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Opinión

De la democracia y el nuevo conservadurismo

El domingo 13 de noviembre fue un día que no pasó desapercibido, miles de mexicanos en diversas ciudades del país salieron a las calles a manifestar su descontento con la iniciativa de reforma al Instituto Nacional Electoral

Erasto L. López
Analista Ciudadano

martes, 15 noviembre 2022 | 06:00

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El domingo 13 de noviembre fue un día que no pasó desapercibido, miles de mexicanos en diversas ciudades del país salieron a las calles a manifestar su descontento con la iniciativa de reforma al Instituto Nacional Electoral que planteó el primer mandatario de nuestro país. Debe mencionarse que en Ciudad Juárez y Chihuahua capital, se vio bastante movimiento de personas. 

Se nos ha educado para que repitamos que la democracia es “el poder del pueblo”, tal y como se traduce del griego. Sin embargo, la democracia antigua dista mucho de como se concibe en estos días. La clave es entender lo que es “pueblo”; es decir, quienes conformaban ese pueblo en la Grecia antigua; para sorpresa de muchos, la sociedad griega era esclavista, estas personas bajo el yugo de un amo, formaban parte importante del sistema económico griego, al grado de que la práctica de esclavitud estaba muy bien regulada, no solo en el concepto, sino en la compra y venta de esclavos, hasta llegar a la figura de la manumisión, que era la forma en la que una persona en estado de esclavitud puede ser liberada. En fin, ese poder del pueblo no aplicaba para todos, la democracia griega era solo para los hombres, jefes de familia, libres y sobre todo con bienes y dinero. Por lo que, la democracia no era del pueblo, sino de un grupo privilegiado. Tan mal era vista esta forma de gobierno que los ilustres Platón y Aristóteles la veían como una de las formas más deshonrosas de gobernar, la llamaban “el gobierno de la muchedumbre”.

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Lo peligroso de la democracia, según los griegos y romanos, es que se convertía en una oclocracia y que quien dirija a esa masa (a la que ahora llamamos pueblo) sea un demagogo, es decir, una persona que, con base en halagos y desacreditaciones, se gana el favor popular. En palabras de Polibio, la oclocracia es “la degeneración de la democracia”. 

El problema que debemos visualizar es que hay actores que se creen dueños de la democracia. Por un lado, tenemos al presidente de la República, quien se baña de pueblo para legitimarse. En muchas ocasiones ha manifestado que cuenta con 30 millones de votos, lo repiten sus seguidores. Lo cierto es que esos 30 millones no son permanentes, y la legitimación debe ser renovada. El hecho de haber obtenido tal cantidad de votos en la elección de 2018 no da el derecho, ni a él, ni a su partido, de monopolizar la política mexicana. 

Por otro lado, están los partidos de oposición que creen que, porque los ciudadanos se han manifestado en contra de una reforma electoral conservadora, presumen que la ciudadanía está con ellos, y no es así. Han sido muchas las ocasiones en las que esos partidos se han equivocado, pues solo utilizan a la gente a su conveniencia. Cuando estuvieron en el poder no voltearon a ver las necesidades de los de abajo, por ejemplo; cuando Chihuahua estaba gobernado por el PRI, era común que el PAN realizara amparos masivos en contra de la revalidación vehicular, sin embargo, ahora que el PAN es quien gobierna, este partido ve con malos ojos a los ciudadanos que se amparan por la misma razón. 

En este sentido, debemos comprender que la política actual no se trata de derecha vs. izquierda, conceptos que actualmente han sido superados; la política actual se entiende de quien ejerce el poder en el momento, de tal manera que el presidente López Obrador y su partido Morena, desde el momento en que están intentando de todo por conservar dicho poder, se han convertido en los nuevos conservadores. No obstante, eso no hace a los partidos de oposición mejores, creo que nos ha quedado claro que para los partidos “el pueblo”, solo es una herramienta para llegar al poder y una vez que lo obtienen, conservarlo a toda costa, con o sin el apoyo de “el pueblo” que presumen representar.  

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