Opinión
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De repente todos salieron ganadores

Sorprendentemente Loera mimetizó su discurso con idéntico guión al usado por Javier Corral. Duarte, Duarte, Duarte, fue el estribillo, sin colocar primero su oferta de gobierno ante los electores

LA COLUMNA
de El Diario

lunes, 07 junio 2021 | 06:00

• De repente todos salieron ganadores

• La pésima idea de aliarse con Javier Corral

• Mensaje a policías: primero el ocio, nunca el deber

• Sigue en aprietos el INE con las mujeres

Los números aun oficiales parecían claros anoche sobre las tendencias electorales entre los principales competidores por la gubernatura y las alcaldías de Juárez y Chihuahua.

Juan Carlos Loera se declaró ganador pero las cifras aparecieron favoreciendo casi por dos dígitos a la panista Maru Campos Galván; Javier González Mocken y hasta “El Güero” Martínez, del PAN y MC, respectivamente, se declararon ganadores por la alcaldía pero el morenista Cruz Pérez Cuéllar los aventajó considerablemente, mucho más al naranja, quien sorprendió con su anuncio de triunfador sin más del 10 por ciento que lo respaldara.

En el municipio de Chihuahua fue más discreto el morenista, expriista, Marco Quezada. Dijo que le fue bien pero aguardaría la contabilidad formal para definir una posición. Apareció con números bastante altos y ganador el panista Marco Bonilla, del equipo de Maru Campos.

Fue más que sintomática la reacción del equipo loerista por ahí de las nueve de la noche. Advirtió que denunciaría a la candidata panista por rebasar bastante los topes de campaña. Rostros sombríos.

Ya veremos de qué se trata.

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Sin duda el mayor análisis en los próximos días será acaparado por un factor insólito y esencial que pudo convertir en gobernadora a Maru Campos Galván –de ser confirmado el triunfo– bajo las mismas siglas, del PAN, a las que pertenece el catalogado como el peor gobernador de la República Mexicana, Javier Corral Jurado, motejado socialmente como “El Güevornador”.

Suplió justamente Campos la función de auténtica opositora contra Corral que, en estricto sentido común, debieron haber enarbolado sus contrincantes por el mismo cargo, en especial quien tenía la responsabilidad de sostener el liderazgo de Morena logrado en el 2018, Juan Carlos Loera de la Rosa.

Efectivamente fue Maru su contrincante en la campaña electoral, y la trató como tal, pero descargó la inclemencia en su contra nunca por el desempeño durante cinco años como alcaldesa de Chihuahua sino por los nexos con el exgobernador César Duarte.

Sorprendentemente Loera mimetizó su discurso con idéntico guion al usado por Javier Corral. Duarte, Duarte, Duarte, fue el estribillo, sin colocar primero su oferta de gobierno ante los electores, y particularmente, sin desplegar los resultados de la Cuarta Transformación sobre grandes porciones del territorio chihuahuense.

El trabajo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en Chihuahua no lució en el discurso de su candidato a la gubernatura. Fue utilizada algo de fraseología y hasta gestos y ademanes del presidente pero sofocados por los otros datos, los otros temas, los prioritarios de Corral Jurado.

Es también una ironía hablar de la gota que derramó el vaso. El conflicto por el agua en la región centro-sur del estado que implica la inapreciable cantidad de 250 mil votos, fueron a parar casi todos a la estadística en favor de Maru y sus candidatos afines. Corral prendió la mecha junto con la Federación pero luego salió corriendo y los dejó con una papa caliente que duró completita la campaña electoral.

En el idealismo de negociaciones imposibles de resultados positivos como la pretendida con el gobernador, Morena pudo detenerse con toda facilidad, con toda tranquilidad, en los números electorales precisamente del 2018 y haber afinado la puntería contra el gobernador.

Fue Javier Corral el gran derrotado de aquella elección; no tenía, entonces, ningún plus qué ofrecer; al contrario, su ineptitud y sus corruptelas serían carga para cualquier aliado, como ha ocurrido.

