Opinión
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De Chihuahua decide la obra en Juárez

Ismael Rodríguez Gallegos, es un empresario de la ciudad de Chihuahua metido hasta el cuello en parte del destino de Ciudad Juárez… sin conocerlo más allá de las ganancias que le reportan los administradores de sus negocios

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 28 junio 2020 | 06:00

Socio principal en al menos 28 empresas particulares y accionista en otras tantas, incluidos algunos de los bancos que le cobran monumentales intereses al Gobierno del Estado mes tras mes, Ismael Rodríguez Gallegos, es un empresario de la ciudad de Chihuahua metido hasta el cuello en parte del destino de Ciudad Juárez… sin conocerlo más allá de las ganancias que le reportan los administradores de sus negocios.

Su participación directa en la vida pública de esta frontera se da a través de un esquema híbrido inventado por el gobernador, Javier Corral, “funcionario honorario”, pero con poder de presidente de la Junta Central de Agua y Saneamiento, “representante” en el Fideicomiso de Puentes Fronterizos y presidente del Fideicomiso del Centro Histórico.

El miércoles sorprendió a propios y extraños porque se apersonó en la Presidencia Municipal de Juárez y llevó la batuta del Gobierno estatal en una reunión donde trató de explicar al Gobierno municipal, junto con los funcionarios “oficiales” de los organismos mencionados, la modificación o reestructuración del publicitado corredor multimodal que contempla obras según quien lo diga, el gobernador, su jefe de Obras Públicas o la misma alcaldía.

Gustavo Elizondo, secretario de Obras Públicas en el gobierno corralista, hizo el lunes que fueran paradas antenas en Juárez. Informó sobre modificación en los planes de ese corredor porque algún monto de los recursos contemplados para ese efecto serían transferidos al renglón por ahora prioritario, el de salud.

Una vez publicada la noticia trataron desesperadamente en el estado de componerla diciendo que no habría cancelación de obras sino que serían revisados únicamente los números.

Desde la Presidencia Municipal, la tesorería dio a conocer que su aportación para esos proyectos había sido de 50 millones de pesos, mismos que serían reclamados para su devolución si las obras eran canceladas.

-Ya los gastamos, respondió en automático el gobernador, Javier Corral.

“El municipio hizo una aportación de 50 millones de pesos, 38 de estos 50 se han aplicado a la parte oriente del Puente Zaragoza y hay unos 12 millones que se han aplicado a otros de los pasos a desnivel que es la Teófilo Borunda. Los recursos del Municipio están ejercidos en dos obras previamente convenidas. Es mentira que estos recursos se van a reorientar a Cuauhtémoc. Simplemente es otra de las mentiras que cotidianamente se cuentan”.

El alboroto fue tanto que Corral mandó a Juárez al menos impensado para ofrecer en privado las explicaciones correspondientes a regidores y otros funcionarios del Ayuntamiento, incluido el alcalde Armando Cabada.

No envió a Elizondo, o a su jefes de Obras en esta frontera. No, mandó a su amigo el empresario Ismael “El Chacho” Rodríguez Gallegos, quien domina el tema no por conocimiento de la frontera, sino por los cientos de millones de pesos que pasan por sus ávidos ojos para las correspondientes aprobaciones. Así quedó explicado el origen del desorden.

Todo ha pasado por sus manos sin consulta alguna hacia los habitantes de esta frontera ni a sus autoridades municipales.

Innegablemente son enormes e históricos los déficits que sufre la ciudad no sólo en materia de infraestructura urbana, es igual en el campo médico, ni se diga en el renglón educativo o seguridad pública....

Hasta ahora no sabemos porqué Rodríguez, sus asesores y el gobernador, seleccionaron como prioritarios los puentes que están siendo construidos en Juan Pablo II (Cuatro Siglos), Villarreal y Teófilo Borunda, Zaragoza y Las Torres, unos raros pozos de absorción que están achicando a calidad de callejón la avenida de las Américas...

Sabemos, eso sí, que sólo queda un año a la administración corralista para culminar su período en la gubernatura y que había urgencia por gastarse varias centenas de millones de pesos originados por el Fideicomiso de Puentes Fronterizos cuya administración fue entregada en el régimen federal pasado a los juarenses pero en el camino se quedó el estado bajo su control. No lo soltó Duarte ni ahora Corral. Es castilla cargada.

Durante casi tres años no se aparecieron el gobernador ni su “funcionario honorario” por Juárez, salvo para eventos protocolarios fugaces. Aguantó el gobernador su compromiso de llevar a cabo una conferencia de prensa semanal  y audiencias públicas acá sólo hasta que no tuvo respuesta a los cuestionamientos sobre falta de obra ni solución a la problemática de los fronterizos que acudían a las audiencias.

