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Opinión

De política y cosas peores | Cuida tu casa y deja la ajena

El presidente López Obrador no tiene estatura política para hacer propuestas de paz de carácter internacional

Armando Fuentes
Escritor

martes, 20 septiembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- "Quiero unas pastillas de Viagra para el insomnio de mi marido". El farmacéutico se sorprendió al oír  aquella petición de la mujer. Le dijo: "Señora: el Viagra no es para hacer dormir. Es más bien para despertar lo dormido". Adujo ella: "Dormida estoy cuando mi esposo me despierta porque no puede conciliar el sueño. Y al menos con el Viagra me despertará para algo mejor que para pedirme que le traiga una tacita de leche tibia con azúcar". El joven Tinino era muy bajo de estatura. Tan chaparrito era que no necesitaba agacharse para atarse las cintas de los zapatos. En busca de trabajo pidió ingresar en la policía municipal de su pueblo, pues oyó decir que aunque el sueldo era modesto las buscas -ingresos no oficiales- eran sustanciosas, sobre todo por lo que daban los abarroteros al gendarme de su barrio para que se hiciera de la vista gorda y los dejara vender a ocultas soyate o tanguarniz, ásperos bebistrajos que buscaban los borrachines del lugar para embriagarse o aliviar la letal cruda con que pagaban -y con pesados réditos- los excesos de la noche anterior. Se presentó, pues, Tinino con el jefe de la policía y le pidió que lo admitiera en la corporación. "Imposible -negó el polizonte-. Para ser gendarme se necesita medir 1.70, y tú mides a lo más 1.55, y eso con botas vaqueras o tacón cubano". "Pero, jefe -alegó el solicitante-, un primo mío acaba de entrar en la policía, y mide lo mismo que yo, y quizá hasta un poco menos". "Imposible -volvió a negar el jefe, que disponía de poco vocabulario-. ¿Quién es tu primo?". "Pulgario Nímiez -respondió Tinino-. Le dicen 'El hombre de acero'. De a cero metros. Y ya es cabo". "Imposible" -repitió el jenízaro. E hizo llamar al tal Pulgario. Le preguntó: "¿Cuánto mediste para entrar en la policía?". Respondió el interrogado: "500 pesos, jefe". Uso este relato pueblerino para ilustrar una afirmación impepinable, o sea indiscutible, irrefragable. El presidente López Obrador no tiene estatura política para hacer propuestas de paz de carácter internacional. De nueva cuenta se parece a Echeverría, quien en su tiempo pretendió erigirse en adalid de los países del tercer mundo, cuando no podía serlo ni del decimocuarto. ¿Cómo quiere AMLO poner paz en Ucrania cuando México está convertido ante los ojos del mundo en un campo de guerra? No es él un mandatario confiable: los empresarios e inversionistas extranjeros lo ven con la misma cautela y suspicacia con que el dueño de una cristalería mira a un chivo, mala sea la comparación. Las cartas enviadas por el tabasqueño al rey de España y al Papa, en las cuales les exigía presentar disculpas por los abusos del altar y el trono contra los pueblos aborígenes de América, fueron causa de irrisión y  desdén. "Cuida tu casa y deja la ajena", aconsejaba un antiguo refrán. ¿Ucrania? ¿Rusia? ¿La ONU? Primero vea el presidente López lo que está pasando en Guanajuato, en Jalisco, en Michoacán -son sólo unos ejemplos- y luego preocúpese de lo que sucede en sitios remotos del globo terráqueo. Aunque, pensándolo bien, después de las visitas que le hicieron los enviados norteamericanos, milagro fue que AMLO no hablara de la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y el defenestrado Plutón. Por primera vez el enamorado novio miró sin ropa a su dulcinea al empezar la noche de bodas. Le dijo, emocionado: "Tus cabellos son dorados; tu frente nívea; tus mejillas róseas; purpurinos tus labios; de gacela tu cuello, y tu pies pequeñitos son cual perlas". Le hizo notar la muchacha: "Te saltaste todo lo mejor". FIN.

    MIRADOR

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        Por Armando FUENTES AGUIRRE.

    Este amigo mío, bastante mayor que yo, combatió en la Segunda Guerra Mundial.

    Su padre era norteamericano y lo hizo alistarse en el Ejército. Antes de que pudiera darse cuenta estaba ya en las Filipinas. Ni siquiera hablaba inglés.

    Cierto día su patrulla fue emboscada por los japoneses. Nada más él quedó vivo. Solo, sin parque ya, arrojó el rifle y gritó desesperado:

    -¡Chinguen a su madre!

    De la línea enemiga vino la respuesta:

    -¡Chingas a veinte!

    Hecho prisionero, se encontró con que uno de sus captores había nacido en la Ciudad de México, y ahí vivía. Su padre, japonés de origen, lo hizo ir a Japón y enrolarse en el ejército para ir a la guerra.  No hablaba japonés. Estaba en la misma situación que él.

    Lo protegió, y juntos llegaron al final de la guerra. Terminado el conflicto se reunían cada año, en la fecha del acontecimiento, y brindaban por Japón y por México. También brindaban por sus padres. Cuando mi amigo bebía algunas copas recordaba todo eso, y me hacía brindar junto con él.

    ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

Por AFA.

". Una nueva etapa empieza en Inglaterra.".

     Esa noticia leí,

    y me dije bajo capa:

    "También una nueva etapa

    debería empezar aquí".

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