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Opinión

De política y cosas peores | El PRI en vías de extinción

La rampante corrupción habida en el sexenio de Enrique Peña Nieto, su frivolidad e ineptitudes, le enajenaron al PRI la voluntad de millones de mexicanos

Armando Fuentes
Escritor

lunes, 20 junio 2022 | 06:00

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Ciudad de México–“Tube una mala noche”. La maestra escribió esa frase en el pizarrón y seguidamente les preguntó a los niños: “Díganme: ¿qué error cometí?”. De inmediato Pepito levantó la mano: “No escogió bien a su pareja”. La esposa de Babalucas tardó en arreglarse, así que llegaron tarde al concierto de la sinfónica. El badulaque le preguntó a su vecino de asiento: “¿Qué están tocando los músicos?”. Le informó el otro, extrañado: “La Tercera Sinfonía de Beethoven”. “¿Ya ves? –reprendió Babalucas a su mujer–. Por tu culpa nos perdimos las otras dos”. Conocemos bien a Afrodisio Pitongo: es un hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Le pidió a Dulciflor, linda chica muy religiosa, la dación de su más íntimo tesoro. Opuso ella: “No puedo hacer eso. Quebrantaría el sexto mandamiento”. “¿Y qué importa? –alegó el salaz Pitongo–. Todavía quedan otros nueve”. Entre el tal Alito y el tal Rubén Moreira han llevado al PRI al peor momento de su historia. Hay quienes piensan que el otrora poderoso partidazo está en vías de extinción, y que eventualmente podría hasta desaparecer. La rampante corrupción habida en el sexenio de Enrique Peña Nieto, su frivolidad e ineptitudes, le enajenaron al PRI la voluntad de millones de mexicanos, lo cual llevó a la presidencia a un hombre que, según sus adversarios, era un peligro para México. Y sin embargo ese hombre, extraordinario político, eminente comunicador, ha sabido ganarse a ese vasto sector llamado “el pueblo”, y aunque su gobierno es reprobado él conserva la simpatía y el apoyo de la mayoría de los electores. El próximo año el PRI afrontará dos desafíos importantes: la elección de gobernador en el Estado de México y en Coahuila. Las profecías que hago tienen como principal característica la falibilidad –en otra vida vaticiné la victoria de Napoleón en Waterloo–, pero aun así me atrevo a augurar la derrota del tricolor en la entidad que tiene a Toluca por capital. El priismo ha mantenido ese bastión desde siempre, y con fuerza mayor a partir de la creación del legendario Grupo Atlacomulco. Es seguro que AMLO echará toda la carne al asador para arrebatarle al PRI la joya mayor y más rutilante de su corona. En Coahuila el PRI guarda mejores perspectivas. El Estado ha tenido un buen gobierno que ha dado resultados apreciables en renglones tan importantes como la seguridad, la educación, el empleo, la salud. Ahí el partido tricolor posee una sólida estructura y una eficiente organización. Por otra parte todo indica que Morena –es decir López Obrador– se ha decidido por un candidato que ha estado ausente de Coahuila durante muchos años, de modo que es prácticamente desconocido para los más de los coahuilenses. Así las cosas, si las elecciones fueran hoy el PRI conservaría Coahuila en medio de un panorama desolador que hace pensar que las renuncias del tal Alito y el tal Rubén Moreira son indispensables para que el PRI evite el desastre total, sobre todo después de los vergonzosos audios que mostraron al dirigente nacional de ese partido como un bajuno espécimen político, y luego de las debacles electorales atribuibles a Rubén Moreira. Los priistas de cepa piensan que el partido les fue arrebatado por esos dos ocupantes de la cúpula, quienes junto con sus camarillas han llevado al tricolor al borde del sepulcro. En conclusión, no puede el PRI llegar con esa misma dirigencia a las dos importantes elecciones del próximo año, anunciadoras del gran proceso del siguiente. Un majadero tipo entrado en copas le preguntó a su compañero de parranda: “Compadre: si le hago el amor a su señora, ¿usted y yo emparentamos?”. “No, compadre –replicó el otro–. Simplemente empatamos”. FIN.

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