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Opinión

De política y cosas peores | La austeridad, la sencillez y el decoro personal

'¿Qué se hizo el rey don Juan? Los infantes de Aragón ¿qué se hicieron?'

Armando Fuentes
Escritor

viernes, 16 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México– “¿Qué se hizo el rey don Juan? Los infantes de Aragón ¿qué se hicieron?”. Con esos versos Jorge Manrique, la más profunda voz de la Edad Media española, ilustraba la trágica brevedad de las cosas humanas. En otro tiempo, y en diferente lengua, el inglés Wordsworth se dolía del efímero esplendor de la hierba, regalo de juventud de la cual sólo queda el recuerdo. Nombres los dos –el de Manrique y el de Wordsworth– demasiado altos para quedar junto a pedestres interrogaciones pertenecientes a la politiquería de nuestra actualidad mexicana. ¿Qué se hizo el PRI? ¿Qué fue de la dominación y poderío que en otro tiempo tuvo? La corrupción rampante del sexenio anterior a éste lo hirió de muerte, y ahora los turbios manejos de los turbios Alito y Rubén Moreira han reducido lo que quedaba de aquel gran instituto político a la dimensión de partido morralla, y le han dado la misma calidad y condición que tienen el Verde y el PT. En estos días he ido a varias ciudades de nuestro país. Soy homo viator, como decían los latinos, es decir caminante, viajero, peregrino. A donde voy pregunto, pues los años me han enseñado que oyendo se aprende más que hablando. En todas partes he advertido una preocupación creciente por la militarización del país, y el temor de que los militares invadan el campo de la política, reservado en México a los civiles por la ley y por la Historia después de que el caudillismo militarista fue sustituido finalmente por el gobierno de los ciudadanos. En los miembros de cepa del PRI con quienes he tenido oportunidad de hablar he notado descontento grande por el hecho de que las bases del partido no fueron consultadas para resolver una cuestión tan trascendente como la relativa a la presencia del Ejército en las calles, cosa que fue decidida sólo por dos dirigentes cupulares, el tal Alito y el Moreira tal. Todo eso ha afectado considerablemente al PRI de cara a las elecciones del 23 y el 24. Y otros comentarios tengo. Ojalá que el secretario de la Defensa Nacional no vuelva a hacer ostentación de su profusa hojalatería. Eso, a más de ser algo anacrónico, nos hace aparecer como país de opereta. Ni Maximiliano, ni Iturbide ni don Porfirio Díaz cargaron nunca tantos perendengues y colguijes. Lo digo con respeto y buena intención para nuestro Ejército y nuestros soldados. La austeridad, la sencillez y el decoro personal han sido siempre cualidades de los buenos militares mexicanos. Y una cosa más. En el rancho del Potrero se usan curiosas expresiones. Ahí “prestar” quiere decir pedir prestado. “Quiero prestarle mil pesos, licenciado”. Eso significa. “Quiero que me preste mil pesos”. Accede uno a la petición. Le entregas los mil pesos al solicitante. Y te dice aquel a quien le prestaste el dinero: “Gracias de todas maneras”, como si le hubieras negado el préstamo. Allá “comprimirse” quiere decir contenerse, limitarse, reprimirse. “Si fulano se toma una copa ya no se comprime, y bebe hasta emborracharse”. Pues bien: esperemos que en su discurso de hoy AMLO se comprima, y no divida ni polarice más a México, ni dañe su relación con otras naciones, ni salga con anuncios inesperados de nuevas ocurrencias que pongan inquietud en la República. Un discurso patriótico, pacifista, conciliador y constructivo es el que nos gustaría oír en labios del Presidente. Por lo demás este día pertenece a la Patria. En verdad todos le pertenecen, pues los 365 días del año somos mexicanos. Hoy, sin embargo, celebramos por tradición a México, y deseamos lo mejor para esa casa que antes fue de nuestros padres y nuestros abuelos, que ahora es nuestra y luego será de nuestros hijos y nietos. Con nuestro trabajo y nuestras acciones de buenos ciudadanos ayudemos a construir una Patria mejor. FIN. 

MIRADOR

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Por Armando FUENTES AGUIRRE

–¿Qué estarán haciendo en estos momentos vuestros paisanos?

Esa pregunta le hizo Fernando Séptimo, rey de España, a nuestro embajador ante la corte española.

–Majestad – respondió el interrogado–. Seguramente están tirando cohetes.

Días después el monarca volvió a hacerle la misma pregunta al representante de la Nueva España.

–Y ahora, señor embajador, ¿qué están haciendo vuestros paisanos?

Respondió el embajador:

–Siguen tirando cohetes, Majestad.

Me pregunto si, en efecto, los mexicanos nos hemos pasado los años –los siglos ya– tirando cohetes, que son, a más de coloridos, ruidosos, alegres y vistosos, pero que nada dejan tras de sí. 

¿Seguiremos aún tirando cohetes?

¡Hasta mañana!...

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