Opinión

Densificación sustentable y habitable

Unos más, otros menos, todos tenemos conciencia de los estragos que el crecimiento disperso acarreó a nuestra ciudad en términos sociales, territoriales, ambientales y hasta económicos que han venido en aumento desde 2001 a la fecha

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 13 octubre 2021 | 06:00

Unos más, otros menos, todos tenemos conciencia de los estragos que el crecimiento disperso acarreó a nuestra ciudad en términos sociales, territoriales, ambientales y hasta económicos que han venido en aumento desde 2001 a la fecha, a pesar de los esfuerzos y recursos que tanto el gobierno como organizaciones de la sociedad civil han destinado para resarcir los daños causados por esta época gris y opaca del desarrollo urbano de Ciudad Juárez: el aislamiento y exclusión a la que se sometió a cientos de miles de juarenses, aunados a la inseguridad y la baja calidad material y espacial de las viviendas y el entorno, limitan su valor de uso y ponen en tela de juicio su valor patrimonial. En términos territoriales se han demostrado sus deficiencias por el uso ineficiente del suelo, mientras que en lo referente a la sustentabilidad los proyectos y sistemas constructivos empleados han incrementado la desertificación. Igual de importantes son los impactos en la economía no solo de los propietarios de tales inmuebles, sino también en términos urbanos por las grandes extensiones reservadas para fines especulativos que finalmente son una carga para el erario municipal, y por el suelo desperdiciado en tanta vivienda abandonada e invadida, esta última con una gran problemática por enfrentar cuando se llegue el momento de regularizarla.

Por estas y otras tantas razones se alude al paradigma de la ciudad compacta como un modelo a seguir para remediar tales atrocidades y de la densificación como un medio para conseguirlo; de hecho, algunos han puesto en un pedestal al crecimiento vertical a manera de una luz milagrosa que vendrá a solucionar todos nuestros problemas. Cosa tan cuestionable como irreal que debemos tomar con cautela.

Es tan importante y oportuno este tema que por ello fue tan significativo tener la oportunidad de presentar el libro “Densificación sustentable y habitable”, cuya autoría se debe a la Dra. Marisol Rodríguez Sosa y al Dr. Erick Sánchez Flores, apoyados por el Mtro. Gabriel García Moreno y un grupo de estudiantes de las carreras de Arquitectura y de Diseño Urbano y del Paisaje. ¡Qué libro!

Tiene la gran virtud de no quedarse en el diagnóstico e ir más allá, es decir, dice el qué debe hacerse y nos muestra cómo hacerlo, cosa a lo que pocos se atreven. 

Lo primero que advierten es que establecer una densidad ideal para las ciudades a manera de recetita para todos es un gran error: para cada ciudad hay un rango específico que se relaciona estrechamente con el medio físico y la cultura. Para muestra un botón: en España se considera como rango de densidad de población “equilibrado” entre 220 a 350 habitantes por hectárea, cuando en México solo se logra alcanzar en Netzahualcóyotl, CDMX, que no es precisamente un ejemplo de sustentabilidad ni habitabilidad. Para tener una idea, la densidad poblacional para Ciudad Juárez, baja, es de 36.3 hab/ha, mientras que para Tijuana 66.1 la Ciudad de México 83.98 hab/ha y, ambas media-baja.

Lo que sí es posible, y además lo demuestran, es que hay una manera de establecer la densidad idónea para cada ciudad en predios disponibles considerando cuatro dimensiones: Medio Ambiente, con indicadores como zonas inundables, pendientes, cuerpos de agua; Economía, dentro de la cual se considera el valor del suelo y cercanía a comercio y empleos, entre otros; Equidad, entre cuyos indicadores destacan las zonas de pobreza y dotación de equipamientos y, por último; Habitabilidad, dentro de la cual se incluye la accesibilidad al transporte público, parques, jardines y centros de barrio. Con base en ello se dan a la tarea de buscar suelos aptos para la densificación cambiando el paradigma actual de establecer como ideal el más barato -que condena a la pobreza crónica a quienes habrán de ocuparlo- sino aquel que sume más cualidades, principalmente en cuanto a equidad y habitabilidad se refiere.

Obvio: en la periferia hay suelo vacante, pero ¿es habitable? ¿Es sustentable?

En sus páginas encontramos la manera de determinar la mezcla de usos que hacen viable la inclusión de la vivienda social en predios intraurbanos. También se evalúan conjuntos de vivienda vertical locales; entre sus resultados se hace evidente lo increíble: se destina más suelo para autos que a áreas habitables. 

Imposible agotar en estas pocas líneas la riqueza de este libro de ágil lectura que, por cierto, surgió de una investigación financiada por Conacyt. Para todos los interesados en temas de la ciudad y más aún, los involucrados en la planeación y desarrollo urbano, la lectura de esta obra es obligada. ¡La disfrutarán!

Notas de Interés

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