Opinión

Devuelvan las pluris, hijos de la tiznada

La semana pasada, en mi colaboración “Crece escándalo por bacanal del hueso”, advertí sobre la molestia generalizada contra las dirigencias partidistas y vividores del presupuesto vía plurinominal

Manuel Narváez
Analista

lunes, 15 febrero 2021 | 06:00

La semana pasada, en mi colaboración “Crece escándalo por bacanal del hueso”, advertí sobre la molestia generalizada contra las dirigencias partidistas y vividores del presupuesto vía plurinominal, que agandallaron las posiciones privilegiadas para acceder a la Cámara de Diputados y al Congreso de Chihuahua.

Este robo, porque no se le puede decir de otra manera, es contra los mexicanos, es disfrazado en la legislación, mañosa y a conveniencia de los mismos grupos parlamentarios y sus respectivos dirigentes.

Desde hace mucho tiempo, y lo comento sin más afán que el de hacer memoria del tema, me he pronunciado a favor de reducir el número de legisladores federales (diputados y senadores) y locales que acceden por esta vía, y que se impida se hereden a cónyuges, amantes y a esa maldita burocracia que vive de eso.

Ciertamente la figura de la representación proporcional pretendía en su concepción dar voz y voto a partidos minoritarios, es decir, que la mayoría de pueblo tuviera una representación en las tribunas nacionales y locales.

Las candidaturas plurinominales deben ser para personas honorables, no sólo con la capacidad de abonarle al debate, sino a la construcción de legislaciones que beneficien a sus representados, no para convertirlo en un reducto de ratas que brincan de las dirigencias a las diputaciones locales y federales, al Senado de la República, y viceversa.

Es de elemental sentido común que personas, cito el ejemplo de Guillermo Prieto Luján, quien fuera presidente del PAN estatal y diputado local; no fue diputado federal porque el PRI le robó la elección en 1985; sean las que se designen en estas posiciones

Además de sus capacidades extraordinarias para la tribuna, Prieto Luján contaba con el respaldo moral y popular para ser legislador, sin embargo, su estado físico no era de lo mejor, por lo que, en casos como éste, se consideró enlistarlo en el primer lugar de la lista del partido para acceder a una curul.

Cuando la partidocracia mexicana, grandes y chicos, se da cuenta que con un mínimo del 3% de la votación, estatal o federal, tiene acceso a las diputaciones locales, federales y senadurías, por la vía plurinominal, y a recursos ilimitados; estalla la carnicería por esas posiciones.

Ser legislador en México es muy deseado porque paga salarios de ensueño. A reserva de que me desmientan, un diputado local de Chihuahua se mete a la bolsa un millón y medio al año, siendo de la tropa. Si es coordinador parlamentario, presidente de la Mesa Directiva o de las Comisiones más demandadas, el monto aumenta según la importancia de los “acuerdos” entre ellos.

El diputado federal de este país, bajita la mano ingresa dos millones y medio de pesos anuales. Igualmente, tal como sucede con los locales, dependiendo de la influencia del cargo hacia el interior de la Cámara, este importe puede aumentar hasta a más de cinco millones de pesos por año.

Los senadores, un remanso para los políticos más encumbrados del país, se retiran, en el peor de los casos, y sin gastar un solo peso, como sucede normalmente, con al menos 20 millones de pesos por su beca de 6 años. También, como en los casos anteriores, la paga aumenta en proporción de su posición dentro de la Cámara Alta. Vaya, puede llegar hasta a 50 millones de pesos por six years.

Pese a ser un país en eterno desarrollo, a los mexicanos nos resulta muy costoso mantener a 500 diputados federales, ¡200 plurinominales!; a 128 senadores, de los cuales 32 son plurinominales y 32 de prelación o segundos lugares. 

En el Congreso local de Chihuahua, de los 33 legisladores, 11 son mixteados entre plurinominales (lista de partido) y de prelación (perdedores con mejor porcentaje), que representan un tercio del Congreso local.

El grave problema que esto representa para Chihuahua y México, es que los dirigentes de partidos pequeños, en todos los casos son negocios familiares, donde se turnan las legislaturas para el cónyuge y los hijos, como en el PT, el PVEM, el PRD, o son franquicias para rentarse al Gobierno estatal en turno, como sucede actualmente con Movimiento Ciudadano y Javier Corral.

En el caso del PAN y el PRI, hace tiempo que sus dirigentes y allegados, sean nacionales o estatales, se quedan con las posiciones privilegiadas para acceder al Congreso federal o local.

Con esta deleznable práctica muchos vividores cuentan con un palmarés de al menos 3 diputaciones federales, una o dos diputaciones locales y por lo menos dos senadurías, todas por la vía plurinominal. Los hay en todos los partidos, incluido el de Morena.

No obstante, la millonada que acumulan a costa del erario, desde hace unos 20 años, el deporte es obtener esas candidaturas para sus esposas, hermanos e hijos, aunque no tengan la remota idea de lo que se trata, amén de que desparraman el árbol genealógico en puestos dentro del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. 

Hay familias que ingresan en conjunto anualmente unos 4 millones de pesos por esos conceptos, tan sólo aquí en la capital. A esto se le llama nepotismo, pero no lo van a reconocer jamás.

Lo idóneo sería que devolvieran las candidaturas pluris y se reasignaran a líderes de la sociedad civil.

Deseable sería que se legislara para que se reduzca el número de diputados federales pluris a 50, suprimir los senadores de lista (32) y dejar el Congreso de Chihuahua en 5 de prelación, es decir, ningún diputado plurinominal de lista. 

Que no se permita más de una plurinominal por persona ni heredarla al familiar hasta tercer grado, en la siguiente Legislatura.

Esto nos ahorraría miles de millones de pesos al año.

Lo más seguro es que estos sátrapas, a los que les vale gorro lo que piense Juan Pueblo, no van a soltar el huesote. Por esta sencilla razón sugiero anular el voto para diputados locales y federales, de tal suerte que quede de manifiesto nuestro rechazo a su ambición, hipocresía e incongruencia.

Es cuanto.