Opinión

De política y cosas peores | Juzgar a los expresidentes

Una burda e ilegal farsa politiquera es la consulta propuesta por López Obrador para preguntarle al pueblo bueno y sabio si procede o no juzgar a cinco expresidentes

Armando Fuentes
Escritor

lunes, 28 septiembre 2020 | 06:00

Compadezcamos a Meñico Maldotado: era corto en materia de entrepierna. Cierto día le dijo a su pareja en el Motel Kamawa: “Cuando llegué a la adolescencia mi padre me dijo que si fumaba no me crecería el asunto”. Acotó ella: “Y no le hiciste caso ¿verdad?”. Aun así Meñico siguió el consejo de una canción que dice: “Trata de ser feliz con lo que tienes", y se casó con Pirulina, muchacha sabidora. Al principiar la noche de las bodas le dijo con ternura: “No estés nerviosa, Piru. Seré delicado al consumar nuestro matrimonio”. “Estoy tranquila -replicó la desposada-. Con eso que tienes no podrías ser salvaje aunque quisieras”. Sobre este mismo Maldotado recordemos la ocasión en que una encuestadora le preguntó: “¿Qué cree usted que es más importante en el varón: el tamaño o la técnica?”. Respondió al punto Meñico: “Desde luego la técnica”. La de la encuesta se volvió hacia su compañera: “Apunta a otro de pija corta”. Un tipo le contó a otro en el bar: “Mi ilusión era casarme con una mujer que se pareciera a mi mamá en lo físico y en su modo de ser. Después de mucho buscarla finalmente la encontré”. Preguntó el otro: “Y ¿te casaste con ella?”. “No -respondió el otro-. Mi papá la odió a primera vista”. Un individuo acudió a la consulta del doctor Duerf, célebre psiquiatra, y le pidió lleno de angustia: “¡Ayúdeme, doctor! ¡Estoy poseído por una erotomanía irrefrenable! ¡Cuando me veo en presencia de una dama no puedo contenerme y le agarro las bubis y las pompas! ¡Esa insana compulsión me llena de vergüenza y me aparta del trato con la sociedad! ¡Ayúdeme, doctor, se lo suplico!”. El analista lo sometió a un tratamiento de seis sesiones por semana que duró 5 años. Con eso se compró un condominio en Miami, un departamento en Nueva York, un hotel en Paris, una villa en la Toscana y una casa en Saltillo. Adquiridos ya esos bienes lo dio de alta. Un mes después el paciente lo llamó por teléfono: “¡Su tratamiento dio un resultado magnífico, doctor!”. Inquirió Duerf: “¿Ya no les agarra usted las bubis y las pompas a las damas?”. “Se las sigo agarrando -declaró el sujeto-, pero ahora ya no me da vergüenza”. Una burda e ilegal farsa politiquera es la consulta propuesta por López Obrador para preguntarle al pueblo bueno y sabio si procede o no juzgar a cinco expresidentes por los delitos que el propio AMLO les imputa. Si la Suprema Corte se rindiera a la demagogia del tabasqueño estaría abdicando de su función de preservar el orden jurídico frente a la voluntad caprichosa del poderoso en turno. Yo tengo confianza en el máximo órgano jurisdiccional, y espero que será unánime el voto en contra de esa aberrante iniciativa, pues quien opinara en favor de esa absurda e ilegal propuesta sería visto como obsecuente instrumento del caudillo y no como custodio de la Constitución por encima de quien a todas luces pretende violentarla para establecer su dominio personal. La recta aplicación de la ley no debe estar sujeta a la opinión de los obligados a cumplirla Ninguna consulta o votación puede determinar si se castiga o no un delito. Si López Obrador afirma, como lo ha hecho tantas veces, que esos exmandatarios incurrieron en ilegalidades, la ley le ordena presentar la denuncia correspondiente. Eso de hacer una consulta pública para determinar si la Constitución y las leyes que derivan de ella se aplican o no es una aberración jurídica que se ha de desechar sin más. Soy abogado (eso no se quita nunca). La mitad de mi vida fui maestro de Derecho. Pero sobre todo soy un mexicano que ama a su patria y cree en la ley y en las  instituciones. Por eso confío en la Suprema Corte. FIN.