Opinión

‘Conspiración conservadora’

Sí hay grupos, desde mi punto de vista equivocados, que quieren desde hoy la renuncia del presidente López Obrador

Jorge Fernández Menéndez
Analista

miércoles, 03 junio 2020 | 06:00

Ciudad de México.- En medio de esta confusa hora, en la cual se entremezclan el pico de la pandemia —con un alto número de contagiados y fallecidos— con la reapertura económica del país, donde uno no sabe bien a bien qué discurso escuchar, si el de protegerse y quedarse en casa o el de salir a trabajar y hacer vida social, vuelve, otra vez, colocado en el debate desde la propia Presidencia de la República, el tema del golpismo.

Sí hay grupos, desde mi punto de vista equivocados, que quieren desde hoy la renuncia del presidente López Obrador (como hubo los que pidieron, con más o menos brío, desde casi el día uno de su administración, la renuncia de De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña). También hay quienes se movilizan en su contra, como ocurrió con todos los presidentes de los últimos 50 años, por lo menos; seguramente hay quienes anhelan la caída del presidente, como siempre ha ocurrido. Pero no hay golpismo: invocarlo es una forma de azuzar a la población y a los partidarios del régimen para radicalizar aún más las posiciones políticas inventando un enemigo que no existe.

No es la primera vez que el presidente o algunos de sus operadores hablan de golpismo, algunos tanto que parece que lo desearan.

En este espacio, el 26 de febrero pasado, decíamos que, de la mano con las acusaciones de militarización del país (también infundadas), van las de un presunto golpismo en contra del presidente López Obrador, cuando, paradójicamente, es el propio presidente el que mayor responsabilidades y espacios le ha dado a las Fuerzas Armadas.

La estrategia gubernamental contra la pandemia fue pésima, con datos, mensajes, actitudes contradictorias. Tiene graves fallas la estrategia de seguridad y la economía lleva ya cinco trimestres consecutivos a la baja. En abril hubo 12 millones de personas sin actividad económica, las que perdieron su trabajo o no recibieron percepciones. ¿Cómo no va a haber crítica? Pero eso no implica que hablemos de intenciones golpistas.

Que el presidente diga que ningún mandatario ha sido tan criticado por los medios como él, está bien con fines de victimización, pero no es verdad, pues simplemente hay que recordar el trato que recibieron Felipe Calderón y, sobre todo, Peña Nieto.

¿Quién intenta dar un golpe de Estado? No existen movimientos golpistas: lo que sucede es que cada crítica, cada movilización, cada reacción de la gente contra decisiones políticas del gobierno, justificadas o no, se convierten, desde el propio discurso oficial, en una conspiración conservadora.

Decíamos a fines de febrero y lo ratificamos: no hay conspiración, lo que hay es descontento de un sector cada vez más importante de la población por la falta de respuestas o por respuestas equivocadas.

Existe disconformidad con la respuesta a la pandemia; con el sistema de salud rebasado no sólo en el tema Covid-19, sino también en muchos otros más, desde el dengue hasta el cáncer infantil; con la inseguridad; con una economía en crisis; con un gobierno que quiere convertir la Comisión Federal de Electricidad en un monopolio estatal caro e ineficiente y que en el camino ignora y desecha leyes, seguridad jurídica e inversiones. Cuando cunde el desconcierto y crece la desafección, un gobierno, sobre todo cuando aún mantiene índices de aceptación como el de López Obrador, debería rectificar, no inventarse teorías de la conspiración.

Seamos claros, un golpe de Estado sólo pueden darlo los militares, como el de Chile, el ejemplo que gusta utilizar el propio presidente y algunos de sus epígonos.

La situación actual de México no es ni remotamente cercana a la de Chile en 1973. Quien haga esa comparación no tiene idea de lo sucedido en aquellos años en el cono sur. Ni tampoco es la misma época la que estamos viviendo. Pero más allá de eso, nuestros militares no fueron, no son, ni serán golpistas.

El Ejército mexicano, las Fuerzas Armadas, son una fuerza confiable, disciplinada y leal. Con un agregado que no es menor: esa lealtad no es incondicional. Es una lealtad a las leyes, a las instituciones, a la Constitución y a las autoridades de ellas emanadas (y ésa es una de las grandes diferencias, además del origen y la conformación popular de nuestro ejército respecto al de otros países).

El Ejército mexicano nunca ha apoyado fracciones políticas o ha violado las normas constitucionales. Tampoco ha permitido que se violen. Es nuestro mayor reaseguro institucional.

Tratar de hacer que los mexicanos crean en la existencia de amenazas, golpes de Estado o de grandes conspiraciones, no sólo es un rasgo autoritario, termina ocasionando graves daños al propio gobierno y distorsiona su visión de la realidad.

Díaz Ordaz creía, lo creyó siempre, que el movimiento estudiantil del 68 era parte de una conspiración internacional. Así actuó y así es juzgado por la historia.