Crimen y espacio público

El homicidio de Dana Lizeth, estudiante de la UACJ, nos ha estremecido a todos

Alma A. Rodríguez
Académica
lunes, 08 abril 2019 | 06:00

El homicidio de Dana Lizeth, estudiante de la UACJ, nos ha estremecido a todos, en primer lugar, por ver terminada de tal manera su corta vida, y segundo, por el hecho de que ocurriera a tan sólo unos pasos de las instalaciones universitarias, supuestamente en una de las zonas más consolidadas y seguras, y a la cual, cientos de jóvenes acuden diariamente a prepararse para ser futuros profesionistas y mejores seres humanos.

Evidentemente la violencia en esta ciudad tiene su origen en muchas situaciones sociales, y políticas de carácter estructural, las cuales se han acentuado desde hace años, sin embargo, se ve favorecida por otros factores, muchos de ellos urbanos y ambientales como el que en este caso se abordarán.

Entre los encabezados del terrible hecho, aparecieron varios referentes a las condiciones del lugar donde fue encontrada: sin iluminación, con arbustos crecidos, solitario, mismas características en las que se ambientan las peores escenas de crímenes en la literatura y el séptimo arte, pues son justamente aquellas características que facilitan las circunstancias para el crimen. Esas características lamentablemente parecen describir gran parte del espacio público de la ciudad, ya sea por la poca eficacia en el mantenimiento de éstos, por falta de interés, por negligencia o incluso por la ausencia de exigencia ciudadana.

Analizando rápidamente el sitio, encontramos un parque al cual prácticamente todo lo que le rodea le da la espalda, desde instituciones educativas y sociales, hasta vivienda y comercio. Un espacio “para el encuentro” rodeado de bardas, un paisaje urbano que, motivado por el miedo, lamentablemente resume en gran medida el paisaje predominante en toda la ciudad, el cual, en lugar de resultar en más seguridad para todos, suele resultar en grave peligro para quien queda del otro lado de los muros y rejas, allá afuera, en el espacio público, en la calle, ese lugar ajeno y gris, ese lugar que en lugar de ser de todos, parece no ser de nadie.

La estrategia –si es que se le puede llamar así– de encerrar todo el espacio privado, vivienda, empresas e incluso las mismas instituciones educativas, es poco eficaz y colabora a propiciar condiciones para la inseguridad y el crimen en las calles. Todos nos vemos en la necesidad de hacer uso del espacio público, ese espacio entre la casa y el trabajo, o la casa y la escuela, es fundamental para el buen desarrollo de una ciudad y para el bienestar social. 

En muchas ciudades, la zona universitaria más que estar caracterizada por una serie de predios delimitados, es toda una “zona urbana” en la que interactúan comerciantes, residentes, así como los mismos estudiantes y profesores. La abundante oferta de comercio, y equipamiento cultural, las condiciones óptimas de seguridad vial para caminar o andar en bicicleta, aunado a una serie de atractivos espacios exteriores, son capaces de generar esos “ojos sobre la calle” que colaboran a la seguridad desde una perspectiva ciudadana.

Ejemplos como la zona universitaria en Bogotá, o la “Zona Tec” en Monterrey, han planteado de una forma distinta su interacción con la ciudad con muy buenos resultados. La prevención del crimen mediante el diseño ambiental (CPTED), es también una herramienta que los gobiernos deberían de utilizar como estrategia permanente en una ciudad como la nuestra, en donde la iluminación, el control visual, la legibilidad del espacio, la vigilancia natural, la limpieza y la eliminación de barreras opacas, pueden colaborar a la generación de espacios más seguros, es decir, menos propicios para el crimen.

El diseño ambiental si bien no es la solución de fondo a la situación de violencia que vivimos, sí puede ser un punto de partida para el diálogo, para la colaboración entre ciudadanía e instituciones, como algo concreto en qué enfocar la acción ciudadana y estudiantil, y, sobre todo, como primer paso para combatir la acedia social que sólo suele despertar a golpes de vidas humanas perdidas. Descanse en paz ella y todas las víctimas de la violencia en nuestra ciudad.