OPINIÓN

Despide a su vocera y habla del 2024

Si los chilangos no lo conocen a Corral lo llevarán en el pecado, pero la amenaza es que va de regreso

LA COLUMNA
de El Diario
lunes, 23 septiembre 2019 | 06:00
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• Despide a su vocera y habla del 2024


• Tenía subsecretario una denuncia vs su jefe


• Andan creciditos con mayoría panista débil


• A punto estuvieron de darle el golpe a Salud


El viernes tuvo larga comida en la Cebolla Roja de la ciudad de Chihuahua el gobernador Javier Corral Jurado.

Se juntó con los líderes del sindicato de radio y televisión. Ese día no se paró en Palacio, usó toda la mañana para jugar golf en el Club Campestre; durante la tarde estuvo en la comida y prácticamente de ahí se arrancó al aeropuerto para trasladarse a la Ciudad de México y atender allá actividades partidistas.

Acaso triste porque fue descalificado del torneo de golf durante la mañana y nostálgico porque se le está acabando su corrido en la gubernatura sin haber hecho nada relevante por lo cual puedan los chihuahuenses escribir su nombre en la historia, Corral confesó a sus anfitriones un par de detalles importantes.

Primero les anunció que, efectivamente, no tarda en irse de la Coordinación de Comunicación Social por razones de embarazo Marijose Valles Medina. Así lo informó.

Eso lleva implícito que muy pronto deberá tener Corral a su tercer vocero(a) en lo que lleva de administración pues ella regresaría solamente en calidad de “asesora”. Es la lógica de los tiempos. Restan menos de dos años al régimen y ella deberá atender a su bebé niña.

Marijose no pudo o no quiso levantar el ladeado barco de la mala imagen de Corral. No funcionaron aquellas prometidas pócimas de redes sociales.

El otro detalle es más interesante, Corral Jurado habló incluso con optimismo del 2024 y dio a entender que participará como actor central en aquella contienda.

Si los chilangos no lo conocen lo llevarán en el pecado, pero la amenaza es que va de regreso.

 

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Hay en la administración de Javier Corral nombramientos polémicos y otros que de plano no tienen explicación alguna. Un caso especial en este marco es el de Eduardo Fernández Herrera.

El que fuera subsecretario de Egresos de Hacienda fue designado  el 15 de agosto como director de Administración de la Fiscalía General del Estado, cargo en el que de inmediato comenzó a hacer ruido.

Para la primera quincena de este mes Fernández ya había emprendido una limpia en la nómina de la FGE. Le interesaba hacer sentir su poder, que se notara su presencia.

Pero no se puso a correr a los comandantes-ministerios públicos malandros que han entregado al Estado a los grupos criminales, ni que estuviera loco.

La emprendió contra empleados y funcionarios de color azul, como si no fuera evidente que el Gobierno corralista es reprobado por los propios panistas, precisamente porque resultó muy incluyente con todos, menos con los hombres y mujeres del PAN.

Pero la conmoción actual entre el gabinete de Corral, compañeros de Fernández y otros panistas, tiene que ver con una denuncia guardada celosamente en una gaveta de la Función Pública estatal, firmada por el exsubsecretario.

Resulta que presentó una queja contra su propio jefe de entonces, el secretario de Hacienda Arturo Fuentes Vélez, luego de perder las vencidas que jugaron durante meses para ver quién tenía más poder en las decisiones financieras del Estado.

La queja se archivó y reservó. En realidad tenía más comentarios viscerales que elementos de prueba para demostrar alguna irregularidad pero ahí quedó como cosa sin importancia.

Fernández y Fuentes Vélez ya ni siquiera cuidaban las formas, se insultaban mutuamente con todo tipo de improperios impublicables. Era parte de la queja. Si quisiéramos llamarlo de alguna manera podría ser acoso laboral. Muchos (as) han sido despedidos por eso.

Ahí comenzó la recta final de la lucha interna de Hacienda, que en apariencia había ganado el secretario. El mensaje sobre el retorno de Fernández sorprendió tanto por la denuncia contra su jefe como por la situación deplorable con la que es manejada esa vital dependencia del Gobierno estatal. ¿De ellos es culpable Fuentes Vélez o Lalo? No parece importar a Corral esto, con la amistad hacia ambos basta.

 

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Luego del episodio tragicómico del diputado Rubén Aguilar para tomar la Junta de Coordinación Política y luego traicionar a quienes lo apoyaron, el petista y otras minorías ya midieron la debilidad que tiene la bancada del PAN, aderezada con su incapacidad de construir mayorías.

