Opinión

De nuevo, la rifa del avión

Al presidente no le interesa ser honesto o austero: le interesa crear la ilusión de honestidad y austeridad

Sixto Duarte
Analista

martes, 08 septiembre 2020 | 06:00

El pasado 11 de febrero de 2020, escribí en este mismo espacio que, el dirigir todos los esfuerzos del gobierno a una rifa, nos evidenciaba como una república bananera, en los términos del escritor estadounidense O. Henry. Y es que antes de que nos azotara la pandemia, el único tema del cual hablaba el presidente era la rifa del avión (que finalmente no se rifará).

Dentro de una semana, el 15 de septiembre de 2020 para ser exactos, se llevará a cabo la rifa que tanto ha prometido el gobierno. Debemos aclarar que, como ya se ha dicho, no se está rifando un avión, sino que simplemente se trata del sorteo que ordinariamente se lleva a cabo con motivo del Día de la Independencia. Es decir, como si estuviéramos en una kermés, se rifará un avión, pero que a su vez no es un avión, sino solamente dinero. De ser así, entonces, ¿por qué insistir en llamarle la rifa del avión presidencial al sorteo de dinero? Esto es algo que ni los más abyectos feligreses de este gobierno han podido aclarar.

Como comentábamos entonces, la rifa del avión (en donde no se rifará un avión pues además, no se puede rifar) se llevará a cabo con la venta de seis millones de cachitos de 500 pesos cada uno. Asumiendo que el Gobierno federal sigue presionando a sus empleados a comprar todos los cachitos (como ha trascendido que se ha hecho), entonces habrían ingresado el total de tres mil millones de pesos, cifra que es incluso menor al presupuesto anual de Juárez, conforme a la Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos, y que supera en más de 500 millones el valor del famoso avión.

Por su parte, suponiendo que se vendieran todos los cachitos del sorteo, sería lógico entonces que se tendrían que entregar todos los premios. Se han prometido 100 premios de 20 millones de pesos cada uno, es decir, un total de dos mil millones de pesos. Bajo esta lógica, la rifa del “avión” estaría dejando una “utilidad” (eso sin contar el enorme costo administrativo, y de tiempo que se le ha invertido al tema) de cerca de mil millones de pesos, es decir, el presupuesto anual de Delicias y Parral combinado. ¿Con ese monto se piensa solucionar el problema infraestructura hospitalaria de México?

Es importante ubicar las cosas en su adecuado contexto. Pemex pierde diariamente cerca de seis mil millones de pesos, es decir, más de dos aviones presidenciales diarios. Quizá una administración eficiente en Pemex le dejaría más recursos a México que una rifa de kermés. Por su parte, CFE ha perdido el equivalente a 40 aviones presidenciales durante el primer semestre del año; sin embargo, ni el gobierno, ni el gobernado le ponen atención a ese barril sin fondo, y coinciden en creer que la rifa de un avión (que ya hemos dicho, no se va a rifar) es la solución a los problemas financieros del país. Como sociedad, nos encanta ser cuentachiles.

La rifa del avión sin avión viene a reflejar no únicamente la incapacidad de comprender la necesidad de contar con un avión oficial; refleja también que al ciudadano promedio, le da flojera hacer números y llegar a la conclusión que hemos llegado respecto al verdadero valor económico del avión. Para el ciudadano que apoya la rifa, es difícil entender que, como ya se dijo, Pemex y CFE pierden aviones presidenciales todos los días en sus operaciones.

El hecho de que el presidente destine gran parte de su agenda a promover la venta de cachitos de lotería, también nos refleja la profunda crisis institucional en que nos encontramos, pues lejos de atender la pandemia o la crisis económica que la precede, prefiere actuar como boletero de la Lotería Nacional.

México es un país muy grande, con problemas muy complejos derivados de la ingobernabilidad en que estamos sumidos. No podemos seguir enfrentando los retos del país con un gobierno que improvisa, engaña, y que trata de convencernos a través de todos los medios que todo lo que hacen es algo bueno, y que todo lo que se hizo antes es algo malo. Si el presidente siguiera viajando en el referido avión, las finanzas del país estarían exactamente igual, con la diferencia que el presidente sería más eficiente en el uso de su tiempo. Por cierto, ya van varias versiones periodísticas que surgen en distintos viajes del presidente donde se ha acreditado que, mientras el presidente viaja en un avión comercial, uno o varios aviones militares viajan con él acompañándolo. ¿Por qué no asume austeridad completa? Como ya había comentado aquí, al presidente no le interesa ser honesto o austero: le interesa crear la ilusión de honestidad y austeridad.