Opinión

Derecho al raciocinio

Nuestros antecesores nos han dado el regalo de la democracia, y con orgullo y responsabilidad debemos ejercerlo

Erasto L. López
Académico

jueves, 03 junio 2021 | 06:00

Las campañas electorales han terminado, y un período de gracia para todos los ciudadanos ha comenzado. Este tiempo debe ser utilizado para razonar de qué manera se ejercerá el voto. Acudir a votar no es cosa de un solo día, ya que la decisión que se tome en las urnas tendrá efectos a futuro, por lo menos de tres a seis años. 

Sin duda alguna esta campaña electoral, tanto estatal como municipal, estuvo por demás polarizada, al grado de observar severos fanatismos, evidenciando a extremistas que, de manera errónea, consideraban que señalar, cuestionar o criticar a un candidato, inmediatamente te convertía en seguidor de otro. Nada más alejado de la realidad, puesto que, cuestionar, señalar y criticar son formas de generar conocimiento, al menos así lo predicaban Sócrates, Immanuel Kant, entre otros. 

La experiencia nos dice, que en período electoral hay dos tipos de razonamiento: 1) el que es aplicado por aquellos que ya tienen su voto comprometido con algún candidato o partido político, pues de algún modo participaron de forma directa en las campañas electorales y esperan que esa participación rinda frutos con la victoria de un candidato en particular. Es de saberse que para la mayoría de estas personas el apoyo viene acompañado con la intención de obtener algún tipo de beneficio personal; 2) el que es aplicado por aquellos que, como es mi caso específico, no cuentan con alguna afiliación o afinidad partidista. Aquellos donde el voto aún sigue siendo libre y secreto, y que la forma de ejercerlo dependerá del impacto que cada candidato haya impreso en el consciente de la persona. Con base a lo anterior, se puede discernir que, para los primeros, el raciocinio del voto funciona diferente, pues a ellos los impulsa un bienestar particular antes que el bien común. Para los segundos, aquellos que su voto no se encuentra comprometido de ninguna manera, el voto debe ser doblemente razonado, pues al no obtener un beneficio particular, este debe partir del entendimiento del bien común. 

Los ciudadanos que aún tienen la libertad de elegir deben ser el mayor llamado a hacer uso del derecho de raciocinio, meditar sobre la trayectoria de los candidatos, evaluar las propuestas, y sobre todo analizar cuáles son viables de cumplir. Nuestros antecesores nos han dado el regalo de la democracia, y con orgullo y responsabilidad debemos ejercerlo. Pero, antes que nada, convenimos partir de saber que, ejercer la democracia no se agota con el hecho de ir a las urnas el día de las elecciones y depositar nuestro voto, sino que esto conlleva un proceso racional de análisis y decisión y, posterior a ello, de cuestionamiento y contante vigilancia para aquellos que resulten electos. 

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