Opinión

¿De qué se ríen?, ¿por qué aplauden?

El discurso del presidente López Obrador es indescifrable

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 12 enero 2020 | 06:00

El discurso del presidente López Obrador es indescifrable. Se pueden especular respuestas, pero en realidad vino a Juárez y no dijo nada. Pero cada quien, de acuerdo con sus intereses, le da una lectura diferente a lo que dice AMLO.

Cuando un mandatario habla –más en el caso de López Obrador–, no se puede entender lo que dice textualmente, ni se puede separar del contexto –de lo que está pasando dentro o fuera del país–. Eso provoca mayor complejidad a la hora de escuchar el discurso de un presidente.

Lecturas simples, sublecturas o sobreinterpretaciones, son el ruido que produce el presidente –sobre todo en redes sociales-, y que usa como táctica para distraer la atención de lo importante. Así, intenta resolver con palabras huecas lo que no ha podido responder en los hechos.

A su llegada a Ciudad Juárez, López Obrador posicionó un primer tema distractor, habló sobre el caso del exgobernador César Duarte. Su respuesta fue reproducida en todos los medios nacionales, dijo: “sí procede la extradición, (cuándo) eso ya no lo sabemos… esa información que tiene que ver con el Departamento de Estado y con la Secretaría de Relaciones Exteriores”, esto después de explicar que el procedimiento se repuso porque estuvo mal planteado por la PGR en el sexenio anterior.

Para los corralistas, esto se interpretó como una cortesía con el gobernador Javier Corral y un espaldarazo a la –supuesta– guerra contra la corrupción que anunció hace tres años y que tiene como objetivo principal el encarcelamiento de César Duarte.

Sin embargo, en realidad no dijo nada que no haya dicho antes, estas declaraciones las hizo el canciller Marcelo Ebrard durante la conferencia mañanera del 14 de agosto de 2019, en el sentido de que había avances sobre la extradición y después el mismo AMLO lo volvió a mencionar el 24 de septiembre pasado, en cuanto a que estuvo mal fundamentada la solicitud y que la habían corregido.

Entonces, lo que vino a decir el 10 de enero de 2020 en Ciudad Juárez sobre el caso Duarte, no es más que un refrito de las últimas declaraciones. Nada nuevo. Pero la declaración no es un accidente, al contrario, AMLO es un experto en la manipulación de la opinión pública y deseaba hablar de Duarte. Por el contrario, cuando no ha querido hablar de un tema lo dice sin cortapisas o cambia de tema a su antojo, entonces ¿por qué repetir la información del exgobernador?

Antes de dar una respuesta apresurada sobre el contexto local, habría que pensar en un factor que se presentó en la prensa nacional el pasado 6 de enero, cuando Raymundo Riva Palacio, en su reconocida columna, afirmó que César Duarte está vinculando a Peña Nieto con los Zetas. La versión del columnista también fue un campanazo a nivel nacional, porque además sugiere que Duarte ya está en proceso en EU y ofrece información estratégica a los gringos para no pisar suelo mexicano.

Entonces, la respuesta de AMLO en Ciudad Juárez tiene al menos tres barandas, como buen jugador de billar, el presidente toca base con el gobernador para correrle la atención y que –con la simple mención de Duarte–, mantenga viva la esperanza de encarcelar a su antecesor; por otro lado, desmiente la versión de Riva Palacio y lanza un salvavidas temporal a Peña Nieto y, no menos importante, distrae de nuevo la opinión pública nacional y los lleva al terreno que le favorece, el de la ambigüedad, porque así no le preguntan por los fracasos en la seguridad y la economía de Ciudad Juárez.

AMLO se niega a reconocer en público que César Duarte es un perseguido político (aunque a Javier Duarte de Veracruz lo llamó chivo expiatorio), pero la presidenta de Morena, su operadora política, Yeidckol Polevnsky, no ha tenido empacho en decir que Javier Corral tiene presos políticos, en referencia a Alejandro Gutiérrez “La Coneja”, quien es la pieza clave de los Expedientes X, por ser un operador político de Manlio Fabio Beltrones quien, por cierto, es amigo cercano del senador Ricardo Monreal, quien inclusive lo defendió en la columna que escribe para el Diario Milenio, en de enero de 2018.

