Opinión

Corral no quiere al PAN; el PAN quiere a Maru

En Chihuahua tenemos una democracia fallida. Así de fácil

Carlos Murillo>br>Abogado

domingo, 28 junio 2020 | 06:00

En Chihuahua tenemos una democracia fallida. Así de fácil. Por eso, ahora sufrimos con un mal gobierno que ha fracasado en todos los rubros, no hay un solo éxito en los tres años de Javier Corral, pero su peor descalabro es al interior del PAN. Hay que registrar esta semana en el calendario político, porque aquí fue el punto de quiebre en su gobierno. El castillo de naipes se ha desmoronado para el gobernador.

Las cifras no hablan, gritan. A tres años de gobierno, el fracaso es inocultable. Mientras entramos a un túnel de ingobernabilidad, Corral intenta administrar el caos social, político, económico y financiero desde la comodidad del escritorio. Pero no es cuestión de la pandemia, así lo ha hecho durante tres años.

En esta semana, la última apuesta legislativa del gobernador resultó una drástica derrota que rememora la historia de Caín y Abel ya que, su propio partido, el PAN, sepultó la reforma del sistema electoral que, entre otros cambios, pretendía introducir las elecciones primarias. Corral, ni siquiera pudo convencer a todos los diputados del partido que lo llevó al poder. Sus correligionarios lo dejaron en ridículo.

Las fracturas internas del PAN han sido un lastre para el Gobierno estatal, porque, desde el principio, el proyecto de Corral tuvo como protagonistas a diversos grupos de izquierda que a la postre se convirtieron en un mazacote -como les dijo Porfirio Muñoz Ledo a las alianzas que contradicen su propia ideología-.

Tarde o temprano, las facturas políticas se pagan. Los panistas de los grupos tradicionales esperaron hasta ahora para demostrarle al gobernador que está solo y anunciarle que viene lo peor. El último año de un gobierno es el más crítico. El gran reto de una administración es mantener la gobernabilidad interna, algo que evidentemente ha perdido por completo Javier Corral.

Pero este resultado no es fortuito. En su momento, Corral prefirió incorporar a personajes de la izquierda como el exmorenista Víctor Quintana (a quien AMLO le diagnosticó la fiebre del hueso y por esa misma enfermedad ahora anda buscando la gubernatura), en ese entonces, a los panistas no les agradó que Quintana fuera el secretario de Desarrollo Social, porque es el lugar donde se hace política. 

Pero son muchos los casos, otro ejemplo es Lucha Castro, quien fue la mandamás en el Poder Judicial hasta hace unos meses o bien, hay que recordarle a Cecilia Soto, quien suplió a Agustín Basave, ambos funcionarios de primer nivel con sueldos de primer mundo que se pagan con los impuestos de los chihuahuenses, pero irónicamente, estos dos personajes no tienen ninguna relación con Chihuahua. Corral prefirió a los enemigos históricos del panismo para integrar su gabinete. Entonces ¿quién traicionó a quién?

La actitud de desprecio que tiene Corral por el panismo local tiene su lógica. Piensa que no le debe nada al PAN, porque ellos no le ayudaron a ganar la elección; en todo caso, su red política en el centro del país fueron sus principales apoyos para lograr la nominación. En aquel entonces, el único panista que lo apoyó fue Gustavo Madero y Ricardo Anaya, siendo presidente del CEN del PAN, estuvo encantado de darle la candidatura para encerrarlo en una elección local, a sabiendas de que el PAN no era competitivo.

Entonces, las siglas del PAN fueron un mero membrete sin fuerza electoral. Esa era la trampa leonera para Javier Corral. Sin embargo, el triunfo no estaría en el PAN, sus posibilidades de éxito estaban en las alianzas con la izquierda y, paradójicamente, con el PRI, en específico con el grupo del secretario Osorio Chong y sus socios en Chihuahua, los Baeza. El plan perfecto fraguado al interior del PRI para deshacerse de César Duarte que estaba creciendo en el escenario nacional. Así se construyó el triunfo de Corral, por eso siente que no les debe nada.

Es importante recordar que el triunfo electoral de Corral en 2016, fue principalmente una apuesta en contra del PRI. Los chihuahuenses deseaban dar un paso adelante, el problema de seguridad se había superado y era el momento de apostarle a algo novedoso, entonces, la mayoría votó por acabar con la corrupción.

Pues ni se acabó la corrupción, ni se acabó la violencia. Corral también fracasó en seguridad. La operación fue fallida a pesar de dedicarle cientos de millones de recursos públicos a perseguir a funcionarios de la administración duartista, dedicándole dos años a jugar al detective, mientras que la seguridad en las calles se desmorona.

Lo más fácil es echarle la culpa al Gobierno federal o municipal, eso es lo que han hecho los últimos dos años; AMLO dice que la seguridad es cuestión de los estados, mientras que Corral dice que la Federación no apoya y los municipios esperan que manden recursos suficientes para enfrentar el crimen organizado. 

Pero ahora viene la revancha. Los legisladores panistas le dieron la espalda al gobernador Corral y así seguirán los demás aliados. Los mismos que hace tres años le juraron amor eterno, hoy han cambiado de proyecto. Fuera máscaras. Este último desaguisado, ha puesto en marcha el nuevo proyecto político del panismo, Maru Campos, la exitosa presidenta de Chihuahua que ha sido leal a los grupos tradicionales del PAN, a diferencia de Javier Corral.