Opinión

Dónde empieza la vida

Apenas hace unos días la Corte ha vuelvo a provocar una sacudida con su resolución más polémica. Y aún no termina. Chihuahua no escapará a sus alcances, por tutelar el reconocimiento a la vida desde su concepción.

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 17 septiembre 2021 | 06:00

No hay tema que atraviese con más intensidad la sensibilidad humana que el relacionada con la vida. La conmoción de las conciencias, en uno u otro sentido, tiene efectos polémicos y extremos. Apenas hace unos días la Suprema Corte mexicana ha vuelvo a provocar una sacudida con su resolución más polémica. Y aún no termina. Chihuahua no escapará a sus alcances, por tutelar el reconocimiento a la vida desde su concepción.  

El punto de partida fue una controversia que consiste en resolver si un estado de la República puede o no legislar sanciones a una mujer que comete un aborto. A partir de aquí se dispara una bomba de aristas aguzadas. Si puede intervenir o no en la soberanía de los estados. Si el aborto es derecho o no. Si debe haber sanción o no, y sobre quién debe de recaer. Si quien lo practica puede negarse a hacerlo o está obligado. 

Apenas tiene pocos años, en los hechos, que la Suprema Corte ejerce una facultad fundamental que se llama el control de la constitucional. Durante todos los largos años en que este no era un poder independiente no hubo este tipo de discusiones. Bastaba con las instrucciones del Ejecutivo. Pero ahora ha venido sucediendo cada vez más, aunque ha derivado en una situación límite compleja: en ocasiones la Suprema Corte no solo deroga disposiciones, sino que se erige en auténtica legisladora para sustituir lo que no le gusta. Esta afirmación es desde luego una interpretación mía, ellos no van a reconocer que están suplantando al otro poder del Estado, pero yo creo que ocurre  Aprovechan pienso, eso sí, una legislación defectuosa con huecos que deben de ser llenados. 

La resolución de la polémica, sin embargo, toca estas fibras, porque la Corte en los hechos no solo ha determinado que un estado no puede penalizar la comisión de un aborto, con lo que en la vía de hechos legisla permitir el aborto, pero por la puerta trasera, no de la disposición expresa.   

Hace años se discute si la Constitución Mexicana tutela la vida humana desde la concepción. Es larga la polémica, pero es el principio del que debería partirse, pues lo demás son consecuencias.  Y creo que el principio debería fijarse solamente una de dos posibilidades, una u otra, son excluyentes. O existe desde la concepción o desde el nacimiento una vez separados del cordón umbilical materno. Planteada de esta manera, es fácil advertir las debilidades de la segunda alternativa. Pues implica que un día, unos minutos antes del nacimiento, no ha comenzado la vida humana. Por tanto, puede ser sujeto de su interrupción. Sin eufemismos, su muerte. Y eso como mínimo suena muy repulsivo, y sus promotores prefieren evitar este enfoque justo porque no endulza el camino de su propósito final. Por tanto, si la vida comienza en la concepción, sin importar lo que ha ocurrido en su ambiente externo, no pueden segarse los caminos de su viabilidad. 

Para facilitar la decisión que ha tomado, y justo evitar los enfoques incomodos, la Suprema Corte aprovecha por un lado una creciente liberalización que sitúa la palanca de las decisiones en las alternativas más sensibles y evadir las discusiones de fondo. Es entendible que no cause simpatía decir que una mujer no debe ser metida a la cárcel cuando incurre en una aborto orillada por extremos existenciales complejos, como una violación, el abandono emocional y social, el engaño o la presión de parejas irresponsables. 

Si una ley no tiene sanción entonces en cualquiera puede hacer lo que sea. Cada uno es el juez supremo y su conveniencia es la ley suprema. Y eso es justo lo contrario del orden social al que nos debemos comprometer por vivir en comunidad. Es elemental.  Pero el penar una acción como el aborto no debe anular las iniciativas y políticas públicas para ser solidarios con una mujer en una circunstancia difícil, presionada su voluntad con una alternativa extrema como la que se plantea. Es esta falta de un abanico de alternativas a la mujer, o destacarlas si existen y acompañarlas desde la esfera de la autoridad, lo que nos mete en los falsos debates. 

Pero de ahí a ponerse a legislar, imponer el aborto en todo el país es muy grave, metiéndolo por la puerta de atrás, sin una legislación expresa, sin una discusión específica del fondo que es el inicio de la vida humana, su alcance y formas. Menos cuando no hay un debate dedicado al tema.  Si es cierto, hubo una estrategia de agrupaciones por la vida para impulsar que se legislara en las constituciones estatales sobre la tutela de la vida desde de la concepción. Algunos lo hicieron y otros no, y se tiene que aceptar. Pero si quieren que sea norma general una u otra, abordémoslo de frente, debate nacional, científico, acompañando todos los aspectos laterales en los que impacta. Y en ello es excluyente con el el trato digno a la mujer.

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