El acuerdo

La amenaza, en ese momento latente, del presidente Donald Trump de imponer aranceles a todas las importaciones...

Sixto Duarte
Analista
martes, 11 junio 2019 | 06:00

La amenaza, en ese momento latente, del presidente Donald Trump de imponer aranceles a todas las importaciones provenientes de México, causó evidentemente muchísima especulación desde el momento de realizarse, y movilizó al cuerpo diplomático mexicano. El propio canciller Marcelo Ebrard se trasladó a Washington DC casi una semana antes de que se llevara a cabo la mesa de negociaciones entre los dos países.

Por un lado Donald Trump, actuando más como candidato rumbo a la reelección que como presidente, volvió a agarrar a México de piñata para verter ahí todo su discurso antiinmigrante, ese que le ha generado mucha crítica, pero que a su vez le ha generado más votos en el sector más antiinmigrante del electorado norteamericano.

El pretexto en esta ocasión fue darle a México un ultimátum respecto a erradicar el flujo migratorio (y supuestamente de drogas, aunque estas casi no se mencionaron) rumbo al norte. Trump argumentó que México no estaba haciendo lo suficiente para detener migrantes, y que por ende, impondría un arancel de cinco por ciento (hasta subir a veinticinco) a las importaciones mientras México no hiciera algo respecto a la migración.

Del lado mexicano el presidente López Obrador había convocado a un mítin en Tijuana,“por la dignidad”; como si un mitin fuera a doblegar al Gobierno norteamericano.

Para bien de la economía, México y Estados Unidos llegaron a un acuerdo el viernes pasado. No se le regateará al Gobierno (como seguramente sí lo hubiera hecho López Obrador candidato) el esfuerzo realizado. Al canciller le encargaron desactivar una emergencia económica, y lo logró. Fue un resultado exitoso, dada la presión inmediata. Sin embargo, la pregunta es, ¿a qué precio?

Los detalles de la negociación siguen siendo, al menos al momento de escribir esta opinión, un tanto oscuros. Existe pues opacidad respecto a qué acordaron ambos gobiernos. Desafortunadamente, no sabemos si creerle al presidente Trump, o al presidente López Obrador respecto a las “letras chiquitas” de dicho acuerdo. Cada quién ha informado lo que le ha convenido. Y no sabemos a quién creerle porque ambos han dado muestras de matizar información (por no decir mentir) a la opinión pública. Esperemos que, conforme pasen los días, mayores detalles se den a conocer.

De lo que sí sabemos es que México militarizará la frontera sur. Si no le quieren llamar “militarizar” a la acción de desplegar miembros de la Guardia Nacional, no entraremos en un debate semántico. Será este grupo de fuerza pública el encargado de recibir a los migrantes en la frontera con Guatemala. ¿Qué le parece esto? ¿Suena respetuoso de los derechos humanos?

Igualmente, México se compromete a recibir a los migrantes que hayan solicitado asilo en Estados Unidos, y de proveerles fuentes de empleo y salud, en lo que se resuelve su situación migratoria. En pocas palabras, y como algunos analistas dijeron, México se convierte así en el muro que tanto prometió Trump a sus electores.

No es que el Gobierno federal tuviera muchas alternativas. Era optar por los migrantes y sus derechos, o no afectar la economía mexicana. La alternativa adecuada, a mi criterio, era dejar correr el tema de los aranceles en Estados Unidos, finalmente los propios legisladores demócratas y republicanos, en un acuerdo bipartidista, pudieran haber frenado esta medida, pues también hubiera afectado a las empresas americanas. Los “lobbyists” de dichas empresas seguramente hubieran presionado. De esta forma, este gobierno que tanto ha pugnado por el derecho de los migrantes a migrar, hubiera sido congruente con su posición histórica. Irónicamente, optaron por una salida neoliberal, esa política a la que tanto critican, y prefirieron sacrificar a los migrantes a cambio de estabilidad en el mercado.

Por mucho que se haya celebrado por parte de los simpatizantes del gobierno, creo que falta mucha información para evaluar si fue buena o mala la decisión. Como lo dije líneas arriba, no había muchas alternativas, pero la alternativa escogida es la más incongruente respecto a su posición tradicional como gobierno. Por cierto, ¿se habrá puesto sobre la mesa el frenar el flujo de armas de Estados Unidos a México? ¿Nadie propuso imponer un arancel de cinco por ciento a las importaciones americanas hasta en tanto se frente dicho flujo armamentista?

Creo que no existe mejor momento para recomendarle a usted, estimado lector, uno de los libros que más he disfrutado: “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano.