Opinión

De juarenses, migrantes y extraños

Todos los días, por diversas razones y distintos caminos, Juárez recibe migrantes internos y externos: los primeros provienen de cualquier región del país, los segundos son originarios de otra nación

Heber Sandoval
Profesor

sábado, 28 agosto 2021 | 06:00

Todos los días, por diversas razones y distintos caminos, Juárez recibe migrantes internos y externos: los primeros provienen de cualquier región del país, los segundos son originarios de otra nación. Además, la movilidad de personas puede ser definitiva si la intención es radicar permanentemente en la ciudad, o temporal por algunos meses, semanas, días o incluso horas, según los motivos que pueden ser laborales, familiares, deportaciones o cruzar a Estados Unidos de Norteamérica, ya sea por medios legales o ilegales. 

Así, todas las personas migrantes, incluidas quienes solo están de paso, se suman a los ciudadanos de nacimiento y a los residentes, quienes en su estabilidad pueden olvidar que también emigraron. 

Para efectos de la convivencia armónica y paz social que se anhela en la ciudad, la distinción entre migrantes y residentes locales no tiene mucho sentido, a menos que podamos identificar como extraños a quienes, sin importar su origen, no se sienten parte de la comunidad, pues les son indiferentes las problemáticas y las acciones que se organizan para enfrentarlas. La apatía frente al dolor de los otros provoca igual daño a la sociedad que el acto que lastima en lo individual a la persona. 

Pensar así a los extraños de la ciudad y su dinámica social, me lleva a evocar una de las novelas más importantes del siglo pasado. Escrita por el francés Albert Camus, El extranjero se publicó en 1942. La obra expone lo absurdo e irracional de los convencionalismos sociales y las instituciones del poder público de aquel tiempo; sin embargo, los grandes cambios políticos y sociales ocurridos en los últimos 80 años no restan vigencia a las circunstancias que viven los personajes.

El protagonista, Meursault, un joven de origen francés y radicado en Argelia nos narra cómo su forma de ver la vida y reaccionar ante los sentimientos y necesidades de los demás, lo lleva a comportarse insensible ante la muerte de su madre, tolerante a la violencia hacia las mujeres, mentir ante las autoridades para propiciar la impunidad de un agresor y, finalmente, privar de la vida a una persona con exceso de violencia, todo esto sin ningún remordimiento, sentimiento de culpa o arrepentimiento.          

El proceso penal que enfrenta es una suerte de pintura abstracta en la que el hecho delictivo resulta solo el marco de un reproche a la apatía, falta de valores, desinterés por los formalismos sociales y carencia de emociones. En síntesis, en el juicio, la personalidad del acusado resultó más importante que el homicidio de aquel hombre árabe. Sentenciado a morir en la guillotina, después de una importante reflexión, recibe la condena como un suceso más de los que tendrían que ocurrir; así, esperará el día de su ejecución en la guillotina, sin ningún acto de contrición.

Si bien la crítica ha interpretado de varias formas la insensibilidad de Meursault frente a una sociedad con instituciones políticas y religiosas que pueden ser bastante irracionales, la falta de interés y empatía por las personas, nulo compromiso con el proyecto que sostiene a la comunidad y la frialdad con la que reacciona ante las desgracias ajenas, llevan al protagonista a ser extranjero en la tierra que habita. 

Así, los extraños son aquellas personas ajenas al proyecto común, carentes de empatía ante el dolor de otros e indiferentes a las problemáticas de la ciudad. Los migrantes no tienen que ser extranjeros en esta ciudad; si se generan las condiciones para que se integren, podrán participar de las diferentes actividades de la comunidad. Para que la migración enriquezca la demografía y provoque cambios culturales y sociales positivos, necesitamos una reflexión sobre los valores colectivos como la solidaridad, el respeto por los derechos humanos, el repudio a las formas violentas de interacción, honestidad y cuidado de lo público, pero orientado a vivir, también en lo individual, con libertad. 

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