PUBLICIDAD

Opinión

De política y cosas peores | Las democracias y las dictaduras

El cuento que descorre hoy el telón de esta columna es en extremo sicalíptico

Armando Fuentes
Escritor

viernes, 13 mayo 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

Ciudad de México.– El cuento que descorre hoy el telón de esta columna es en extremo sicalíptico. Las personas que no gusten de leer cuentos en extremo sicalípticos pueden pedirle a alguien que se los lea. Don Feblicio y doña Gelia, esposos, reñían constantemente. En cierta ocasión su pelea alcanzó proporciones homéricas. Él le dijo a ella: “Cuando mueras voy a poner en tu lápida estas palabras: ‘Aquí yace Gelia, mi mujer, fría como siempre’. Replicó la señora: ‘Y si tú mueres antes, yo pondré esta inscripción sobre tu tumba: “Aquí yace Feblicio, mi esposo, tieso al fin’“. Un buen amigo mío tiene en Estados Unidos una hija. Fue ella a visitar a su esposo, oficial del ejército americano, asignado a una base militar en Alemania. Al tomar el vuelo hacia Berlín el empleado de la línea aérea le hizo una pregunta de rutina: “¿Trae usted consigo algo que alguien le pidió llevar?”. Respondió ella: “La mamá de mi esposo me dio un paquete para que se lo entregue en Alemania a su hijo”. Hizo una pausa el empleado y luego le preguntó: “¿Está usted en buenos términos con su suegra?”. Este playboy conoció en un antro a la chica más hermosa que jamás había visto. Le dijo: “Mi padre está muy enfermo. Seguramente en dos o tres semanas se irá de este mundo. Es viudo, y soy su único hijo. Heredaré una fortuna de 100 millones de dólares”. Impresionada por ese dato la muchacha aceptó ir con él a su casa. Ahora la chica más hermosa que el playboy jamás había visto es su madrastra. Las naciones del continente americano pueden ser divididas en dos grupos: las democracias y las dictaduras. México forma parte –todavía– del primer grupo. En virtud de la democracia López Obrador llegó al poder. Ahora, sin embargo, muestra simpatía por los países del segundo grupo, el de las dictaduras, y muchas de sus acciones dan la impresión de que pretende llevarnos a él. Su postura en el sentido de que no asistirá a la Cumbre de las Américas si Estados Unidos, el país anfitrión, no invita a Cuba, Nicaragua y Venezuela, lejos de ser una muestra de independencia es una demostración de intemperancia. Esa actitud nos presentará ante el mundo como una nación afín a las dictaduras, y pondrá una piedra más en el camino de nuestra relación con el país del norte, con el cual nos conviene, por más de un motivo, tener buena vecindad. Un desplante como ése de AMLO, a más de irrazonable y falto de fundamento diplomático y jurídico, es inane, o sea inútil, vano, fútil. No será visto como gesto de autonomía frente a la gran potencia, sino como aberrante demostración de apoyo a gobiernos dictatoriales que tienen aherrojados y sumidos en la miseria a sus respectivos pueblos. Sólo nos queda esperar que López Obrador no convierta a aquel funesto trío en un cuarteto. Aún le queda tiempo para consumar esa hazaña, como dijo cuando habló de lo hecho en Cuba. Taisia les contó a sus amigas: “Mi marido me llamó ‘pervertida’”. “¡Qué barbaridad! –se consternó una de ellas–. Y tú ¿qué hiciste?”. Respondió Taisia: “Me salí de la cama con mis cuatro amigos, nos vestimos y me fui con ellos”. Don Poseidón, granjero acomodado, le dijo con enojo al pretendiente de su hija, que le pedía la mano de la muchacha: “Usted se quiere casar con Glafira porque tiene dinero”. “Todo lo contrario, señor –opuso el galancete–. Me quiero casar con ella porque yo no lo tengo”. “¡Qué hombre tan feo ese que está allá! –exclamó una invitada a la fiesta de doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad–. ¡Ni aunque me pagara me acostaría con él!”. Le informó con tono ácido la anfitriona: “Es mi esposo”. “Ah, caray –se turbó la invitada–. Entonces sí me acostaría. Y gratis ¿eh? Gratis”. FIN.

MIRADOR

PUBLICIDAD

Por Armando FUENTES AGUIRRE

      Desde su retrato oval con vidrio cóncavo nos mira el coronel don Ignacio de la Peña y de la Peña, patriarca del Potrero.

      Mis nietos se asombran, porque si están del lado izquierdo de la fotografía el coronel los mira, y si están del lado derecho los mira también.

      Don Ignacio dejó su familia y sus tierras para ir a luchar contra el francés. Participó en ocho batallas; en seis de ellas recibió heridas de bala o sable. 

      Al triunfo de la República don Benito Juárez le ofreció una diputación.

      –Perdone usted, señor presidente –declinó él su ofrecimiento–. Yo sé de patria. De política no sé.

      Regresó al Potrero el coronel. Venía pobre: todo su dinero lo había gastado en la campaña. Su esposa le dio sus joyas para que las empeñara en el Saltillo y pudiera pagar el jornal de los labriegos. Cuando se dio la primera cosecha de maíz potrereño don Ignacio rescató las prendas y se las devolvió a su mujer con otras joyas que compró para ella en muestra de agradecimiento.

      Veo el retrato del coronel don Ignacio de la Peña y de la Peña y recuerdo la frase de aquel buen militar:

      –Yo sé de patria. De política no sé.  

         ¡Hasta mañana!... 

MANGANITAS

Por AFA

“. Bolivia se suma a la posición de López Obrador.”.

      Esa es la nota del día,

      y no me sorprende, a fe.

      Por eso recordaré

      aquello de “Dios los cría.”.

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search