, sin embargo, serán los mexicanos y las mexicanas los dueños del otro porcentaje mayor al 50%, para no depender de la voluntad privada de unos cuantos.

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