De política y cosas peores | Triunfar en la teoría es no triunfar

Llegó don Astasio a su casa y sorprendió a su mujer en apretado abrazo de concupiscencia con el vecino de al lado

Armando Fuentes
Escritor
sábado, 06 abril 2019 | 06:00

Ciudad de México.- Llegó don Astasio a su casa y sorprendió a su mujer en apretado abrazo de concupiscencia con el vecino de al lado. Colgó el mitrado marido su sombrero y procedió a sacar del cajón del chifonier la libreta donde apuntaba dicterios para recitárselos a su mujer en esos casos. De pie frente a los fornicarios, que ni por un instante suspendieron sus arremuescos, leyó con voz de tenedor de libros: "Zorra; mujer de cuatro letras; perdida; furcia; horizontal". "No seas desagradecido, Astasio -respondió con tono de reproche la señora sin perder el exacto compás-. Recuerda que el vecino te prestó la cortadora de césped"... Caderana, vedette de moda, visitó a su amiga Pecholina en su departameno. Pocos días antes Pecholina había cambiado su cama individual por una king size. Observó aquello Caderana y le dijo a su amiga: "Veo que ya ampliaste el negocio"... El doctor Duerf, célebre analista, le informó a la esposa de don Feblicio: "Su marido tiene doble personalidad". "No es cierto -respondió ella-. Si así fuera podría hacerlo dos veces, y a duras penas completa una"... El rudo minero relataba: "No había mujeres en aquella remota mina de la sierra. El pueblo más cercano estaba a 500 kilómetros. ¿Qué podía hacer yo en aquel destierro solitario? Tuve que echarme al vino". "Y ¿no te volviste alcohólico?" -se preocupó uno de los presentes. "No -respondió el hombre-. ¿Verdad que no, Albino?"... Uno era de Monterrey; el otro de Coahuila. Uno era hombre culto, refinado, gran orador, y meneaba bien la pluma; el otro, en cambio, era áspero, poco dado al trato cortesano -gustaba de ser llamado "el comanche"- y era terco más que una mula aragonesa. El regiomontano se llamaba fray Servando Teresa de Mier; el coahuilense Miguel Ramos Arizpe. Nacía la Nación mexicana y ellos propusieron puntos de vista diferentes para normar su formación: el Padre Mier abogó por el centralismo; el Chantre Ramos propuso el sistema federal. En ese debate Ramos Arizpe salió al fin triunfador, en teoría. Y triunfar en la teoría es no triunfar. Lo que importa es ganar en la realidad. Aquí obtuvo la victoria el Padre Mier. Porque México, que es -en teoría- una República Federal, vive ahora, con la 4T, bajo un centralismo similar al que privaba en tiempos de la dominación priista. El federalismo ha sido uno más de los mitos que han hecho de la vida pública mexicana una escenografía.. Los Estados "libres y soberanos" no son ni una cosa ni la otra; han vivido perpetuamente sometidos al gran poder central; los gobernadores eran en tiempos del PRI gerentes de sucursales dependientes todas de un solo director, el presidente de la República, cuya benevolencia necesitaban siempre. Ahora esa dependencia se ve con mayor fuerza aún. Debe desaparecer tal situación. Es menester que los Estados cobren conciencia de sí mismos como entidades soberanas y exijan de la Federación lo que requieren para subvenir a sus necesidades, pues ahora el rigor del nuevo régimen les ha recortado casi a todos sus recursos. El ejercicio de la democracia y una legislación fincada en lo que conviene al bien de la Nación serán base para que cobre vigencia plena -por primera vez- ese Federalismo que sigue siendo aún pura teoría... El guía de turismo neoyorquino le dijo a Babalucas: "Y éste es el rascacielos más alto de la ciudad". Preguntó el tontiloco: "Y¿a qué horas empieza a rascar?"... El cliente de la casa de mala nota se dirigió a la nueva pupila del establecimiento, que se veía muy joven y con cara de inocencia. "Y ¿sabes de estas cosas, muchacha?". Respondió ella: "Al revés y al derecho". Dijo entonces el visitante: "Muy bien. Empezaremos al derecho". (No le entendí)... FIN.