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Opinión

De política y cosas peores | Un peligro para México

Las corporaciones policíacas encargadas de preservar la seguridad y el orden deben entonces estar formadas por civiles, y servir bajo el mando de un civil

Armando Fuentes
Escritor

sábado, 10 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- "Mi esposa tiene un documento que le permite decir sermones". Eso le comentó don Chinguetas al reverendo Rocko Fages, ministro religioso. "¿Qué clase de documento es ése?" -se interesó el pastor. Contestó don Chinguetas: "Se llama 'acta de matrimonio'". Aquella tienda de departamentos exhibía un gran surtido de tarjetas: para felicitar por el cumpleaños, para desear una pronta recuperación de la salud, etcétera. Una linda chica buscaba afanosamente entre ellas. El encargado le preguntó: "¿Qué clase de tarjeta busca?". Respondió la chica: "Una que diga: 'Perdóname por haber soltado la carcajada cuando anoche te vi por primera vez sin ropa'". En un país bien ordenado hay una clara separación entre lo militar y lo civil. Es bueno que esa separación exista, pues la mentalidad de un mílite es por completo diferente de la de un ciudadano. El militar está formado en la obediencia, la disciplina, el orden. El ciudadano, en cambio, finca sus acciones en la libertad, único medio en el cual puede desarrollar sus facultades y afirmar su personalidad individual. Así las cosas, la militarización de una sociedad entraña riesgos graves, y representa una amenaza para la libertad civil, para los derechos de la persona. Las corporaciones policíacas encargadas de preservar la seguridad y el orden deben entonces estar formadas por civiles, y servir bajo el mando de un civil. En circunstancias extraordinarias los ciudadanos, a través de sus autoridades y representantes, pueden solicitar el apoyo de los militares, pero sólo con el carácter de coadyuvantes, no de encargados permanentes de funciones que no les son asignadas por la Constitución. Ninguna añagaza abogadil puede ir contra el espíritu del constituyente, que marcó una expresa división entre  lo militar y lo civil. La creciente militarización de México entraña un peligro para México. En el caso de la Guardia Nacional no tendremos ya policías, sino soldados, cuyos eventuales abusos difícilmente podrán ser reprimidos por la autoridad civil. López Obrador, que condenaba acremente la utilización de la milicia para combatir al narco en tiempos de Felipe Calderón, aseguró que llevaría a los militares de vuelta a su cuartel. Cumplió su promesa: en adelante todo el territorio nacional será un cuartel. "Le permitiré pasar la noche en mi casa -le dijo el dueño de la granja al forastero cuyo auto se descompuso en un camino rural-, pero deberá prometerme que no intentará hacer nada con mi hija". "Señor mío -replicó el viajero con gesto de ofendida dignidad-. Ha de saber usted que pertenezco a la Cofradía de la Reverenciación. Nuestro estricto código moral nos impide faltar a los deberes que impone la caballerosidad".  Esa noche el huésped se retiró al aposento que le había sido designado por  su anfitrión. Apenas empezaba a conciliar el sueño cuando con pasos tácitos entró en el cuarto la bella hija del granjero cubierta sólo por una inconsútil bata de vaporosa tela que dejaba ver en la penumbra todos sus encantos. Sin decir palabra la joven apartó las sábanas del lecho y se tendió al lado del visitante. "¿Qué hace usted, señorita? -se sobresaltó el hombre-. ¡Salga de aquí inmediatamente! ¡No ponga en riesgo mi honor ni mi virtud! ¡Recuerde que soy miembro de la Cofradía de la Reverenciación!". Corrida y avergonzada la joven se retiró. Al día siguiente el granjero le contó en el almuerzo al visitante que iba a ir a devolver un toro que le había comprado a su vecino. "El animal no hace nada con las vacas -le explicó-. O tiene alguna falla o es muy pendejo". Añadió la muchacha: "O es miembro de la Cofradía de la Reverenciación". FIN.

    MIRADOR

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        Por Armando FUENTES AGUIRRE.

    Ahora que cae la lluvia se alarga la tertulia de la noche en la cocina de la casa del Potrero. La animan el borboteo de la olla en el fogón, promesa de un sabroso té de yerbanís, y las copitas del mezcal que de la Laguna de Sánchez trajo don Abundio. Cuenta el viejo:

    -Doña Pacita, la mamá de mi mujer, que de Dios goce -doña Pacita, no mi mujer-, caminaba encorvada casi hasta el suelo apoyándose en un bastón pequeñito que tenía. Un día llegó al rancho un brujo, y Rosa llevó con él a su mamá. Doña Pacita salió de ahí caminando erguida y derechita.

    -Increíble -me sorprendo-. ¿Qué le hizo el brujo?

    Responde don Abundio:

    -Le dio un bastón más grande.

    Todos reímos, menos doña Rosa. Dice enfurruñada:

    -Viejo hablador.

    Don Abundio forma una cruz con los dedos índice y pulgar, se la lleva a los labios y jura:

    -Por ésta.

    ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

Por AFA.

". División en el PRI.".

     Eso se mira muy mal.

    El PRI está muy dividido.

    Tal parece que el partido

    perdió lo institucional.

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