Ahora regresaron sólo cuando las cuentas del Fideicomiso quedaron abultadas y listas para ser distribuidas entre diversas constructoras, varias precisamente de Chihuahua. Por poco y se iba el año de Hidalgo al menos en esa materia.

***

Por alguna razón que nada tiene que ver con la decencia y la honestidad, Ismael Rodríguez no fue integrado por Corral a su gabinete desde que inició la administración en octubre del 2016.

Arribó el empresario al segundo piso de Palacio de Gobierno como jefe de Gabinete hasta febrero del 2018. Llegó para relevar al ahora senador y delfín de Corral para la gubernatura 2021, Gustavo Madero Muñoz.

Empezó a adquirir notoriedad porque no únicamente redujo su desempeño al cargo para el que había sido designado. Empujó con mayor entusiasmo hacia el golf a Corral, se adueñó de Palacio y de forma literal se le metió hasta la cocina.

En muy poco tiempo, el ahora rector de la obra pública estatal en Juárez, consiguió las llaves que andaba buscando, las de la prometedora bóveda de 28 mil millones de pesos en deuda que el Gobierno del Estado mantenía con más de 10 bancos.

Hizo Rodríguez mancuerna con su antecesor, Gustavo Madero (también accionista de los propios bancos que le deben al estado), convencieron a Corral de una y después de otra reestructuración. Si antes se terminarían de pagar esos créditos en 20 años, ahora será en 40 ó muchos más.

Fueron varios los que en esa reestructura se bañaron en oro igual que ahora lo están haciendo con la “inversiones” en obra. Son muy tentadoras las “comisiones” y “porcentajes” bajo el agua como para dejarlos ir.

En aquellos periplos de entradas y salidas de los bancos el papel menos decoroso lo jugó quien debió conducir las negociaciones pero obviamente quedó relegado por falta de perfil y experiencia en ese mundo, el secretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, responsable sólo de cargar los folders y firmar los documentos correspondientes.

Así como se metía Rodríguez Gallegos en el círculo de Corral así era también tratado. Hubo costo por pagar. Muy asesor, muy amigo y muy confidente pero también fue convertido en ‘orinario’ del jefe del Poder Ejecutivo; de sus malos modos, de sus corajes.

El empresario aguantó pero su familia sufría frecuentes arrebatos de indignación. Se lo señalaban en público y en privado. “Ninguna necesidad tiene de aguantar regaños”, le insistían.

La liga se reventó en diciembre del 2019, al menos para efectos de sosiego familiar. Rodríguez renunció a la jefatura del Gabinete “por motivos de salud”, oficializó el Gobierno del Estado en un comunicado.

Corral lo “despidió” con una mentira colosal de esas confeccionadas en su taller del nuevo amanecer: “Él no está aquí por un sueldo, él está por un compromiso con Chihuahua”. Le aventó montones de flores de arrepentimiento.

Nunca se supo que Rodríguez, con toda y su riqueza excepcional, rechazara un solo centavo del sueldo por más de millón y medio de pesos que obtuvo como jefe del Gabinete, según la propia información de transparencia del Gobierno del Estado.

La otra mentira es que la despedida no fue despedida. O dicho en lenguaje político, se cayó para arriba. Fue nombrado “jefe honorario” de los organismos mencionados con todo y “motivos de salud”.

En esa calidad interviene en la obra pública que desarrolla discrecionalmente el Gobierno estatal en Juárez y de la que no responde ni por retrasos de meses, ni modificaciones ni cancelaciones, como la anunciada el miércoles al Ayuntamiento sobre el puente de Palacio de Mitla.

En dato final como cereza al pastel, Rodríguez Gallegos es el famoso empresario que adquirió mayor fama durante la última semana porque “prestó” su avión Pilatus al gobernador, Javier Corral, para acudir a la reunión que tuvieron gobernadores del PAN en Guanajuato.

Ese mismo avión, con registro fiscal en los Estados Unidos, ha sido usado por Corral y sus funcionarios en múltiples ocasiones aparentemente en calidad de arrendamiento.

El tráfico de influencias es sinónimo indiscutible de corrupción. Queda con ello fuera la amistad como factor de unión entre Rodríguez y Corral para ser develados intereses mayúsculos de carácter estrictamente económico en la manipulación de la reestructuración de la deuda, la obra pública en Juárez e indudablemente en gran parte de la entidad, más lo que falte por conocer.

Ahí están los hechos.