De política y cosas peores | El novio torcido

El ardiente galán ansiaba gozar ya el más íntimo encanto de su novia

Armando Fuentes
Escritor
lunes, 10 junio 2019 | 06:00

Ciudad de México— El ardiente galán ansiaba gozar ya el más íntimo encanto de su novia. Ella se resistía. Le decía una y otra vez: “Soy señorita”. Con eso querÌa significar que conservaba aún la gala de su virginidad, y que no estaba dispuesta a permitir que algo le entrara si antes no le entraba el anillo de casada. Sin embargo no hay pertinacia mayor que la de un hombre en rijo. El Señor le dio al varón dos órganos muy importantes, pero los dos no pueden funcionar al mismo tiempo. El novio lo consiguió finalmente, bajo palabra de matrimonio, que la muchacha accediera a entregarle por adelantado la impoluta flor que le iba a dar cuando fuera su esposo. La entrega tuvo lugar en un ameno y soledoso prado. El galán tendió a la chica sobre el suelo y luego Él se tendió sobre ella. En el curso del acto el muchacho se asombró al ver que su novia, que Él creía ingenua y cándida, hacía movimientos que la más lasciva cortesana habría envidiado. Una y otra vez adelantaba la pelvis con gran ímpetu; le daba vueltas como figurando la letra o; se torcía y retorcía en modo tal que provocó la rápida terminación de las acciones. El novio, enfadado por verse vencido tan prontamente en aquel dulce combate, le dijo amoscado a la muchacha: “Los movimientos que hiciste no son propios de una señorita”. “Sí lo son -replicó ella-. Son los movimientos propios de una señorita a la que el pendejo de su novio acostó sobre un hormiguero”. El esposo y la esposa llegaron al mismo tiempo al Cielo. San Pedro, el portero celestial, le preguntó al marido: “¿Cuántas veces engañaste a tu mujer?”. El hombre, apenado por la presencia de su cónyuge, respondió bajando la cabeza: “Una vez”. Le indicó el apóstol de las llaves: “Le darás una vuelta a la muralla de la mansión celeste”. No echaba aún a caminar el contrito señor cuando San Pedro le  preguntó a la mujer: ¿“Y tú cuántas veces le fuiste infiel a tu marido?”. A esa pregunta la esposa respondió con otra: “¿Tienes una bicicleta?". La tía de Pepito declaró: “En toda mi vida no recuerdo haber dicho más de dos mentiras”. “Y con ésta tres” -completó el niño. Ella le dijo a Él: “Soy muy pudorosa. Lo haremos con la luz apagada”. “Está bien -admitió Él-. Entonces déjame cerrar la puerta del coche”. En mi fuero interno -el único fuero que tengo- estoy seguro de que López Obrador y Ebrard saben que no hay motivo para festejar. El mitin de Tijuana, reunión de pacotilla semejante a las que en el pasado organizaba el PRI, no sirvió ni aun remotamente para encubrir el hecho de que Trump consiguió al fin que México pague el muro, sólo que el tal muro estar· ahora en la frontera sur. El presidente norteamericano usó con los negociadores mexicanos las tácticas que en su libro describe, y que en este caso le dieron muy buen resultado. A partir de los desarreglados arreglos pactados por nuestra representación seremos en adelante patrulla fronteriza al servicio de los Estados Unidos, país al que le haremos el trabajo sucio de detener a los migrantes, y además gratuitamente y con la amenaza de que Trump nos castigará si no cumplimos esa tarea a su satisfacción. Lo que Ebrard hizo de consuno con López Obrador fue rendirse al grosero chantaje del presidente yanqui. Ante eso no hay nada qué celebrar, de modo que el festejo de Tijuana bien puede calificarse de farsa. Desde ahora la principal función del Gobierno mexicano será servir de gendarme fronterizo a Trump y, derechos humanos o no, contener a como dé lugar a los migrantes para que no se enoje el señor Don. He aquí a nuestro Gobierno convertido en el Siervo de la Nación. Pero de la nación vecina. FIN.