Habrá muchísima discusión, controversia por puños. Apelará seguramente Juan Carlos a su justo derecho de la impugnación ante los órganos jurisdiccionales correspondientes.

Es el derecho del pataleo y de los manotazos pero los números oficiales andaban muy perfilados en favor de la panista ya para las diez de la noche. Podrá presentarse nuevo escenario tras esas impugnaciones; sin embargo, ha quedado establecida la capacidad de Campos para maniobrar a su favor aun en las condiciones más adversas.

Logró colocarse al tú por tú frente a un Juan Carlos enjundioso, entusiasta y apoyado por toda la máquina partidaria y de gobierno pero con errores estratégicos que le estarían costando nada menos que la gubernatura.

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Pretextos no les faltan a los mandos de seguridad en el estado. Siguen fielmente el ejemplo de su jefe el gobernador Javier Corral.

Dejaron para después los honores de despedida al comandante de la Agencia Estatal de Investigación de Ojinaga, Andrés Lara Luna, brutalmente asesinado y calcinado el jueves pasado, en una supuesta venganza de un grupo criminal al que semanas antes se le había dado un fuerte golpe.

El viernes se planeaban sus funerales para el sábado, pero mejor se pospusieron hasta el lunes, ni modo que en día inhábil fueran a hacer una excepción como no han hecho en cinco años. Decenas de ocasiones han actuado igual, indolentes ante la tragedia.

La excusa ahora fue el proceso electoral. Más que justificación fue puro pretexto; seguramente así lo vio su familia, a la que nada le ha de importar quién gane o pierda en la eterna lucha por el poder público. Fueron sólo sus familiares quienes ayer lo velaron en una funeraria de la capital.

Pasó exactamente lo mismo –sin jornada electoral en medio– con el otro comandante, Luis Raúl Tarango Chavira, ejecutado la tarde del viernes siete de mayo en Parral. Sus honores también se retrasaron días, al capricho de los funcionarios corralistas.

Ni qué decir de los cuatro agentes de la Comisión Estatal de Seguridad caídos en una emboscada entre Temósachic y Madera, que dejó además heridos a otros 12 elementos, cuya atención médica fue de lo más precaria.

Como a ellos se les ocurrió morir en pleno período vacacional de abril del secretario de Seguridad Pública, Emilio García Ruiz y de Corral, sus funerales primero fueron ignorados y luego se despidieron con honores muchos días después.

El mandatario estatal –en una estrategia política y mercadológica que busca deslindarlo cuando le conviene de la seguridad y de la procuración de justicia– ni por error ha ido a despedir a sus agentes caídos.

Con su actitud no ha parado de mandar un grave mensaje a los policías: primero el ocio, nunca el deber... esta vez parece que no será la excepción, en su agenda no se contemplaba acudir a la despedida hoy de Lara Luna.

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Deberá seguirse con lupa el proceso para la elección de la nueva consejera presidenta del Instituto Estatal Electoral (IEE), que habrá de culminar en el mes de octubre.

Tras la sentencia que destituyó a Víctor Yuri Zapata Leos hace unas semanas, el Instituto Nacional Electoral determinó reponer todo el procedimiento y no elegir a un nuevo presidente del organismo local de entre las personas que habían concursado en el anterior.

Pero hay voces, sobre todo de mujeres, que interpretaron la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación como una instrucción de seleccionar a una mujer a la brevedad, preferentemente de las que ya habían participado.

Ahí es donde se abre de nuevo una posible impugnación sobre la decisión del INE por parte de Érika Torres, quien fue la promotora del recurso que le quitó la designación a Zapata Leos a los pocos días de comenzar a despachar como consejero presidente.

Por eso es que no se le deben despegar los ojos al procedimiento del INE, que en los siguientes días podría ser revisado por el mismo tribunal federal.

Es cierto que la convocatoria está dirigida a mujeres, pero en vez de hacerse un proceso largo otra vez, podría limitarse a concursar el cargo entre las finalistas que ya estaban; políticamente, desde luego, el INE no quiere a una rebelde como Torres en la final, pero eso podría revisarse a nivel jurisdiccional.