Opinión

Congreso Abyecto

La alineación de representantes populares con personas afines o con quienes comparten una ideología común, es una realidad desde la celebración de la Asamblea de Versalles

César Jáuregui Robles
Abogado

lunes, 22 noviembre 2021 | 06:00

Ciudad de México.— La alineación de representantes populares con personas afines o con quienes comparten una ideología común, es una realidad desde la celebración de la Asamblea de Versalles al término de la Revolución Francesa. Esta forma de agrupamiento dio pauta para que, a mediados del siglo XIX, surgieran los partidos políticos y así la ciudadanía pudiera discernir y esclarecer distintas formas de pensar y de enfocar la solución de los problemas sociales de una comunidad, región o país.

Este gregarismo, no obstante, siguió reconociendo en la génesis del Parlamento, que se remonta al año de 1215 cuando el rey Juan, conocido como el que no tenía tierra, convocó a los barones del reino en Runnymead (que todavía es un prado verde sin edificaciones entre el Castillo de Windsor y Londres) para formalizar exigencias económicas que hicieran posible su sostenimiento y las Cruzadas. Sin embargo, los señores feudales le impusieron la Carta Magna y coincidentemente surgió en ese momento el Parlamento moderno como órgano independiente, pues no hay que olvidar que los primeros esbozos de asambleas deliberativas, con anterioridad, fueron el Ágora griega y el Senado Romano.

Un Congreso que se precie de ser real factor de poder, debe comprender que su independencia y autonomía se dan precisamente frente a los poderes reales, como el crimen organizado, la milicia, los medios de comunicación, y principalmente frente al Poder Ejecutivo, que es su verdadera esencia de existir.

Muchos legisladores en todo el mundo han mostrado con dignidad, y aun a costa de su vida, ese rol a jugar por el Congreso. Y aquí en Mexico es ejemplar la lucha histórica que desplegó en su corta trayectoria como congresista el senador Belisario Domínguez. No en balde el máximo galardón que entrega el Congreso a mexicanos ilustres lleva su nombre.

Por eso es sumamente lamentable observar cómo, en la aprobación del presupuesto –al que nuevamente no se le tocó ni una coma, a pesar de haber más de 1900 propuestas de mejora y modificación– se sucedieron hechos tan bochornosos como establecer por parte de la mayoría legislativa una defensa no basada en la razón o en el argumento probable, sino fundamentalmente en el denuesto, en la crítica y el insulto bajo, tal cual es el caso de una diputada de Morena, mostrando a una de sus compañeras opositoras que ocupaba la Tribuna una cartulina donde se podía leer el calificativo de “culera”. Grave por sí mismo el hecho, pero más reprobable es la forma en que festinaron tal circunstancia sus compañeros y el propio presidente de la República, minimizando el incidente.

Si de por sí es totalmente ovejuna la forma como se siguen los dictados que se marcan desde Palacio Nacional, convirtiendo al Congreso en una simple agencia de trámites o “rubber stamp assembly” –como le llaman los países de la Commonwealth a los órganos deliberativos que todo aprueban al gobernante en turno–, se agrega el triste papel que jugó la mayoría y sus aliados al dedicar en Tribuna y en tiempo del canal del Congreso un espacio considerable para festejar el cumpleaños del ciudadano presidente. Sin ningún pudor ni asomo de vergüenza mostraron la dependencia absoluta y sumisión que exhibe los niveles más precarios de fortaleza que debe tener el Congreso de La Unión.

Estamos observando una degradación y un retroceso que nos devuelve a mediados del siglo pasado, cuando se hablaba de un “pastor” que cuidaba de su rebaño, ejemplificado por algún diputado o personaje poderoso que ocupaba el recinto legislativo y tenía trato con secretarios de Estado. Pero en este caso ni siquiera está en la Cámara sino en Palacio Nacional, pues marca directrices y controla abiertamente a un Poder Legislativo, que entre sus funciones primarias está, paradójicamente, la de controlar a los otros poderes. 

Esta sumisión voluntaria, dócil, entreguista y seguidora de la consigna, seguramente quedará inscrita en la historia parlamentaria como una sombra oscura, muy oscura, del incipiente funcionamiento del Congreso mexicano.

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