Opinión

Del sismo al magnicidio

Ubicado en el Caribe, al suroeste de Cuba, Haití es parte de una isla que comparte con República Dominicana

Yuriria Sierra
Analista

viernes, 09 julio 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Ubicado en el Caribe, al suroeste de Cuba, Haití es parte de una isla que comparte con República Dominicana. Está considerado, además, como el país más pobre de América Latina y uno de los más pobres del mundo: se ubica en el lugar 169 de 189 que revisa el Banco Mundial. Dimensionamos: seis de cada diez de sus más de 11 millones de habitantes viven en condiciones de pobreza. En 35 años, el país ha tenido 20 presidentes. Todos llegaron al poder entre golpes de Estado, acusaciones de fraude y corrupción, luego de una dictadura de más de tres décadas y que fue derrocada en 1986. El último mandatario, Jovenel Moïse, fue elegido en 2017. Su llegada a la presidencia también estuvo plagada de cuestionamientos y protestas. En los comicios apenas participaron 600 mil votantes, menos del 6% de su población. La oposición lo consideró desde entonces un dictador. A inicios de este año pidieron su dimisión. Él respondió que se iría hasta 2022, además, ante la petición de un gobierno interino, anunció reformas a la Constitución para permitir la reelección.

Las últimas décadas, en Haití se han vivido entre varias crisis, a la política se le suman las de salud, seguridad y, claro, la económica. Haití no ha aplicado una sola dosis de vacuna contra Covid-19, incluso rechazó vacunas de AstraZeneca ofrecidas por la iniciativa COVAX, argumentando el temor de la población a los efectos secundarios reportados en varias partes del mundo. Esto, a pesar de tener un sistema de salud colapsado y que debió enfrentar la pandemia del coronavirus como pudo; el saldo: al momento, 19 mil 107 contagios y 462 muertos.

Respecto a la violencia, Moïse solicitó ayuda internacional para combatir la inseguridad. Tan sólo el mes pasado reportó más de 150 asesinatos y 200 secuestros. Ante este panorama, miles de personas han migrado, principalmente a Puerto Rico. Aunque, en los últimos años, la presencia de ciudadanos haitianos ha crecido en otras partes de Latinoamérica. En Tijuana, por ejemplo, han llegado cientos, porque a las crisis sociopolíticas se han sumado las catástrofes naturales que el país ha padecido por su ubicación geográfica. Hace cinco años, el huracán Matthew dejó más de 500 muertos y daños por más de 2 mil 700 millones de dólares. En 2010, un sismo de 7 grados de magnitud provocó la muerte de 300 mil personas y dejó a un millón y medio de habitantes sin hogar. El terremoto hizo colapsar la Casa de Gobierno, en Puerto Príncipe, la imagen le dio la vuelta al mundo como una metáfora dolorosa de las situaciones que atraviesa la nación caribeña.

Ahora un magnicidio. El presidente cuestionado por la forma en cómo llegó al poder fue asesinado a sangre fría dentro de su propia casa y mientras dormía. Su esposa resultó herida. En la primera información difundida, según su embajador en EU, un comando habría fingido ser de agentes de la DEA. Sin precisar cuántos, la tarde del miércoles adelantó el viceministro de Comunicaciones que habían sido detenidos los “presuntos asesinos”.

Una crisis tras otra y que se encuentra con el homicidio de un mandatario. Si la vulnerabilidad hizo que uno de los primeros países de América Latina en lograr su independencia se convirtiera en tierra fértil para convulsión sociopolítica, ¿qué podemos esperar ahora para Haití?

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