Opinión

Cruces fronterizos, sucesos y vivencias

En esta zona fronteriza entre México y los Estados Unidos de América se producen, a través de los puentes internacionales...

Sergio Pacheco González
Analista

martes, 11 febrero 2020 | 06:00

En esta zona fronteriza entre México y los Estados Unidos de América se producen, a través de los puentes internacionales, millones de cruces cada año. Los puentes Santa Teresa, Santa Fe, Lerdo, Américas, Zaragoza y en menor medida, el anterior puente Caseta y hoy el remozado y renombrado Tornillo, son, en tanto puentes, construcciones que posibilitan, en una primera lectura, cruzar una frontera político-administrativa, en los términos en que los gobiernos de las dos naciones han acordado.

Cumplir con poseer un pasaporte, una visa de cruce fronterizo, de turista, de estudiante, con permiso de trabajo o tarjeta verde, son sólo algunas de las modalidades posibles de un tránsito legal, particularmente estresante y recurrentemente entorpecido por hechos que se presentan, generalmente, a miles de kilómetros de distancia de sus instalaciones.

El caso más ilustrativo es el mundialmente conocido como 9-11 (11 de septiembre de 2001) o ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, que también incluyó una ofensiva contra el Pentágono, en Virginia, y la caída de un avión en Shanksville, Pensilvania, si bien el objetivo presumiblemente era el Capitolio en Washington.

En los días y meses subsiguientes a este hecho, la demora en los cruces fronterizos se incrementó para sus usuarios/as tanto pedestres como en vehículos particulares, transporte de pasajeros y de carga, disminuyendo el número de cruces en 2012 y 2013.

Por ejemplo, en mayo de 2001 el tiempo promedio de espera, para vehículos particulares, fue de alrededor de 30.2 minutos. Para el mísmo mes de 2002 fue de 68.89 minutos, como registra el ingeniero Jesús R. Soltero Acosta en su tesis “Análisis de factibilidad de un nuevo cruce internacional entre Ciudad Juárez y El Paso” (septiembre de 2002).

Con respecto al decremento en el número de cruces, el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP, Radiografía 2016), registra que, mientras en 2001 se realizaron 15 millones 753 mil 158 de cruces de vehículos particulares; en 2002, los registros indican 13 millones 89 mil 177 cruces; y en 2003, estos alcanzaron 13 millones 991 mil 158. En 2004, los cruces apenas superan los 15 millones.

Por el contrario, los cruces peatonales se incrementaron, pasando de 7 millones 200 mil 166 peatones a 9 millones 614 mil 51 en 2002, para caer a poco más de 7 millones y medio en 2005 y 2006 (IMIP, radiografía 2016).

Una situación similar se vivió en 2019, ahora motivada por la crisis migratoria: “desde el 2011 hasta el 2018 el tiempo de espera para cruzar de Ciudad Juárez a El Paso por el puente Libre no superaba los 60 minutos en promedio, sin embargo, el pico máximo llegó en el 2019, cuando en el primer semestre en promedio la espera para cruzar la frontera por este puerto se registró hasta en 120 minutos, fecha estimada de cuando la crisis migratoria empezó a tomar fuerza en esta región” (Sabrina Zuniga, El Diario de El Paso, 6 de noviembre de 2019).

Éstos son algunos datos. Nos refieren millones de cruces, que podemos ahora considerar como millones de historias, historias que nos hablan de personas, familias, empresas, esfuerzos, alegrías, penas y dolores; trabajadores y trabajadoras que en condiciones legales o en el contexto de permisividad que las necesidades comunes posibilitan, transitan todos los días mostrando la flexibilidad de esta frontera, evidenciando su porosidad.

Estudiantes que se desmañanan y cargan materiales escolares, ilusiones propias y/o familiares, que aprehenden que las diferencias limitan, a la vez que posibilitan otros horizontes.

Hombres y mujeres que poseen doble nacionalidad y que deciden habitar preferentemente en uno u otro lado de los puentes y que están en posibilidad de aprovechar las condiciones que su estatus les ofrece en la adquisición de bienes y servicios, así como incorporan y/o mezclan tradiciones y costumbres.

Muchos otros escenifican esos momentos de abrazos, llantos y sonrisas, que se pueden observar cuando son dejados (as) o dejan a sus familiares en los límites del territorio nacional, todos los días y a todas horas.

Cuando las separaciones, se sabe, se prologarán en el tiempo, entonces, pareciera que los puentes que deben unir, al ser transitados, son la base sobre la que se desvanecen las figuras de aquellas personas a las que se ama. No obstante, los vínculos prevalecen y eventualmente, esas figuras reaparecerán y recobrarán su lucidez. En esos momentos, los puentes, volverán a unir.