No, AMLO no es amigo de Corral ni es enemigo de Duarte, no tiene interés en este pleito político, la mención que hizo es el simple pragmatismo de usar el nombre del exgobernador como tónica para no hablar de lo importante.

El otro gran tema que AMLO abordó en Juárez fue la minera “Gloria” de Samalayuca, esto a sabiendas de que no podía evadir el problema, pero sí logró evadir la respuesta. En el evento en el gimnasio de Bachilleres (donde por cierto abuchearon al gobernador Corral), estuvo marcado por las consignas de manifestantes en contra de la operación de la mina y la respuesta de López Obrador fue “no se hará nada contra la voluntad del pueblo” y ordenó que la secretaria de Economía, Graciela Márquez, se quedara a dialogar con los manifestantes. La lectura de algunos medios –y de los más ingenuos– fue que se cancela la mina, lo que es completamente falso.

Astuto, como es AMLO, no respondió nada. La mina va adelante, lo que dijo el presidente no significa la cancelación, a lo sumo significa revisión, negociación en el mejor de los casos, pero no se trata de una respuesta rotunda. Los más crédulos lo interpretaron como un compromiso, los románticos como una misión cumplida. Pero el presidente jugó con sus sentimientos.

Esta declaración no se pude desprender de otro tema que está en la opinión pública nacional, se trata del Tren Maya, el mismo presidente López Obrador, durante la gira por el Estado de México, el 5 de enero pasado dijo: “¿Por qué no se opusieron a los gobiernos neoliberales cuando entregaron 90 millones de hectáreas para la explotación minera? Los que ahora se oponen al Tren Maya no dijeron nada, absolutamente nada”.

Unos días después, AMLO se encuentra con los opositores a la mina de Samalayuca y su respuesta es tímida –si la comparamos con la defensa del Tren Maya–. Los dos casos tienen un dilema bioético, se trata de la contaminación al medio ambiente. En el caso del Tren Maya son grupos ambientalistas (y el EZLN) quienes se han opuesto.

¿El Tren Maya no contamina pero la mina en Samalayuca sí? AMLO prefirió contestar con otra respuesta “no se hará nada contra la voluntad del pueblo”, en el caso del Tren Maya la coluntado del pueblo dijo adelante en la polémica consulta ¿aquí en Samalayuca qué pasará? En unos meses más sabremos de qué está hecha la palabra del presidente –pero si lo medimos con las promesas incumplidas, ya sabemos que es de oropel–.

En resumen, sobre los dos temas que abordó, el primero –el caso Duarte–, evidentemente fue un distractor de los temas importantes, el presidente evadió hablar sobre el fracaso de su plan de seguridad en Ciudad Juárez y de la violencia que está desbordada; con las maquilas, faltó que diera una respuesta al fracaso en la reducción del ISR y del poco o nulo impacto del aumento en el salario mínimo en la frontera; en el tema de bienestar, faltó que hablara sobre los hospitales que no se han terminado; y si quiere hablar de baches, sería bueno mencionar que son 5 mil calles que faltan de pavimentar (según el IMIP) y que no hay dinero por la injusticia presupuestaria que tiene a Ciudad Juárez con un rezago de 40 años en infraestructura. Y, sobre el segundo tema, la mina de Samalayuca, le faltó ser más contundente en su respuesta, tan contundente como lo es con el Tren Maya que sí va a contaminar la selva en el sur del país y el que defiende con mucha pasión.

Como corolario, veo las fotos de la visita de AMLO y no logro comprender por qué le aplauden, ni de qué se ríen en los presídiums. A lo mejor les contaron un buen chiste a nuestros gobernantes.