Opinión

Consultas

Imposible eludir el símil entre la famosa anécdota parralense y la actual polémica entre López Obrador y los gobernadores 'federalistas'

Luis Javier Valero Flores
Analista

jueves, 29 octubre 2020 | 06:00

Imposible eludir el símil entre la famosa anécdota parralense y la actual polémica entre López Obrador y los gobernadores “federalistas”.

El presidente los conminó a que “consultaran” al pueblo acerca del manejo de los recursos públicos. Algunos de los gobernadores le “tomaron” la palabra. 

Harán sus propias consultas. De ahí la anécdota:

Cuentan que el cura del templo San Nicolás pidió a los fieles juntaran firmas a fin de exigirle a la autoridad el cierre de la no menos famosa cantina, New York, que estaba enfrente del templo. Estaban separados solamente una estrecha calle.

Llegada la noticia a los parroquianos del New York, decidieron hacer lo mismo: Levantar firmas para que quitaran el templo.

Pasados solo unos cuantos días, el cura clamó -¡Ahí muere, ya, está bien!-. Llamó a la suspensión de hostilidades y que se cancelaran las dos recolecciones de firmas. 

Iban perdiendo los fieles, eran muchos más los consumidores de las bebidas espirituosas que los fieles.

Así ahora, cuando algunos gobernadores anunciaron que estaban dispuestos a efectuar consultas en sus entidades a fin de poner a discusión el pacto fiscal existente. 

En algunas podrían arrojar resultados no esperados por los gobernantes federales, pues en ellas, sobre todo las del norte, en no pocas capas de la población, hay un resentimiento hacia el Gobierno federal pues se cree que es más lo aportado por las entidades que lo recibido por la Federación.

Algunos gobernadores, parodiando al presidente, se plantearon realizar, incluso, consultas, dijeron, como las realizadas para “aprobar” la construcción del tren maya, o la del aeropuerto de Santa Lucía, o la efectuada por el presidente López Obrador en Gómez Palacio, a mano alzada en un mitin, para preguntarles  a los asistentes sobre la cancelación o no de la construcción del Metrobus.

Los reclamos de los gobernadores tienen objetivos claramente políticos, de mediano y largo plazo, pero también poseen aspectos rescatables. Su beligerancia pudiera ser atenuada si la contraparte, en lugar de confrontarlos públicamente, los convocara a discutir y negociar.

Nada de eso practica el presidente y se equivoca. Si el presidente no acepta reunirse con los gobernadores opositores, entonces ¿Con quién debe reunirse, solo con los suyos?

Además de inaceptable, sorprende la respuesta presidencial ante la pregunta del porqué no se reuniría con los mandatarios que exigen un nuevo ordenamiento fiscal y hacendario.

¡Dijo que hacerlo “dañaría su investidura presidencial”!. 

Más allá de los indudables aspectos frívolos de esta polémica, el fondo es real y los gobernantes federales deberán atenderlo, máxime que es un asunto al que desde muchos años atrás las fuerzas de izquierda y en general del campo democrático exigieron se cambiara: 

El esquema hacendario existente en el país, en el que la Federación se queda con 80 de cada 100 pesos recaudados, los estados 19 y los municipios 1, y todo este esquema cambie para avanzar en el camino de la federalización y acabar con el actual esquema, centralista. 

Algo de eso es lo que apunta el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, al informar que se ha iniciado una discusión con los secretarios de hacienda estatales sobre un nuevo pacto fiscal.

Pero el ánimo beligerante con la que actúan los principales protagonistas hace temer la presentación de escenarios a cual más de negativos, ante los cuales es necesaria aparezca la voluntad de dialogar con los diferentes, los opositores o los contrarios. 

A eso está obligado el presidente.

Pero los gobernadores están obligados, también, a la congruencia.

Al tiempo que el gobernador Corral pretende que sean escuchados los gobernadores “federalistas” le endilgó a López Obrador lo siguiente: “El presidente no escucha, el presidente habla, emite su palabra y esa es la definitiva y pretende que sea la única. Y en ese tenor también está esta descalificación, que yo digo, es una restauración de un régimen autoritario”.

Si se pretende que el mandatario federal asuma esa actitud, la federalista, Javier Corral debiera recordar que tal carácter implica, también, la relación de los gobernantes estatales con los municipales.

Y luego soltó unas frases, las que se pueden aplicar, íntegras, a lo que ha sucedido en Chihuahua, dijo que “… se ha puesto en vilo el conjunto de libertades políticas, sociales y económicas del país, para regresar a un viejo modelo presidencialista de los años 70, con un control absoluto, un control político absoluto, una concentración de facultades, de competencias, de recursos”. 

Híjole, a eso los sicólogos le llaman proyección sicológica.

asertodechihuahua@yahoo.com.mx; Blog: luisjaviervalero.blogspot.com; Twitter: /LJValeroF