Crisis humanitaria

Ciudad Juárez se encuentra hoy seriamente amenazada por un grave problema que no causamos

Francisco Ortiz Bello
Analista
viernes, 05 abril 2019 | 06:00

Ciudad Juárez se encuentra hoy seriamente amenazada por un grave problema que no causamos, del que no tenemos control, que no podemos resolver, pero que sí padecemos todos los días: la crisis de migración centroamericana. Seres humanos expulsados de sus lugares de origen, por miles, están llegando a nuestra ciudad para buscar mejores horizontes, algunos sólo escapando del terror e inseguridad en sus países.

En forma insólita y sin precedente alguno han llegado hasta nuestra frontera miles de migrantes centroamericanos buscando el asilo o la protección de los EU, sin darse cuenta que ya tienen la de México. Desde que ingresaron por nuestra frontera sur han sido acogidos por gobiernos, empresarios, asociaciones, iglesias y por la sociedad. Se les ha brindado de todo. Parecen ignorarlo.

En estos momentos, las causas que originaron el fenómeno migratorio son lo de menos. La migración de centroamericanos y cubanos a nuestro país y a nuestra frontera es una lacerante realidad hoy día, independientemente de las razones o motivos que la causaron.

Pero hay todavía algo peor que eso. Ese fenómeno migratorio ha causado, ya, un conflicto binacional de tal magnitud que hoy, los tiempos de cruce entre México y EU, por esta frontera, alcanzan récords inimaginables. Ni cuando los ataques terroristas a las Torres Gemelas del 9/11 se vivió una política migratoria tan restrictiva como la que hoy prevalece.

Un deficiente manejo de la diplomacia entre países nos llevó al extremo de que el presidente Trump decretara medidas radicales en cuanto a su política aduanera y migratoria, instruyendo acciones que dilatan los cruces internacionales a sus máximos tiempos en toda la historia de la ciudad, con todo lo que eso implica. Negocios, estudios, empleos, familia, exportaciones todo se ha ido por la borda en menos de dos semanas.

Y por si todo eso fuera poco, las insensibles y totalmente imprudentes declaraciones del presidente López Obrador de que “… Todo está en orden, no hay problemas en la frontera con los cruces internacionales…”, terminan por darnos la puntilla. El remate.

Tan mal estamos, como país, que el presidente Trump y todo su gabinete de seguridad añoran los tiempos en los que tomar acuerdos con el Gobierno mexicano, en la época de Peña Nieto, no significaba mayor problema porque sus interlocutores oficiales válidos, el canciller Videgaray o cualquier otro secretario de Estado, era como si lo hubieran hecho con el presidente de la república, el mismísimo Peña Nieto, es decir, se respetaban y honraban esos acuerdos.

Hoy, al Gobierno norteamericano no le queda más que acordar directamente con el presidente López Obrador, nada más. Ningún otro funcionario de su gobierno tiene su representación formal, válida, diplomática.

Y eso ya nos pegó en Juárez. Y duro. El endurecimiento de la política migratoria de EU, en general, tiene a miles de migrantes centroamericanos en nuestra ciudad, y ha provocado que los cruces internacionales, de personas y mercancías, alcancen tiempos de locura en la frontera.

Por un lado, la presencia en la ciudad de migrantes que no se muestran precisamente empáticos y agradecidos con la ayuda que reciben, aunado al estrés que ocasionan los exagerados tiempos de cruce, han ido aumentando la tensión social, porque todo va entremezclado, y una cosa lleva a la otra.

Si no encontramos el camino para procesar inteligentemente, como ciudad, todos los conflictos que se generan a partir de esos dos conflictos que padecemos, la violencia social se desbordará. Y no tardaremos en ver reacciones de violencia contra los migrantes, porque no faltan sectores de la sociedad que se sientan amenazados por la presencia de extranjeros “indeseables”, olvidándose que, antes cualquier otro calificativo, son seres humanos en conflicto, en situación de crisis. Seres humanos que fueron expulsados de sus países por condiciones sumamente adversas, y que, antes que cualquier otra cosa primero necesitan de la solidaridad y apoyo de los mexicanos.

Si las cosas en Juárez se desbordan, y algo malo llegara a pasarle a algún migrante centroamericano o cubano, no quisiera ver la reacción del mundo. Otra vez seríamos el centro de la atención mundial, el ojo del huracán, y otra vez por razones nada agradables ni beneficiosas. Desde aquí un llamado a la prudencia, a la calma, a la paciencia, a la comprensión y a la solidaridad con otros seres humanos que la requieren.