Opinión

De Berlín a Juárez, la Gratis Tienda

En 2018 fuimos a Berlín un grupo de juarenses, éramos siete alumnas y alumnos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, tres activistas de distintas áreas de Derechos Humanos y tres alemanas que organizaban el viaje

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 21 noviembre 2021 | 06:00

En 2018 fuimos a Berlín un grupo de juarenses, éramos siete alumnas y alumnos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, tres activistas de distintas áreas de Derechos Humanos y tres alemanas que organizaban el viaje. La visita fue financiada en parte por la UACJ y los fondos federales para el intercambio académico y cultural, así como por varias organizaciones de la sociedad civil de Alemania. Esta actividad requiere de un gran esfuerzo logístico y financiero. 

No era la primera vez que se hacía el viaje de intercambio. De hecho, habíamos ido allá antes en varias ocasiones y también han venido grupos de alemanas y alemanes para vivir en Ciudad Juárez y conocerlo a partir de sus luchas por los derechos. Por cierto, a mi me tocó ir como alumno en 2014 en el primer grupo y ese viaje marcó mi vida personal y académica. 

Al final, llamamos al grupo Juarlín, somos una pequeña comunidad sin fronteras integrada por personas que nos hemos vinculado de distintos modos, lo mismo hay activistas, artistas, académicas y académicos, todas y todos unidos por la misma pregunta ¿cómo podemos mejorar el lugar donde vivimos? 

En este viaje de 2018, por segunda ocasión, el grupo de juarenses se hospedó en un centro comunitario de varios pisos que se llama Kubiz, en la zona de Wiessen Sie, a las afueras de Berlín, el barrio se llama así porque hay un pequeño lago con ese nombre. En ese centro hay actividades artísticas, culturales, talleres, biblioteca, centro de juegos, etc., es, auténticamente, un lugar de encuentro para la comunidad. 

En la entrada lateral del Kubiz hay un gran arco de madera con la señal del anarquismo (una letra A envuelta en un círculo) y, enseguida, la frase “Eine welte, in viele welten platz haben”. Después de vivir ahí más de tres semanas se me ocurrió googlear la frase y la traducción al español es “un mundo donde quepan muchos mundos”, el lema del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. 

Según nos platicaron, hay una historia interesante sobre esto. El pensamiento de izquierda alemán -y en general el europeo- quedó a la deriva después de la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría. Parecía que aquellas ideas -que nacen en el pensamiento de la socialdemocracia- habían perdido sentido en el nuevo orden mundial de la década de los noventa. 

Mientras allá comenzaba un declive, en América Latina se gestaban una serie de movimientos sociales que le daba esperanzas a la desorientada izquierda europea. En México, el detonante del conflicto armado en Chiapas de 1994, provocó que todas las miradas voltearan a vernos y, con ello, comenzaron a organizarse los grupos con afinidad ideológica y crearon una red de apoyo que logró encauzar acciones de solidaridad internacional. Entonces, miles de alemanes se sumaron al EZLN, cientos de ellos llegaron hasta la selva lacandona y otros miles apoyaron desde Europa. Conocí en Berlín a varias familias que, a la fecha, tienen suscripción a una publicación zapatista o compran café chiapaneco a grupos de apoyo del EZLN. 

El caso es que esa ideología política, un tanto difusa, comenzó a materializarse en varios movimientos de resistencia contra el capitalismo voraz, la contaminación del medio ambiente y el consumismo que provoca la economía de libre mercado. 

Cuando se tiene una convicción ideológica, no es posible divorciar lo que se dice, lo que se hace y lo que se piensa. En ese sentido, esa izquierda berlinesa se dedicó a crear espacios para promover los Derechos Humanos, la sustentabilidad y la solidaridad humana. 

En el Kubiz es uno de esos lugares. Ahí, hay una pequeña tienda donde todo es gratis y que es administrada entre varias personas de la comunidad pro bono, el proyecto es completamente autosustentable, entre cientos de tiendas tradicionales, hay una donde el dinero no vale nada, puesto que nada se vende, ni se compra, todo se regala a quien lo necesite. La idea era genial, dejar ahí lo que ya no usas, pero que puede ser útil para alguien más y, así, combatir el consumismo exacerbado. 

Uno de los juarenses que fueron al viaje, Julio César Morales, tenía varias ideas en mente cuando llegamos, todas relacionadas con el cuidado del medio ambiente y con promover una vida saludable. Pero, cuando comienza un proyecto, a veces las circunstancias abren otras ventanas de oportunidad. 

Al regresar a Juárez, Julio comenzó con una iniciativa que llamó la Gratis Tienda. Contra todos los pronósticos, el proyecto es un éxito. Pero no fue fácil, Julio intentó de varias formas emular aquella experiencia en el Kubiz y, poco a poco, con mucha paciencia y perseverancia -y aprendiendo de los errores-, logró instalar un local más grande que el de Berlín que ahora se ha convertido en una tienda de solidaridad comunitaria. 

Para el 2021, la Presea Fray García de San Francisco que reconoce el trabajo comunitario de las y los juarenses, se entregará al proyecto de la Gratis Tienda, una iniciativa ciudadana que busca romper el ciclo de vida de los productos, promoviendo una acción solidaria en la que la gente entrega algo sin recibir nada a cambio, mientras que otros lo reciben sin tener que pagarlo. 

El lema es sencillo, “trae algo o nada; llévate algo o nada”. La idea es que si hay una ropa, un aparato eléctrico, un juguete o un mueble que todavía sirva y alguien quiere regalarlo, tenga un lugar en donde llevarlo y que alguien que lo necesite lo tome, evitando siempre la acumulación y promoviendo el reuso. 

El reconocimiento de Julio, seguramente se sumará a otras acciones que han emprendido otras y otros juarlines. Este grupo es un semillero de activistas que defienden los Derechos Humanos en Ciudad Juárez y Berlín desde varias trincheras como los derechos de las mujeres, la economía solidaria, los derechos culturales, la transparencia y la educación, entre otros. 

Sin duda, estas experiencias representan triunfos significativos para hacer comunidad, éste es el gran reto del mundo actual y pareciera imposible, de no ser por esfuerzos como el grupo Juarlin.

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