El activismo del canciller

Diversos medios de comunicación, editorialistas y público en general criticaron de manera prácticamente unánime...

Sixto Duarte
Analista
martes, 09 julio 2019 | 06:00

Diversos medios de comunicación, editorialistas y público en general criticaron de manera prácticamente unánime (salvo aquellos oficialistas que defienden la 4T, pase lo que pase) el hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obrador no asistiera a la cumbre del G20 en Osaka, Japón a finales del mes pasado. El presidente sostuvo que tenía cosas más importantes qué hacer. Ya a inicios de año, el presidente había declinado asistir al Foro Económico Mundial, mismo que se celebra en Davos, Suiza, y que se convierte en un lugar encuentro y difusión de mandatarios, líderes políticos, empresarios, y todo aquel cuya voz interesa escuchar al mundo. Esta semana, se llevó a cabo la cumbre de la Alianza del Pacífico, a la que, por supuesto, el presidente no asistió. La impresión que genera es la de un presidente que no le interesa tender puentes con el mundo, cuando ésta es una de sus funciones prioritarias.

A manera de broma, estuvieron circulando diversos “memes” en las redes sociales que hacían referencia a que el presidente López Obrador no iba a esos foros, porque no tendría una prensa dócil (como la que está presente en las conferencias de prensa “mañaneras”), y por que su discurso, redundante y vacío, cargado de reparto de culpas, pero no de soluciones, únicamente encuentra eco en quienes todavía ven en él, el líder que México necesita.

En su momento, quien a mi juicio fue el político más hábil del mundo en la segunda mitad del siglo XX, el expresidente del Gobierno Español, Felipe González, refería que, el mundo se encuentra ya globalizado. Que no importa si alguien está de acuerdo o no con dicha condición global, pues es una realidad, y que quien no lo entendiera, se quedaría fuera de la modernidad. Desafortunadamente, el presidente López Obrador parece no entender que el mundo es global.

En las conferencias mañaneras, se discute de manera reiterada lo mismo, pero si se observa, no se advierte una visión global del jefe de Estado. Parecería que el nivel de chisme que se discute en esos eventos matutinos, corresponde al del alcalde de Macuspana, no al del presidente de la undécima economía del mundo.

Los defensores oficiosos del gobierno siempre encuentran respuestas que pueden aplicarse, tanto a la ausencia del presidente en el plano internacional, como a la crisis hospitalaria, a los recortes en diversos rubros, a la crisis de inseguridad o a cualquier crisis. Prácticamente es un guión el que repiten: “Es que nos dejaron un cochinero”. De ser así, por eso es que resultó electo, ¿no? Como decía Pascal Beltrán del Río, fue electo para dar soluciones, no para dar diagnósticos. “Es que es el presidente más popular del mundo”. Probablemente sí, aunque eso no quiere decir nada. Teodoro Obiang Nguema, dictador de Guinea Ecuatorial, ha ganado todas sus reelecciones con el 99 por ciento de los votos.

No pongo en duda la sensibilidad de López Obrador respecto a las carencias del pueblo. Tampoco pongo en entredicho que es un líder social y político que ha venido luchando cuando menos desde los últimos treinta años. Sería mezquino regatearle esa calidad. Sin embargo, eso no da licencias para que el jefe de Estado no esté presente en las cumbres y eventos donde el mundo debe ver a México. El combatir la corrupción (su único mensaje), no está peleado con el hecho de que México tenga compromisos globales. Quizá, fuera de broma, a los líderes del mundo no les interesa este discurso, sino que quieren conocer qué condiciones hay en México para invertir. Ese discurso, el de AMLO, únicamente enardece (que es lo que López busca) al que gusta de autocompadecerse, no al que busca progreso. De ahí que prefiera quedarse.

Esta ausencia, ha sido aprovechada de manera amplia por parte del canciller, Marcelo Ebrard. Tanto en el G20, como en la cumbre de la Alianza del Pacífico, Ebrard aparece dialogando, y conversando de manera fluida con jefes de Estado.

Esta exposición lo convierte en uno de los colaboradores más fuertes del gobierno. Desafortunadamente, parece ser el único del gobierno que da resultados. Al tener esta característica, no dudaría que el presidente lo enviara a alguna otra área del Gobierno, ya que las relaciones internacionales parecen no importarle. Esperemos que antes que esto suceda, exista disposición del canciller de solucionar problemas que tenemos en Chihuahua, mismos que están dentro de su competencia. Ejemplos de ello son la lentitud de los cruces de mercancías en los puentes, y la crisis migratoria, que se evidencia día con día en nuestra ciudad.