Opinión

Creatividad civil ante la pandemia

La contingencia ha sacado muchas cosas a flote, entre ellas, lo mejor de mucha gente de la sociedad civil

Víctor M. Quintana S.
Analista

viernes, 15 mayo 2020 | 06:00

La pandemia ha sacado muchas cosas a flote, entre ellas, lo mejor de mucha gente de la sociedad civil, tanto organizada como desorganizada. El confinamiento y sus consecuencias, el temor al contagio, el desempleo, el quiebre de negocios, todos estos males que se abaten sobre las personas y sus consecuencias negativas se tratan de atender desde esfuerzos muy diversos de la sociedad civil, en las principales poblaciones del estado.

Uno de los males agravados por el confinamiento es la violencia familiar, la mayor parte de las veces contra las mujeres. El machismo que sigue siendo predominando en nuestra sociedad, aunado a las condiciones de hacinamiento de muchas viviendas, al mayor tiempo obligado de convivencia en espacios muy reducidos, multiplica las tareas de las mujeres, las exigencias y las presiones de los hombres, y esto desemboca en diversas formas de violencia desde la verbal hasta los golpes. Los datos señalan que en el estado la violencia familiar se ha incrementado en un 58 por ciento desde que comenzó la cuarentena. 

Diversas organizaciones se han dado a la tarea de atender, primero vía telefónica o por internet y cuando el caso lo amerita, de manera presencial, a las mujeres víctimas de violencia familiar. En Ciudad Juárez lo hacen Casa Amiga y Sin Violencia. 

En la capital del estado, ofrecen este tipo de servicios el Centro de Atención a la Mujer Trabajadora y Mujeres por México. Estas organizaciones han tenido que ir a acompañar personalmente a las mujeres para lograr medidas legales como separación de personas, órdenes de aprehensión, recuperaciones de niñas o niños, preparación de audiencias. Dos de los sectores más olvidados, más “al Sur de la Pandemia” son las sexoservidoras y sexoservidores y las personas con adicciones. Los y las primeras han visto reducirse, si no acabarse todos sus ingresos mientras que las víctimas de las adicciones que viven en situación de calle, además de la falta de alimentos adolecen de falta de espacios y de artículos mínimos de higiene, lo que los hace mucho más vulnerables a la pandemia. A ellos los está atendiendo la organización Compañeros con cubrebocas, jabones, gel antibacterial y orientación sanitaria y psicológica continua. 

Otro grupo muy poco tenido en cuenta son las niñas y niños de mujeres en situación de reclusión. Con el confinamiento la atención hacia ellos se ve gravemente disminuida, tanto en lo material como en lo psicológico. Varias organizaciones de la sociedad civil como Gaby, de la ciudad de Chihuahua, están pendientes de suministrarles despensas y de que tengan los cuidados mínimos. La Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez está brindando atención psicosocial telefónica y virtual a madres de víctimas de desapariciones y feminicidios, pues el nivel de ansiedad en ellas se ha agudizado con la pandemia. Además, se ha sumado a la campaña nacional Corazones en Marcha para la búsqueda de hijas e hijos desaparecidos. Desde la ciudad de Chihuahua opera la Red A Distancia. Está constituida por 170 psicoterapeutas que trabajan voluntariamente. Por medio del teléfono o instrumentos virtuales están dando el servicio de contención a las personas que sufren de angustia, depresión, temor por la pandemia, el confinamiento, la crisis de la economía familiar, etc. Sus servicios tienen una gran demanda entre el personal de salud que está en la primera línea de atención a las personas contagiadas: enfermeras y enfermeros, médicas, médicos, intendentes, camilleros, conductores de ambulancia. Además del agotamiento físico por las extenuantes jornadas y los incómodos trajes protectores, todas estas personas sufren un gran desgaste emocional al tener que brindar también apoyo efectivo a las personas enfermas, que siempre tienen que ser aisladas de las relaciones con sus familiares. 

La labor de estas personas, profesionales de la Psicología ha llamado tanto la atención que van a comenzar a atender a un grupo de enfermeras y enfermeros del Hospital General de la Ciudad de México. Algunos grupos de pequeños y medianos empresarios, asociaciones civiles han desplegado un intenso trabajo en territorio, sobre todo en las zonas más vulnerables, más afectadas por el desempleo de Ciudad Juárez para entregar cubrebocas y artículos sanitarios, así como una despensa garantizada cada semana, sin ninguna exigencia de documentos. En varias colonias equipos de promotoras sociales ofrecen a través de las redes sociales apoyo en comunicación interpersonal, sugerencias para el manejo de stress, juegos, manualidades, y cápsulas informativas sobre los temas más demandados durante esta pandemia. 

Además de todo esto hay toda una pléyade de acciones de apoyo, por ejemplo, diversas grupos de las iglesias distribuyen despensas entre la gente más necesitada; hay acciones de voluntariado para comprar la despensa o medicamentos a personas solas que no pueden salir de su domicilio; iniciativas de “visitas telefónicas o virtuales” a personas solas; grupos de compra de alimentos de productores locales, y muchas otras que seguramente se realizan sin mucha difusión. Esta enorme reserva de solidaridad, de densidad moral de la sociedad chihuahuense no debe desperdiciarse; ni mucho menos abandonarse el día después de la pandemia. Debe ser uno de los puntales para construir la nueva normalidad, pero no una normalidad construida desde el poder, sino un nuevo modo de vida generado por las personas sencillas haciendo cosas sencillas en favor de otras personas sencillas, para parafrasear al gran Eduardo Galeano. Ayuda mutua, frugalidad, solidaridad, apoyo a las personas y grupos más vulnerables, son los ejes para construir el mundo que desplace a éste que ya se está desmoronando.