Opinión

De política y cosas peores | El cuarteto

Igual que millones de mexicanos me resentí por la invectiva de López Obrador contra la UNAM

Armando Fuentes
Escritor

lunes, 25 octubre 2021 | 06:00

Ciudad de México– “¿Cuántas veces hace usted el amor en la semana?”. Esa pregunta le hizo el médico a Usurino Matatías, el hombre más avaro de la comarca, que se sentía cansado, débil, agotado. Respondió el cutre: “Seis días a la semana tengo sexo. Lunes, miércoles y viernes con mi esposa; martes, jueves y sábados con la muchacha de servicio”. Le indicó el facultativo: “Deje de hacerlo con la muchacha”. “Oh, no –se alarmó don Usurino–. En todo caso dejaré de hacerlo con mi esposa. Si dejo de hacerlo con la muchacha ella va a querer que le paguemos”. El cuento que sigue ¿es absurdo o surrealista? Un músico le dijo a otro: “Supe que formaste un cuarteto”. “Sí –confirmó el otro–. Somos tres: mi hermano y yo”. Comentó el primero: “No sabía que tu hermano también es músico”. Replicó el otro: “¿Cuál hermano? No tengo ningún hermano”. El primer día de clases la directora del internado del colegio se dirigió a los estudiantes: “Los dormitorios de hombres y mujeres están separados. El alumno o alumna que por la noche se pase de uno al otro deberá pagar una multa de 500 pesos. La segunda vez que lo haga pagará una multa de mil pesos. La tercera deberá pagar una multa de mil 500 pesos”. Desde el fondo se oyó la voz de un estudiante: “¿Cuánto cuesta el abono por toda la temporada?”. Igual que millones de mexicanos me resentí por la invectiva de López Obrador contra la UNAM. Embestida más bien se ha de llamar a esa irracional diatriba. La Universidad Nacional es una de las más antiguas y prestigiadas instituciones del país. En ella se han formado innumerables mujeres y hombres cuyo trabajo ha contribuido al bien de México. Yo cursé estudios en esa noble casa, y supe del espíritu de libertad que inspira su labor de cada día. La UNAM ha conocido tempestades; ha librado el buen combate contra la intolerancia y los radicalismos. Ha sido dañada por la estupidez. Pero siempre ha superado esos ataques, de modo que el muy elemental y burdo de AMLO no alcanza ni siquiera a mover una sola pluma de las emblemáticas aves que ornan su precioso escudo. Empiezo a tener dudas sobre la racionalidad del tabasqueño, y me pregunto si es hora ya de que lo lleven a la consulta de algún especialista en problemas de comportamiento, pues cada día –cada mañanera– se ve más agresivo, más pugnaz. Su conducta no es la que corresponde al presidente de una gran nación. Actúa como candidato pueblerino que lanza bravatas a diestra y a siniestra –las últimas han sido contra los Oxxo y contra la Universidad– para impresionar a los tontos y sentar plaza de adalid de la verdad, siendo que la mentira es una de las notas principales que caracterizan su actuación. No alcanzo a comprender esa súbita, inexplicable arremetida contra la UNAM. Debería López querer y respetar a la Universidad. Después de todo tardó 14 años en salir de ella. Castulito era más cándido que vellón de oveja. Acerca de la vida lo ignoraba todo. Su novia, en cambio, sabía más que una hetaira, una odalisca, una cocotte y una call girl puestas juntas; las excedía en ciencias y artes mundanales. En cierta ocasión su mamá, desconocedora de los conocimientos de su hija, la llamó aparte, cautelosa, y le dijo: “Iombinita –así se llamaba la muchacha–, quiero hablar contigo acerca del sexo”. “Cómo no, mami –accedió ella–. ¿Qué necesitas saber?”. Un día la avispada fue con Castulito al campo. Deseosa de refocilarse con el garrido mozo le sugirió, insinuativa: “Castu: el toro y la vaca lo hacen, lo mismo que el caballo y la yegua. ¿Por qué no lo hacemos nosotros?”. “¡Ay, Iombina! –rio divertido el boquirrubio–. ¡Bonitos nos vamos a ver mugiendo y relinchando!”. FIN.

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