Por eso en el Congreso del Estado dicen que andan muy creciditos el propio Aguilar y los juarenses Marisela Sáenz del desaparecido Encuentro Social y Alejandro Gloria del Partido Verde, que se han vuelto más cotizados que un bote de agua en el desierto.

Don Rubén desbarató la mayoría. Antes le había hecho un hueco la nueva integrante de la bancada del PRI.

La jugada por la Jucopo acabó con el grupo o la pandilla de los 22 que conformaba junto a los 11 de Acción Nacional, su compañero del PT, dos de Movimiento Ciudadano, tres de los 4 del inexistente Encuentro Social, dos priistas y Nueva Alianza.

Aunque finalmente Aguilar traicionó la revuelta de las minorías, en el rebaño albiazul de Fernando Álvarez Monje perdió confianza, les generó temor la poquita institucionalidad extraviada que dejó el caso.

Pero ese ni siquiera es el mayor problema del PAN. El escenario que se avizora para votaciones importantes, como una reforma en puerta y el Presupuesto de Egresos de 2020, esos sí son problemas.

Las mayorías necesarias para que la camine el flojo trabajo legislativo es lo que preocupa al ala azul y lo mismo que trae como pavorreales a los diputados que pueden inclinar la balanza.

Curioso e interesante el juego, el reto de construir mayorías para lo que queda de una legislatura que siempre se cree no puede caer más bajo... pero sí logra caer más bajo.

 

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Por poquito el secretario de Salud Jesús Enrique Grajeda Herrera celebraba con una obligada renuncia su primer año como titular del ramo.

La eterna lucha entre dos grupos médico-empresariales chihuahuitas estuvo por dejar como víctima al exrector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, quien ya carga más quejas que su antecesor, el anestesiólogo militar Ernesto Ávila, cuyo paso por Salud dejó una larga estela de corrupción que se mantiene sin castigo.

Uno de los grandes vicios del sistema de salud estatal –si a eso se le puede llamar sistema– es la pelea por el negocio de la subrogación de servicios y medicinas. Un par de grandes competidores asentados en la capital controlan todo en la entidad entera.

Ávila era representante de un grupo. Grajeda de ninguno, es su principal fortaleza y debilidad al mismo tiempo.

Pero las carencias, las fallas, las deficiencias y negligencias en la Secretaría de Salud se mantienen, a tal grado que hay quienes añoran el retorno de Ávila como titular.

Es que nadie se pone de acuerdo en qué es peor: la ineficiencia actual o la corrupción galopante, marcas de cada uno de los médicos que han ocupado la dependencia.

El caso es que, cumplidos dos meses de quejas constantes de falta de suministros, medicamentos y hasta sueldos completos de personal en una decena de clínicas y hospitales de la entidad, la guillotina estaba por caer encima de Grajeda apenas terminado el mes de agosto, cuando cumplía un año en el cargo.

Lo salvó que alguien advirtiera cierta manipulación de la eterna crisis de salud, por parte de uno de los tiburones hospitalarios. Eso lo salvó una vez, pero quién sabe si le alcance para la siguiente.

 

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Los gobernadores indígenas que lidera Isidro Rodríguez quieren pelea contra el superdelegado federal Juan Carlos Loera de la Rosa. Por eso pretenden revivir la “marcha del hambre”, como lo anunciaron oficialmente.

Lo acusan de incumplir con la serie de promesas que les hizo en el comienzo de la caminata a finales del pasado mes de julio, cuando los reunió en San Juanito, Bocoyna.

Los programas federales ofrecidos como los de adultos mayores, madres solteras, el de reforestación “Sembrando Vida” y los destinados a los jóvenes quedaron muy cortos, nada que ver con las expectativas planteadas en decenas de mesas y reuniones para la afiliación de beneficiarios.

La realidad es que los apoyos no han fluido y de los 350 millones de pesos que se dispersarían ni siquiera hay evidencia de que hayan tocado a las comunidades más apartadas y marginadas, como las 17 de las que salieron indígenas a protestar.

Por ello es que pretenden revivir la protesta y se quieren  dirigir otra vez a la ciudad de Chihuahua y hasta la región de Juárez. Han planeado la “toma pacífica” de los puentes internacionales como una alternativa de presión al Gobierno federal.

Los indígenas de varios municipios de la zona serrana estarán siendo convocados desde esta semana hasta los primeros días de octubre, para que se vayan trasladando hasta Juárez para hacer más grande la manifestación.

La realidad es que hasta ahora no les ha alcanzado la mano para llegar a Juárez, sus patrocinadores son pocos y no han cumplido. Loera lo sabe y sigue trabajando con quienes sí son afines al proyecto de la cuarta transformación.