Opinión

Del pin parental a la filosofía

Hace algunas semanas se celebraron mesas de análisis donde se discutía una propuesta legislativa para establecer el pin parental en nivel estatal

Jorge Breceda
Analista

sábado, 03 octubre 2020 | 06:00

Hace algunas semanas se celebraron mesas de análisis donde se discutía una propuesta legislativa para establecer el pin parental en nivel estatal. El argumento esgrimido es que si algo ha permitido la postmodernidad es la eliminación de dogmas, axiomas, aforismas o premisas que no permitan ser refutadas, no importando la génesis de la idea: legal, teológica o científica.  

En este sentido, hacer filosofía es la herramienta perfecta para preguntarse sobre la vida, sobre el otro y de sí mismo y son la niñez y la adolescencia las etapas ideales para construir filosofía, lo anterior, porque en ese período de vida es en la cual el ser humano “no dar por hecho nada”, es decir, se cuestiona todo, hasta lo que para los adultos es obvio.  

No se debe de poner en duda que hacer que la niñez y la adolescencia realicen gimnasia intelectual llevará a un puerto lleno de valor individual y colectivo, este ejercicio mental deberá de componerse de una idea cercana al pensamiento de Sócrates, siendo: Hacerse preguntas es mas importante que conocer las respuestas, y cuando se tengan las respuestas: cambiar las preguntas. 

Porqué no pensar que en sexto, cuarto o tercero de primaria, Santiago, Sebastián e Isabella se preguntarán y responderán las siguientes: ¿Qué es la felicidad y la justicia? ¿Qué me hace feliz? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es la amistad? ¿Cuál es la importancia del arte? ¿La educación formal es importante? ¿Qué es el mal y sus formas de representación? ¿Qué es el aprendizaje y cómo aprendo? Y más particulares: ¿Qué representa la masculinidad y la feminidad? ¿Por qué vienen migrantes, quienes son? 

La función de cuestionarse en esta etapa permitirá resolver los grandes temas que en este momento se encuentran en los jóvenes y adultos, mismos que pudieron ser resueltos desde etapas tempranas. 

Un problema que no se habla abiertamente en nuestra sociedad es la ideación suicida y propiamente el suicidio, sin embargo, las referencias y estadística en México son abrumantes, ¿cómo tratar el tópico desde la filosofía? Pues ahora, pregúntese ¿qué le diría a alguien que quiere suicidarse? 

Se tendría que hablar del valor de la vida o de la programación de esta, para fundamentar el primero, se podrá recurrir al pensamiento existencialista y para el segundo, la corriente estoica. En este sentido, Frank menciona que en el Nacismo “no se salvaron los mas fuertes o los mas buenos, sino los que más querían vivir”, en este sentido, Nietzsche dirá: “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.

Es una obviedad que en nuestra región en los últimos meses se ha planteado la doctrina sobre el feminismo, a lo cual existe una serie de contraposición que exige la eliminación de su postura radical, ¿qué reflexionar en la infancia para comprender a la mujer y el entorno? 

No dudo que las preguntas pudieran basarse en la locución de Orwell: “la historia es de los vencedores”, la frase es evidentemente horrible, no solo por la evidente invisibilidad de los subyugados, sino porque las mujeres parecería que nunca ganaron, en este sentido, se pueden observar doblemente vencidas. Esto posibilita a cuestionar: ¿Quiénes son los vencedores? ¿Existen vencedoras? ¿Por qué no existen mayor numero de mujeres protagonistas en la historia?

Otra problemática que se observa en nuestra sociedad es la violencia derivada de relaciones tóxicas, imagine usted que su pareja le exige tener acceso a sus redes sociales, tal situación, según Stuart Mill va en contra de la felicidad del individuo, ya que al igual que una sociedad, los integrantes de una pareja necesitan la máxima libertad, este elemento es sustancial para ser feliz.

En concatenación, Hegel planteará la metáfora “dialéctica del amo y el esclavo”, esta siendo la constante necesidad humana de buscar reconocimiento pero no de cualquiera sino de alguien que le parezca digno de someter.

Utilizando a dos filósofos adicionales, es en Levinas y Buber los que pensaron en la otredad, planteamiento basado en el esfuerzo que hacen las personas para comprender al otro -reconocido- y con ello generar el control sobre el sujeto, las preguntas que pudieran surgir son: ¿Por qué tratamos al otro con la intención de dominación? ¿Al eliminar la libertad del otro, se aniquila la personalidad?

Ahora bien, hacer filosofía puede ser el utensilio para comprender ideas, imagine que en la materia de civismo o estado de derecho se habla del pensamiento de Sócrates en comparación a la idea metaética de Trasímaco, este último dirá algo como “la ley esta hecha por los poderosos por ello no hay que seguirla”, el primero le contestaría que el no comportarse correctamente no solo se daña la dignidad individual, sino la colectiva, la pregunta es: ¿Qué es la dignidad que se lastima al ir en contra de las reglas sociales?

En conclusión, ni el estado, ni los docentes deberán de establecer pulpitos de tautología, es decir, la repetición de paradigmas que se deben aceptar sin el menor reparo, es mejor permitir la reflexión, la abstracción y la construcción el pensamiento, ¿cómo? Haciendo filosofía -no enseñándola-, planteando problemas y no soluciones, dejemos de dar conocimiento y mejor hagamos reflexionar a nuestros niños, nuestra niñas y adolescentes, permitirles: pensar la vida.