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Opinión

De política y cosas peores | El perro es el mejor amigo del hombre

En todas las grandes urbes hay por lo menos un aeropuerto y una buena cantidad de canes

Armando Fuentes
Escritor

lunes, 05 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México— Una señora le comentó a su joven vecina: “Mi esposo y yo sólo hacemos el amor cuando nuestros hijos ya están dormidos”. Respondió la muchacha: “Lo mismo hacemos mi marido y yo. Ayer mandamos a los niños a dormir a las 11 de la mañana, a las 5 de la tarde y a las 9 de la noche”. Jactancio es un sujeto pagado de sí mismo, presuntuoso, narcisista. Yogó con una mujer que no era la suya. Al terminar el trance ella le dijo: “Eres un mago”. Jactancio se sintió halagado, pero luego la dama añadió: “Desaparécete”. Otro cuento sobre el mismo tema. Don Chinguetas, esposo tarambana, y doña Macalota, su mujer, fueron al teatro donde se presentaba un mago. Pidió éste que una dama subiera al escenario, y de inmediato doña Macalota, sentada en la primera fila, lo hizo. El mago la introdujo en una caja y la desapareció. Don Chinguetas llamó disimuladamente al mago y le preguntó: “¿Cuánto quiere por no aparecerla otra vez?”. El perro es el mejor amigo del hombre: nada más le falta hablar. Quizá por eso es el mejor amigo del hombre: porque no habla. Si lo hiciera le diría al hombre sus verdades, y la amistad se rompería. El perro es el mejor amigo del hombre, sí, excepto cuando se mete en las pistas de un aeropuerto. Entonces provoca inconvenientes de todo orden, entre los cuales las demoras de los vuelos y los cambios de destino son los que más irritan a los pasajeros. Desde luego un incidente de ese tipo puede ocurrir en cualquier ciudad importante del mundo, incluso en Saltillo. En todas las grandes urbes hay por lo menos un aeropuerto y una buena cantidad de canes. Pero hace pocos días hubo otro trastorno en el tráfico aéreo de la Ciudad de México, éste causado por un bache en una de las pistas, lo que indica falta de cuidado en el manejo del aeropuerto. Nada semejante sucede en el que hizo AMLO. Eso se debe a que ahí prácticamente no hay aviones –me dicen que hace días alguien vio uno, aunque vacío–, circunstancia que disminuye considerablemente la posibilidad de que sucedan en dicho aeropuerto incidentes así. El del perro sería risible si no hubiera causado tantas molestias a tanta gente y si no fuera porque pone de manifiesto deficiencias en lo que hace a la seguridad del campo aéreo. Desde luego, ya lo dije, una invasión canina puede suceder en cualquier parte. En la noche de bodas de Napoleón con Josefina –esto es rigurosamente histórico– el caniche de la desposada, creyendo que el hombre aquel estaba atacando a su ama, se subió al lecho ladrando furiosamente y le mordió una nalga al novio. Parece ser que con el dolor que esa mordida le causó se le bajó al gran corso la ansiedad amorosa, y no pudo ya consumar aquella noche las anheladas nupcias. En esa ocasión el perro no fue el mejor amigo del hombre, sino de la mujer. Yo amo a los perros. Hoy, sin embargo, envío un mensaje de reconvención al que causó aquel problema en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y doy la razón al piloto norteamericano que informó a sus pasajeros que no podía aterrizar porque en la pista andaba a son of a bitch. Al buen padre Arsilio le preocupaba la vida licenciosa de Frinela, una de las mujeres de su parroquia, escándalo y enojo de todas las demás. Se propuso entonces hablarle de las penas del infierno. Le preguntó, severo: “¿Sabes lo que te vas a ganar acostándote con tantos hombres?”. “Nada, padre –respondió la liviana fémina–. No cobro”. En la oficina Rosibel le dijo a su compañera Susiflor: “¡Qué gran silueta tiene el subgerente!”. En voz baja le aclaró Susiflor: “No es la silueta. Lo que pasa es que acostumbra llevar su manojo de llaves en el bolsillo delantero del pantalón”. FIN.

MANGANITAS

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Por AFA

“Un perro detuvo los vuelos en el aeropuerto de la Ciudad de México”.

 A veces la suerte falla y el destino incurre en yerro.

Debió atravesarse el perro en las obras del Tren Maya.

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