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Opinión

Con todo sobre los criminales ‘terroristas’, pero sin militarización

El castigo a las pandillas y organizaciones criminales que utilizan tácticas terroristas, matan o hieren a policías y personas inocentes -incluyendo menores- , envenenan a la población, y destrozan la propiedad privada en México; debe ser severo

Gerardo Rodríguez Jiménez
Periodista/Académico

domingo, 22 enero 2023 | 06:00

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El castigo a las pandillas y organizaciones criminales que utilizan tácticas terroristas, matan o hieren a policías y personas inocentes -incluyendo menores- , envenenan a la población, y destrozan la propiedad privada en México; debe ser severo. No es posible que el Estado de Derecho sea rebasado y que se toleren ataques armados, violentas fugas, incendios, vandalismo, ejecuciones, amenazas y corrupción que hemos experimentado.

Lo anterior es indebatible, dados los hechos ocurridos recientemente, tanto en Chihuahua como en Sinaloa, y en muchas otras regiones de país. Las consecuencias para los pandilleros y asesinos que violentan la ley de esta manera, como para aquellos que recibieron privilegios VIP en las cárceles, así como para todos aquellos funcionarios corruptos que los dejaron armarse dentro de las mismas han sido, hasta ahora, insuficientes; y merecen una revisión legislativa, y un análisis profundo en cuanto a las estrategias que se seguirán de ahora en adelante.

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Por otro lado, el incremento de la extrema violencia de las organizaciones criminales no debe ser usado como pretexto para que el Gobierno federal expanda la militarización en todo el país. La militarización también deja muertos y víctimas inocentes en el desempeño violento de su deber. Y es que la profesionalización de los guardianes del orden, en general deja mucho que desear todavía. Aunado a esto, se siguen dando las filtraciones internas de las instituciones responsables de la paz por parte de grupos los criminales, quienes corrompen o amenazan a personas clave dentro los organismos gubernamentales, y en todos los niveles del sistema judicial y político.

La muerte de Jessica Silva en el 2020, o de Mauro Miguel Rocha Saucedo, 24, y Luis Fernando Maldonado Marrón, 20, a manos la Guardia Nacional, y que afortunadamente evidenciaron las imágenes de un video –sin el cual los hechos probablemente se hubieran tratado de minimizar, como suele suceder en estos casos–, fue una tragedia esperando a suceder. Ninguno de ellos merecía morir a balazos a pesar de los pretextos difundidos por los defensores de la institución armada.

Claro, existen muchos factores socioeconómicos, políticos y culturales que aumentan los niveles de la violencia en México, y las soluciones no son nada sencillas, pero por algo se empieza. El Estado debe ejercer toda su fuerza ante los líderes criminales para prevenir que en el futuro no queden impunes hechos tan preocupantes como la fuga peliculesca de los Mexicles del Cereso 3, o lo que sucedió tras la captura de Ovidio Guzmán en Sinaloa. Pero hay otros responsables de cuello blanco. Algunos ya cayeron, pero la cadena de corrupción en los hechos de Ciudad Juárez tiene muchos eslabones. Esperemos que el nuevo fiscal Anticorrupción de Chihuahua, Luis Abelardo Valenzuela Holguín, nombrado el pasado diciembre por el Congreso estatal antes del incidente en el Cereso 3, realmente haga su trabajo y pese, veremos.

Pero desafortunadamente, para como suceden las cosas en nuestro país, lo más probable es que, antes de que se erradiquen los vicios del sistema judicial, primero le compongan su corrido al abatido mexicle “Neto”, que, en caso de que así sucediera, -como ya ha sucedido en anteriores ocasiones gracias al ingenio popular de nuestros compositores populares, y a nuestra cultura mexicana que romantiza a estos personajes-, evidenciaría ante el resto del mundo el pobre nivel de nuestra educación, que sigue vanagloriando el machismo. Lo que es cierto es que fueron necesarios cientos de elementos, y gran cantidad de recursos para que finalmente terminara muerto con un balazo en la parte trasera del cuello, según reportes periodísticos.

