Opinión

De política y cosas peores | Doble don

El hombre ¿es bueno o malo por naturaleza? Difícil interrogante es ésa, debatida por todas las filosofías

Armando Fuentes
Escritor

viernes, 05 marzo 2021 | 06:00

Ciudad de México.- Fecundino era padre ya de 14 hijos. Una trabajadora social lo amonestó: "Cuando sienta el impulso de hacer uno más piense en la explosión demográfica, que tantos daños está causando al mundo". "¡Ay, licenciada! -replicó el prolífico señor-. ¡Quién piensa en eso ya con la mecha encendida!". Don Chinguetas, marido tarambana, llegó a su casa en horas de la madrugada. Traía los cachetes y el cuello de la camisa llenos de manchas de bilé, o sea lápiz labial. "¿Cómo explicas esto?" -le preguntó encrespada su esposa, doña Macalota. Relató don Chinguetas: "Le di 100 pesos a un payasito callejero, y se emocionó tanto que me abrazó y me dejó estas marcas". "¡Mientes, bribón! -clamó la esposa-. ¡Eres un desvergonzado!". "No lo soy -se defendió Chinguetas-. Si lo fuera no me daría vergüenza lo que realmente hice, y no habría inventado esa mentira". 2.10.12.16.17.18.19. ¿Cuál sería el siguiente número en esta serie? La respuesta al acertijo viene más abajo. Otro enigma presento a mis cuatro lectores, éste de más hondura y trascendencia. El hombre ¿es bueno o malo por naturaleza? Difícil interrogante es ésa, debatida por todas las filosofías. Me apena decir que la mayor parte de los pensadores han llegado a la triste conclusión de que el ser humano es sustancialmente malo. En teología se habla del pecado original, mácula con la que nacen todos los hombres por el solo hecho de serlo. Desde San Pablo hasta Freud y Marx han dicho que la criatura humana se mueve por bajos apetitos. Con ese desolado coro contrasta un optimista, Jean-Jacques Rousseau, quien afirmaba que el hombre nace bueno -como un salvaje inocente-, pero luego la sociedad lo corrompe y desvirtúa. El espectáculo de la maldad humana traducida en guerras, crímenes, violencias, sempiternos abusos e injusticias de todo orden, lleva a la tentación de suponer que quienes piensan que el hombre es naturalmente malo tienen la razón. De pronto, sin embargo, el observador encuentra ejemplos de bondad que muestran la semilla de bien que late en la criatura humana. Eso me sucedió al conocer la bella obra que realiza una asociación civil, Operation Smile México, labor que me describió su director ejecutivo, Miguel Ángel Pichardo: "Esta organización mexicana sin fines de lucro tiene como objetivo cirugías gratuitas y tratamiento integral igualmente gratuito (odontológico, terapia de lenguaje, nutrición y apoyo psicológico) a pacientes de escasos recursos con la condición de labio y paladar hendido". El llamado labio leporino, añado. ¡Qué maravillosa tarea, digo yo, la de quienes se dedican con generoso desinterés a hacer que nazca la sonrisa en el rostro de un niño, de un joven, de una mujer o un hombre! Operation Smile México cumple 15 años de llevar a cabo esa tarea, que fortalece en mí la convicción de la bondad esencial de la criatura humana. ¡Cuánto bien han hecho en ese tiempo quienes forman parte de esta asociación y todos los que en ella colaboran! Desde aquí les doy las gracias por el doble don que imparten: el de la sonrisa y el de la esperanza. He aquí la respuesta al acertijo que arriba presenté: el número que continúa la serie es el doscientos. Es el siguiente cuyo nombre se inicia, como el de los otros, con la letra d. El joven Leovigildo contrajo matrimonio, y para efectos de la fiesta de bodas su señora madre le alquiló un esmoquin y unos zapatos de charol. Le indicó que antes de salir a la luna de miel debía quitarse aquellas prendas, pues había que devolverlas al siguiente día. Cuando terminó el banquete nupcial el joven desposado y su flamante mujercita se dispusieron a salir del salón de fiestas. Ya estaban en la puerta cuando la mamá de Leovigildo le gritó a todo pulmón desde su mesa: "¡No se te olvide quitarte también los zapatos!". FIN.