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Opinión

Distinción y bonanza: historias de vida detrás del paisaje

En los temas de ciudad, cuando se interviene una zona, siempre va a traer consigo efectos colaterales

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 22 junio 2022 | 06:00

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En los temas de ciudad, cuando se interviene una zona, siempre va a traer consigo efectos colaterales. Es así que cuando se implementan proyectos de rehabilitación urbana, tan necesarios para mejorar la imagen urbana y hasta para detonar el atractivo y la economía local, detrás de la obra material tuvieron que suceder otros procesos de orden social, económico y hasta ambiental que no son fáciles de identificar a primera vista.

Cuando estudiaba en Monterrey coincidió que iniciaba también la Macroplaza. Más o menos 30 años después se construiría el Paseo Santa Lucía, que partiendo de los museos de Historia Mexicana y Museo del Noreste, MUNE, la uniría con el Parque Fundidora, un proyecto de rehabilitación de una amplia superficie en desuso en el que se construyó un complejo de equipamientos a gran escala que atrajeron corporativos de orden mundial. Estas obras, son solo algunos de los emprendimientos que cambiaron radicalmente la imagen de Monterrey transformándola en una urbe cosmopolita a nivel internacional que disfrutan tanto los turistas como la población local. Lo menciono porque al recorrer el canal a lo largo del Paseo Santa Lucía se pueden observar familias enteras disfrutando del paisaje y las facilidades de recreación y ocio a lo largo del trayecto. 

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Regresando a cuando estudiaba Arquitectura, hay una experiencia que quedó grabada en mí. Se trata de la clase de Sociología Urbana. En una de las sesiones, después de que los alumnos presentamos fotografías y todas las bondades que traería consigo, el maestro nos preguntó qué pensábamos del proyecto de la Macroplaza. ¡Ya se imaginarán! al fin arquitectos, aunque también había compañeros de la licenciatura en Ciencias de la Comunidad, todo nos sonaba muy bonito. Así que, ni tarde ni perezoso, después de conocer nuestro parecer, todos juntos diseñamos un cuestionario que aplicaríamos a quienes vivían en lo que se conoce como Barrio Antiguo.

Íbamos en equipos de cuatro. Tocamos la primera puerta y como era de esperarse la abrió una ancianita. Después de compartirle nuestra intención amablemente nos invitó a pasar. Nos mostró su casa hecha de adobe de la que estaba sumamente orgullosa: “Ya no hacen casas así”, nos decía mientras apuntaba a un trastero integrado completamente en el muro que medía unos 40 centímetros de ancho. Tampoco sentimos calor ni frío, añadió. Ya para ese entonces se habían unido a la charla su hermana y su esposo, también adultos mayores. Sin excepción, todos nos remitieron a las campanadas de la Catedral que anunciaba la primera misa del día… el primer encuentro del día con sus vecinos. Sus hijos vivían lejos así que eran ellos, sus vecinos, lo más humanamente cercano que tenían: con ellos se reunían por las tardes a jugar lotería, encontraban la taza de arroz o azúcar que les faltaba y eran, también, quienes les socorrían cuando se suscitaba una emergencia. No, para nada les gustaba la idea ser reubicados en la colonia Fomerrey, una colonia popular situada en la entonces periferia de Monterrey. Las casas de block de dimensiones mínimas, sin su familia y vecinos, lejos de todo, significaba un doloroso desplazamiento que los arrancaba de sus raíces y de las expectativas que ellos tenían para envejecer: de un verdadero barrio, un LUGAR para vivir.

Cuando regresamos al salón de clases ya no éramos los mismos. Siempre he sospechado que el maestro sabía perfectamente el resultado del ejercicio.

Lo relatado es un proceso de gentrificación surgido de una rehabilitación urbanística que requirió de tierra y provocó la revaloración del suelo y, por ende, el desplazamiento de la población original a sitios periféricos. Pudiera ser que este proceso se diera de manera más equilibrada, pero por lo general, no es así. Algunos dicen que la gentrificación puede conllevar cambios muy positivos desde el punto de vista social, No lo sé. 

En Juárez ha habido cambios de uso de suelo que han generado gentrificación: veamos la Gómez Morín y área de Sendero de donde se ha desplazado a la población original. Ciertamente, pedimos proyectos de rehabilitación del Centro y tenemos uno de un Centro de Convenciones con potencial de mejorar sustantivamente la imagen de Ciudad Juárez y detonar la economía alrededor él y de la ciudad. Pero… cuidado. Las implicaciones sociales en ambos casos también estarán presentes, sin duda. 

Los procesos de gentrificación suceden y desde cierto punto de vista son necesarios, sin embargo, es difícil reconocer si finalmente la ciudad sale ganando con este tipo de proyectos, o solo unos cuantos serán los beneficiados, la realidad es que la materialidad que vemos detrás de cada uno de ellos siempre estarán involucradas historias de vida.

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