En asuntos relacionados, ¿en dónde quedaron las estrategias de paz contra la delincuencia que presumía utilizar el señor presidente Andrés Manual López Obrador a principios de su gobierno? Ahora resulta que cada vez está más empeñado en la militarización del país; y cuando parece que en México se está en guerra nacional en contra de los cárteles, estos supuestos remedios resultan, para nosotros los analistas, más distractores como ‘para taparle el ojo al macho’ que intentan siempre justificar a líderes extremistas buscan consolidar su poder. Desde que gobierna, cada vez se necesitan más soldados, policías y recursos para patrullar las ciudades y detener a estos generadores de miedo, y haciendo mucho show y teatro.

Lo que se necesita es inteligencia, no gastar cada vez más los recursos del pueblo en la militarización de México, porque lo que parece bueno puede resultar nefasto a largo plazo. Las apariencias engañan y los fines políticos del autoritarismo no creo que sean muy nobles que digamos.

Especializar más a las fuerzas policiales y militares, así como aumentar el castigo de los delincuentes con fines de proteger a todos los ciudadanos, no es malo, y es necesario como un primer paso; pero el problema radica en quien, como, de qué manera y para que se utilicen estos delicados recursos. 

En México, como ya mencionamos, el sistema judicial, político, y militar son corrompibles. Los cárteles pagan, amenazan e influencian a todos los que pueden. “El Chapo” Guzmán, por ejemplo, se queja en EU de que los políticos de alto nivel lo presionaban y extorsionaban. 

Entonces, aunque sí se necesitan reforzar los penales contra los líderes criminales más peligrosos, la estrategia de seguridad ciudadana no debe quedar en una estrategia basada en cuentos de policías y ladrones, en la diferenciación entre ‘buenos y malos’, o en culpar a ‘los otros’. Así como existen múltiples factores que causan el incremento de la violencia, la estabilización del país depende de su economía, de la participación ciudadana local, de la colaboración verdadera sin fines políticos de todos los niveles de gobierno, del liderazgo, presión y participación de los empresarios, de los medios, de todas las instituciones, de los programas educativos comunitarios, de las academias, del verdadero combate a la corrupción, de la depuración de los organismos judiciales y de su eficacia, de los legisladores, de las pruebas de confianza, de las políticas geopolíticas, de la solución a los problemas migratorios a largo y mediano plazo, de la tecnología e inteligencia, del reforzamiento de nuestro sistema de salud para prevenir adicciones y enfermedades mentales, de un mejor control de las armas, de combatir el narcomenudeo, del diálogo entre diferentes sectores, etc…

Gastar más en militarización no resuelve el problema de fondo, si se necesitan las fuerzas elites especializadas, ya vimos que pueden producir resultados, pero una mayor presencia de soldados sin entrenamiento y sin una compensación acorde a sus responsabilidades no resuelve mucho la imparable violencia, y sí genera otra clase de rudezas, como hemos argumentado aquí. 

Al escribir este análisis sabemos que proponer y entender el cómo hacer algo no resuelve mucho si todo se queda en retórica, que en realidad se necesita acción y más acción. Pero por un paso se empieza para llegar a la cima de la montaña, y esto se logra paso a paso. 

Se deben seguir explorando múltiples iniciativas, e implementar estrategias reales, a la par de actualizar los castigos a quienes promueven las técnicas de terror, para actualizarnos a la realidad actual. De nada sirven los circos policíaco-militares diseñados para mejorar la imagen política o para justificar las profundas fallas de nuestro sistema.

El terrorismo actual que utilizan los criminales contra el Estado y contra la población en general es totalmente inaceptable y se debe erradicar de fondo, sin que esto sea pretexto para el intervencionismo estadounidense. El gobierno, en todos sus niveles, es el principal y primer responsable de generar la paz, y se necesita un firme liderazgo. Las demás instituciones, y nosotros mismos, como ciudadanos y padres, debemos también comprometernos en nuestras comunidades para sembrar las semillas y cosechar los frutos que deseamos todos en el futuro, si es que deseamos realmente que nuestro país mejore. 

Jerry79912@yahoo.com

 

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