OPINIÓN

Con pretexto migrante sigue bajo ataque la frontera

A la fecha, son arriba de 21 días del colapso intermitente de los puentes fronterizos, que han puesto en el drama a los ciudadanos de a pie, unos 60 mil, que cruzan diariamente hacia El Paso

LA COLUMNA
de El Diario
domingo, 21 abril 2019 | 06:00

La crisis en los puentes y cruces fronterizos Juárez-El Paso-Santa Teresa está quedando inscrita en la región como histórica por las graves repercusiones económicas y sociales para la zona.

¿Cuándo en Viernes Santo las hileras de tráileres surgidos de las empresas maquiladoras de la ciudad de Chihuahua, Juárez y otros puntos del país habían saturado los puentes hasta las zonas habitacionales esperando su turno para cruzar por el puente Libre o el Zaragoza? 

Ni en tiempos de guerra.

Ese sigue siendo el punto, el Gobierno de Donald Trump ha tomado como único argumento el flujo migrante de centroamericanos hacia el norte para complicar severamente la vida fronteriza.

Con su característico pragmatismo asume este asunto como capital político frente a sus “adversarios” internos en una primera prueba de fuego electoral del cercano 2020. Pero igual lo usa contra sus “enemigos” externos, en este caso México.

No se da por enterado que la crisis –que cumple arriba de tres semanas– lesiona duramente la vida cotidiana de cientos de miles de personas en ambos lados de la frontera y genera multimillonarias pérdidas a las empresas de exportación.

Pero no es sólo Trump el del problema y falta de visión responsable. México ha tomado el asunto con “preocupación” estrictamente mediática, y con un tacto de alta suavidad diplomática muy próxima a la frontera de la cobardía.

La solución en México empezaría con pronunciamientos firmes y categóricos de AMLO, pero su energía contra Trump quedó en discurso de campaña.

Andrés Manuel López Obrador ya recibió en su despacho a Jared Kushner, el yerno de Trump, en una encerrona de mensajes que no han sido transparentados del todo, pero que en el fondo son sin duda compromisos que lo tienen atado en un punto donde es difícil distinguir entre sumisión o prudencia.

En esta escena, los gobernadores fronterizos, entre ellos Javier Corral, han mimetizado la postura presidencial. Entretenido en el golf, en el tenis o cualquier otra frivolidad, hasta ahora despierta de ese letargo somnoliento en el que se encuentra. 

Pero el despertar no es casual. Hay presión natural y obligada por el sector empresarial chihuahuense, que mañana, por fin, se reúne con Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno mexicano, en espera de auténticos resultados.

En más de tres semanas es la primera vez que el gobernador de Chihuahua tocará el asunto oficialmente con la seriedad que amerita.

¡Casi cuatro semanas! 


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A la fecha son arriba de 21 días del colapso intermitente de los puentes fronterizos, que ha puesto en el drama a los ciudadanos de a pie, unos 60 mil, que cruzan diariamente hacia El Paso, donde estudian o trabajan.

Las personas están teniendo que tomar la decisión de quedarse en los Estados Unidos al menos una semana entera para aminorar el daño de un cruce tortuoso, ante el riesgo de pérdida de empleos o clases.

Pero si las largas filas de personas que pretenden el cruce peatonal es dramática en las imágenes que todos los días publicamos, lo es también la kilométrica fila de tractocamiones.

Son más de 15 kilómetros de camiones con su carga en la espera de cruzar: vehículo, chofer, carga, combustible, activo desperdiciado, demorando producción o comercio en los Estados Unidos.

Se estiman conservadoramente en más de dos mil millones de dólares las pérdidas provocadas, con casi 15 mil cargas varadas, tan sólo en el mes de abril, sin tomar en cuenta los seis millones de pesos del Fideicomiso Mexicano de Puentes.

