Opinión

De la experiencia personal al reto público. ¿Apuestas?

Me veía revolucionando el Congreso local con iniciativas realmente derecho-humanistas -reales-, creando políticas públicas para la población menos favorecida -ese sería mi sello-, en tres palabras: modificando la realidad de Juárez

Jorge Breceda
Analista

sábado, 01 mayo 2021 | 06:00

Quien me ha leído reconocerá que no acostumbro a escribir en primera persona, por lo que ofrezco una disculpa, comprometiéndome a recuperar el estilo para la siguiente entrega. 

Hace poco más de un lustro viví en Barcelona con el objetivo de realizar un doctorado, fueron tres años de asistir a la mejor facultad de filosofía de España, período en que me obligué a leer a Marx y pensar desde la izquierda, además que Pablo Iglesias se encontraba en el zenit como oposición política.  

Unos meses después de estar de regreso en Juárez, un martes, me llama un amigo -asesor en el Congreso- invitándome a participar en las internas de un partido político para conformar la lista de candidaturas independientes para una diputación local, situación que me emocionó. 

Me veía revolucionando el Congreso local con iniciativas realmente derecho-humanistas -reales-, creando políticas públicas para la población menos favorecida -ese sería mi sello-, en tres palabras: modificando la realidad de Juárez.

Sin embargo, un hombre con tantas limitaciones en competencias, habilidades y hasta intelectuales, necesita cautela y consejo, es así como Dios me ha dado la posibilidad de encontrarme en un contexto de ayuda total, excelentes asistentes, amigos, compañeros y compañeras de trabajo, pares académicos extraordinarios. Pues para el caso especifico, pedí tutoría a la persona con más conocimiento que conozco en este ámbito. 

Es así como llamé al Maestro Alfonso M. R. -quien ha sido mi tutor por más de diez años-, él con la templanza que lo caracteriza me preguntó: ¿cuánto tienes para invertir en campaña?, mi respuesta fue “el partido presupuesta $90,000 pesos aproximadamente” y volvió a preguntar ¿cuánto tienes para invertir?

Después de respirar y contar lo que traía en la bolsa del pantalón, le comenté: nada, por lo que me hizo un comentario sobre lo bonito que es tener un escaño en el Congreso y poder representar a la ciudadanía, por otra parte, una potente explicación pragmática sobre el sistema electoral y la necesidad de inyectar recurso económico desde la “apuesta” ya sea en formato de dinero propio o del patrocinio. Al final no llegó a buen puerto la propuesta y mi interés. 

Ahora bien, las campañas en las que nos encontramos tienen dinámicas distintas, seguramente la inversión del gasto es menor debido a que se mudaron a plataformas digitales en las que se reduce el costo y más importante, se lleva una contabilidad fiscalizable.  

Sin embargo, ¿qué candidata (o) apostaría un millón de pesos a que ganará las elecciones? ¿Un inmueble a que su partido tendrá mayoría en el Congreso? ¿Quién apuesta a que sus propuestas se reflejarán en política pública o en normatividad?

La pregunta parecería banal, pero representa el interés que se tiene por conseguir la victoria, el carácter del candidato (a) y la confianza en su capacidad de liderazgo, en el partido que lo abandera, en la ideología que sostiene, en el equipo que lo acompaña, entre otros. 

Los elementos anteriores tienen una función primordial no solo para demostrar la convicción del que pide el voto, sino de quienes votarán, ya que las elecciones deben exigir a la ciudadanía un voto razonado, no un sufragio que tienda a subjetividades, porque en ello, se puede convertir en decisiones insustanciales. 

Es decir, es un elemento que la ciudadanía puede tomar en cuenta para decidir si brindar el voto a alguien que tiene la certeza en conseguir la victoria, de no ser así, no se debe desperdiciar ese voto en una persona que no cuenta con la confianza en ganar. 

Sin duda, debemos de votar por quienes se apuesten a sí mismos, por lo menos así se garantizan mínimos elementos de una personalidad comprometida.