Opinión

Coronavirus. Las reacciones (II)

La semana pasada hablábamos de las diversas reacciones que distintos gobiernos del mundo...

Sixto Duarte
Analista

martes, 24 marzo 2020 | 06:00

La semana pasada hablábamos de las diversas reacciones que distintos gobiernos del mundo habían adoptado respecto a la pandemia del coronavirus, tales como cuarentenas, toques de queda, cierre de fronteras, entre otras.

Hasta el momento el Gobierno federal no ha optado por la complicada decisión de cancelar toda actividad no esencial en el país. Entiendo que la omisión se sustenta precisamente en que en México, gran parte de la población trabaja en sectores informales, o giros que por su naturaleza, no permiten darse el lujo de trabajar desde casa, haciendo “home office”.

Sin embargo, esa sensibilidad en el tema económico y social parece ignorar la ínfima capacidad hospitalaria con que cuenta el país. El pobre desempeño del Gobierno en materia de crecimiento económico obliga a que el país se tenga que seguir moviendo; los recortes aplicados al Sector Salud, con los cuales llevamos batallando desde que López Obrador asumió el gobierno, resultan un coctel peligroso, tanto en materia económica, como de salud. Si bien la clase trabajadora que vive al día no puede darse el lujo de faltar al trabajo, lo cierto es que tampoco los trabajadores enfermos pueden ser productivos. Ahí la enorme encrucijada del actual problema mundial.

Colombia, por ejemplo, optó esta semana por decretar un toque de queda de veinte días. Una medida, en principio, correcta. Sin embargo, surge la duda, ¿qué va a pasar con la gente que vive al día, y si no trabaja, no come ese día? Cualquier decisión de esta naturaleza de cualquier gobierno debe venir acompañada de medidas asistenciales oficiales, para el efecto de que a nadie le falte el sustento diario, pues como dicen en las redes sociales, si bien es peligroso contagiarse de coronavirus, también es peligroso no comer cuarenta días.

Quizá si en México se redirigiera el gasto a programas clientelares del gobierno, a los trabajadores que no puedan dejar de trabajar por la naturaleza de su trabajo, pudiéramos lograr una cuarentena nacional que permitiera erradicar la propagación del coronavirus en menos tiempo.

La actuación del Sector Salud en el sentido de no realizar pruebas de coronavirus, salvo en casos muy específicos, ha traído como consecuencia que exista mucha gente infectada que no lo sabe, y que a su vez, está infectando a otros. El gobierno apela a que la mayoría de los enfermos sanarán sin necesidad de atención médica, y si alguien muere, simplemente lo clasificarán como influenza, justo como lo están haciendo con las personas que acuden a los centros de salud a realizarse la prueba. De ahí que en México existan cifras tan bajas respecto a los contagios de coronavirus. Una actuación profundamente indolente e irresponsable por parte del Gobierno.

¿Cuál ha sido la reacción del Gobierno y su partido estos días? Sacar raja política de lo que puedan, pescando en río revuelto. En primer término, la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, optó por reformar la ley para permitir a los legisladores que pretendan reelegirse, no pedir licencia para hacerlo. ¿Por qué justamente hacerlo en este momento que el país tiene otras prioridades? Pudiendo haber llevado a cabo cualquier reunión o comisión para atender la pandemia, los legisladores de Morena demostraron con esto cuáles son sus prioridades.

Otro enorme oportunismo fue el del presidente López Obrador, al anunciar que, gracias a que el precio del petróleo había bajado, él había tomado la decisión de que bajara el precio de la gasolina. Esta afirmación es un boomerang que puede jugarle en contra, pues en el momento que suba, no podrá argumentar que subió por factores externos. Más o menos así funciona la lógica de los apologistas de la Cuarta Transformación: si el dólar se encuentra estable, es gracias a López Obrador, pero si sube de precio es debido a factores externos; en la misma medida, si la gasolina sube de precio, es debido a factores externos, pero si baja es gracias a la gran gestión de López Obrador.

Orillar al subsecretario López Gatell a decir que el presidente es “una fuerza moral, no una fuerza de contagio”, hace ver al presidente como un ególatra; el salir a mostrar sus estampitas religiosas que lo protegen, muestran que el presidente, lejos de actuar como un jefe de Estado responsable, lo hace como un chamán. En el mismo sentido, continuar con las giras nacionales, abrazando y besando gente, refleja que el presidente es profundamente irresponsable y que está desesperado y quiere garantizar el triunfo de su partido en 2021. Ésa es su prioridad.

México requiere en este momento un líder. Presidente López Obrador, si no ayuda, no más no estorbe.