Desmitificación de los abusadores

Las recientes noticias sobre agresiones sexuales permiten desmentir uno de los mitos en torno a la violencia sexual

Cecilia Ester Castañeda
Escritora
jueves, 14 febrero 2019 | 06:00

Las recientes noticias sobre acusaciones de agresiones sexuales que involucran a hombres prestigiados permiten desmentir uno de los mitos en torno a la violencia sexual: porque ni las buenas obras, la relevancia o la experiencia evitan necesariamente que alguien la perpetre.

De los casos surgidos a nivel mundial en todos los ámbitos a partir del movimiento #YoTambién llaman mi atención dos recién dados a conocer.

El más importante en América Latina ha sido el del ganador del Premio Nóbel de la Paz, Óscar Arias, dice el New York Times. Contra el expresidente de Costa Rica penden acusaciones formales de abuso sexual presentadas por dos mujeres y versiones similares de siete más. A nivel local, al sacerdote Aristeo Baca, de 76 años, se le han levantado cargos por violación agravada de una menor.

Teniendo en cuenta que los casos de Arias y Baca se decidirán en los juzgados, cabe preguntar la posibilidad de que figuras tan reconocidas como ellos hayan cometido ese tipo de delitos. ¿Pudo haberse propasado con las mujeres un estadista mediador en conflictos internacionales, hoy de 78 años, dos veces electo presidente de su país? ¿Es posible que quien por décadas ha sido el rostro de las obras sociales de la Iglesia Católica en Ciudad Juárez —y director de una guardería— haya abusado con regularidad de una niña desde que ella tenía menos de 10 años?

No hay forma de saberlo sin conocer más datos sobre estos casos en particular. Sin embargo, lamentablemente con demasiada frecuencia en situaciones similares están presentes factores propiciadores de los delitos sexuales.   

Uno de ellos es la impunidad. A nivel general, en México no se castigan la inmensa mayoría de los delitos de cualquier tipo. En los de naturaleza sexual, además, la estigmatización, el miedo a represalias y la solapación aumentan el número que ni siquiera se denuncian. Y si se denuncian se topan con falta de personal preparado para atender los delitos de género. De acuerdo con la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, la deficiencia en los sistemas penales y de salud mexicanos complica aun más la sanción de los abusos sexuales. 

Una cultura no privativa de nuestro país, desde luego, incide asimismo en los delitos de este tipo. La cosificación de la mujer, su generalizado sometimiento a un segundo plano después del hombre, la percepción de que está para complacerlo…. son todas ideas que se interponen en el respeto merecido por otro ser humano. 

La sexualización de niñas y mujeres, por ejemplo, las estereotipa. Muchas variables invitan a considerar mero objeto a las personas que son mujeres y limitan la relación hombre-mujer a un nivel sexual. Pero es una relación donde se ignoran los derechos e incluso la naturaleza de la sexualidad femenina, con alto grado de desinformación sobre temas como el consentimiento. No es de extrañar que la gran mayoría de las víctimas de los delitos de este tipo sean mujeres. 

Luego está la falta de cuestionamiento de las figuras representativas de la autoridad. Poner en duda su comportamiento o sus decisiones es algo mal visto en una sociedad conservadora de obediencia a ciegas. Ya sea por sus actos o por su poder institucional, se considera que las personas encumbradas señalan el camino a los demás. Atribuirles perfección moral requiere menos esfuerzo ciudadano que exigirles rendición de cuentas. Eso da pie a la idolatría. 

En cuanto al poder, señala el New York Times, en América Latina el caso Arias ha arrojado luz sobre las barreras políticas y sociales que enfrentan las mujeres para demandar a un hombre poderoso en una región donde el poder es masculino. Si a eso se añade la cultura de secretismo…

Pero tal vez el poder sumado a la escasa fiscalización también influya para que líderes relacionados con la defensa de grupos vulnerables adopten conductas indebidas. Aquí podría entrar en juego la compartimentalización, el mecanismo de defensa mediante el cual se separan mentalmente los aspectos en conflicto de la personalidad, y la adopción de rígidos esquemas de poder que bloquean los sistemas de autocontrol. 

¿Cómo justificaba el doctor Jekyll a su temible álter ego Mr. Hyde? No he leído la novela de Stevenson. Sólo sé que para combatir los delitos sexuales, poner un alto al silencio es el primer paso.