PUBLICIDAD

Opinión

De política y cosas peores | El vello acabará por desaparecer

¿Por qué los hombres y las mujeres tenemos vello púbico? ¿Es una muestra de recato en la naturaleza, que con ese vello procuraría ocultar las partes llamadas 'cpudendas' o sea vergonzosas?

Armando Fuentes
Escritor

viernes, 30 septiembre 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

Ciudad de México.- En mi niñez fui lector voraz de "El Tesoro de la Juventud". (Salido ya de la niñez aprendí pronto que el verdadero tesoro de la juventud es otro). Mi padre, modesto empleado de oficina, compró para mí, en abonos y con sacrificios, los 20 tomos de aquella espléndida obra editada por W. M. Jackson. Una de mis secciones favoritas era "El libro de los por qué". Ahí supe que todo tiene una explicación. ¿Por qué no sentimos el piquete del zancudo -mosquito, para mis lectores del extranjero- en el momento en que nos pica, pero sí sentimos la picazón después? Eso se explica porque la probóscide o trompa del zancudo (debería yo decir "de la zancuda", pues solamente la hembra de la especie pica) tiene varios tubos. Cuando el mosquito clava en su víctima esa trompa, por un conducto le inyecta un líquido anticoagulante a fin de poder chupar su sangre sin que ésta se haga espesa, y por otro le suministra un anestésico para que la víctima no sienta dolor y se defienda contra la picadura. Después del piquete sentimos sus efectos porque el sistema de inmunización de nuestro cuerpo reacciona contra las proteínas extrañas contenidas en la saliva del mosquito. Otra pregunta: ¿por qué la ciencia médica no ha podido encontrar un remedio contra el catarro común? Porque hay más de 200 virus que pueden provocarlo, y es prácticamente imposible hallar una sustancia común que los combata a todos. Aun si ese remedio se encontrara el problema seguiría sin solución, pues los más de esos virus son mutantes, y cambian o se adaptan a las circunstancias que les son contrarias. Una tercera pregunta, de mayor interés que las otras dos (y que no viene en "El Tesoro de la Juventud"): ¿por qué los hombres y las mujeres tenemos vello púbico? ¿Es una muestra de recato en la naturaleza, que con ese vello procuraría ocultar las partes llamadas "pudendas" o sea vergonzosas? ¿Es el vello una forma de protección para esas partes? O ¿constituye un resto de nuestro pasado de antropoides? Nada de eso. El vello púbico recogía, preservaba y difundía las feromonas, cuyo aroma incita al acto del amor y por tanto a la preservación de la especie. El baño, los perfumes y lociones han puesto en desuso ese truco de la naturaleza. Si Darwin tiene razón el vello acabará por desaparecer. Todo tiene una explicación. Todo, menos el inexplicable sistema tributario mexicano, cuyas infinitas invenciones, oscuros recovecos, confusos laberintos e innumerables variaciones ninguna mente humana es capaz de elucidar o discernir. Por eso pongo ahora un par de cuentecillos que sí se pueden entender. Un estrafalario sujeto entró en el consultorio de un médico y le dijo: "Doctor: soy todo un caso: tengo cinco penes". "¿Ah sí? -se interesó el facultativo-. ¿Y cómo le ajusta el pantalón?". Respondió muy orgulloso el individuo: "Como un guante".... Una pareja no había tenido hijos en varios años de matrimonio. El señor y la señora fueron con el cura de su parroquia y le pidieron que rezara por ellos para que pudieran encargar familia. Les dice el sacerdote: "La próxima semana iré a Roma. En San Pedro encenderé una vela y le pediré al Señor que les mande hijos". Nueve meses después la señora dio a luz trillizos. Y luego, antes de cumplirse un año, tuvo quíntuples. El marido se presentó ante el párroco y le dio una buena suma de dinero. "¿Para qué?" -preguntó con extrañeza el sacerdote. Respondió el tipo, hosco: "Para que vaya  a Roma y apague la desgraciada vela". (El que debe  apagar su vela eres tú, grandísimo verraco)... FIN.

    MIRADOR

PUBLICIDAD

        Por Armando FUENTES AGUIRRE.

    Aquella muchacha pobre está enamorada de un joven guapo y rico. Él no hace caso de ese amor: corteja a una chica de buena sociedad.

    Estalla la Gran Guerra. Después de luchar en las trincheras el joven regresa a su ciudad. Las dos muchachas, la pobre y la de buena posición social, acuden a recibirlo en la estación del tren. Cuando el soldado baja del vagón las dos lanzan un grito: en la guerra el desdichado perdió el brazo derecho. La manga de su uniforme está vacía. La muchacha rica le dice: "No puedo casarme con un inválido". Y se dispone a salir de la estación. Le dice al joven la muchacha pobre: "Para mí eres el mismo. Te amé como eras antes; te amo también como eres hoy" Entonces el soldado saca el brazo que traía oculto. No lo había perdido: lo usó para probar el amor de ambas. La muchacha rica se desmaya. La pobre y el soldado se abrazan llenos de felicidad.

    Esa obra de teatro la vio representar un niño de seis años. Desde entonces se hizo el propósito de ser actor. Lo consiguió. Se llama Eli Wallach, a quien recordamos en "El bueno, el malo y el feo". El propio actor narra esa anécdota en su deliciosa autobiografía, "El bueno, el malo y yo".

    ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS    

Por AFA.

"... Subirá más la gasolina...".

     Nos causa preocupación

    la noticia desde ya,

    porque también subirá

    la tasa de la inflación.

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

close
search