Inusitadamente se tuvo que trabajar en la Aduana norteamericana en Viernes Santo para desahogar rezago en la atención a carga de exportación y un incremento exponencial de los viajantes mexicanos, que saturaron las líneas en los puentes.

Se calcula que, gracias a laborar en un día tradicional de asueto, se desfogaron cerca de mil 200 vehículos, y que ayer sábado, en los puentes abiertos, habría un avance importante para reducir el rezago.

Pero no es suficiente. Bastan unos días para que las empresas de exportación resientan de nuevo el lento funcionamiento de la logística aduanal norteamericana. La economía y la industria no se detienen.

Las empresas han tenido que ajustar sus tiempos de producción y logística de embarque, en busca de sufrir las menores pérdidas, reconociendo una nueva realidad provocada artificialmente con intereses políticos, incluso pagando chárteres aéreos diarios de 100 mil dólares, con cargo directo a sus costos de transporte. 

Esos ajustes tampoco ayudan mucho, porque son excepcionales, por la natural presión de los socios norteamericanos, la gran cadena de proveeduría y comercialización, inmersa en el comercio internacional que no admite aumento en costos.

Más aún. Dada la magnitud del problema, se observan otras afectaciones en procesos de éxito.

Provocar lentitud en la aduana enviando al personal a atender la crisis migratoria, que se presenta como causa inmediata del problema aduanero, tiene daños colaterales en programas exitosos, como el caso de Foxconn, que han venido consolidándose de manera lenta pero firme como opción de un mejor y mayor trasiego de mercancías binacional.

Esta empresa que elabora productos de tecnología y sistemas operaba un programa piloto de exportación conjunta desde sus patios en Santa Teresa.

La innovación, puesta en marcha hace un par de años en dos puntos más de la frontera con los Estados Unidos, busca eficientar la exportación bajo estándares de Recinto Especial Fiscalizado, que opera con personal aduanero binacional y una estricta logística, que permite un carril continuo y sin tropiezo alguno entre ambos países.

Pues el programa se suspendió por la falta de personal norteamericano y ahora la empresa debe formar sus cajas de carga en el obsoleto y lento sistema de exportación terrestre vigente. Absurdo completo.


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Por supuesto que se generan expectativas por la reunión con Marcelo Ebrard. Pero los pies están en tierra por parte de los empresarios.

Saben que Corral está atado de manos, peleado con la administración federal en un juego de vencidas donde lleva todas las de perder, con capacidad política nula. Su debilidad es extrema.

También tienen conocimiento de que la administración de Trump presiona al Gobierno mexicano con cierres intermitentes de puentes para obtener una política migratoria más severa en la frontera sur, donde México ha cedido en las últimas dos semanas. Nuevos tsunamis humanos se dirigen hacia las fronteras.

Sin embargo, el éxito de la reunión radica en una pinza empresarial de exportación México-Estados Unidos, que abra los ojos a ambos gobiernos, por el dinero tirado a la basura en las últimas semanas.

No queda entonces más que la presión del sector empresarial, económicamente el principal afectado.

Pero en ese tema no sólo pierden los empresarios, también tiene menoscabo la recaudación de dinero en impuestos.

Mas grave aun, se dilapida el bono de credibilidad para inversionistas nacionales y extranjeros en la zona industrial y comercial fronteriza de ambas naciones, con afectación a largo plazo.

Con el adicional de un daño severo electoral en esos 3 mil 500 kilómetros de frontera, donde los ciudadanos de nueve estados de ambos lados pasarán lista de asistencia, primero en el 2020 en la Unión Americana y después en el 2021 en el lado mexicano.

El drama que se está viviendo es real y no puede ser asumido bajo una lógica del todo o nada de la administración de Trump o el dejar hacer, dejar pasar, de Andrés Manuel.

Es inaudito que se asuma la migración como moneda de cambio humanitaria y argumento central para golpear severamente la economía de ambos países, en una guerra comercial no declarada pero presente en los hechos. Es la realidad.