Opinión

Con la pandemia a su favor

Ya en los estertores del poder, el gobernador Javier Corral Jurado hace gala de lo más granado y reconocido de su soberbia, de su insensibilidad social, de su egocentrismo y de su falta de tacto político

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 02 mayo 2021 | 06:00

Ya en los estertores del poder, el gobernador Javier Corral Jurado hace gala de lo más granado y reconocido de su soberbia, de su insensibilidad social, de su egocentrismo y de su falta de tacto político, jugando con los chihuahuenses mediante algo tan delicado y serio como es la pandemia por Covid-19 que vivimos, utilizando estratagemas de muy cuestionable conveniencia para fines muy distintos a los que pretende justificar.

La tarde del viernes 23 de abril anunció Corral, circunspecto y sobreactuado, el decreto de dos “supercierres” de fin de semana para la zona norte del estado (que incluye a Juárez), estamos en el segundo, que inician las 23:59 horas del viernes y terminan a las 6 de la mañana del lunes, justificando tal medida extrema en el crecimiento de algunos índices del semáforo epidemiológico que anunciaban ya, la tercera ola de contagios por Covid-19.

Es cierto que, en otros países del mundo, tanto de Asia como de Europa, se ha presentado ya esa tercera ola de contagios, entendiendo como tercera ola un incremento notable o pico de nuevos casos de enfermedad por el SARS-Cov-2, que presentan incluso variantes en las cepas del virus, como la británica, la brasileña o la africana, y eso ha prendido las luces de alertas en todo el mundo.

Es cierto también que, en nuestro país y en el estado, ya iniciamos con la ascendente de lo que será la curva de la tercera ola, es decir, el incremento de los índices de ocupación hospitalaria, de nuevos contagios por día, de personas intubadas y de muertes diarias ocasionadas por Covid-19, eso no hay manera de negarlo, sin embargo lo que resulta harto cuestionable es lo extremo de las medidas con las que cada estado del país pretende enfrentar esta situación y en Chihuahua particularmente el decreto de los “supercierres” solo en fin de semana.

Se les llama así porque implica el cierre de toda actividad considerada no esencial, incluso algunas como negocios de comida, tiendas de autoservicio de grandes superficies, así como otras actividades que, literalmente, paralizan la actividad de las personas. Incluso ahora se ha destinado un capítulo aparte, para considerar dentro de estos cierres de operaciones las actividades de los candidatos a puestos de elección popular, ya que su proselitismo y activismo electoral representa una potencial amenaza para el incremento de contagios.

El impacto económico de estos “supercierres” es grande y negativo, ya que no solo pierden quienes se ven obligados a cerrar sus negocios, sino que eso significa que muchas personas tampoco percibirán el salario del día, por ejemplo, en el caso de un mesero, aunque el empleador decidiera pagarle el sueldo del día, aunque no trabaje, no recibirá las propinas que, todos sabemos, representan el mayor porcentaje de sus ingresos. Multiplique ese ejemplo por decenas o quizá cientos, o miles.

No en vano en países como Italia, y otros europeos, las protestas y manifestaciones contra estas medidas restrictivas se han dado al por mayor, reclamando precisamente el daño que se le ocasiona a la economía, y microeconomía de los países, de los estados y de las ciudades.

Sin embargo, en cuanto al tipo de medidas y restricciones, el caso de Chihuahua es único en el país, y quizá en el mundo. Aplicar el “supercierre” sólo los fines de semana, es decir, sábado y domingo únicamente, como si el virus no contagiara de lunes a viernes.

El gobernador Corral justificó los “supercierres” del fin de semana presentando algunas gráficas en donde se observa el incremento de los índices ya mencionados, así como la gráfica en la que se observa claramente cómo se ha disparado la movilidad social en las más recientes semanas. A mayor movilidad, más contagios. Ese fue el razonamiento el cual, en principio, es correcto.

Hemos analizado diversas acciones similares que otros países han tomado en el mundo a ese respecto. Van desde cierres escalonados por horarios y tipos de negocio, acceso a determinados espacios o servicios sólo algunos días de la semana de acuerdo con la inicial del apellido de las personas, la vigilancia estrecha sobre círculos de contagio, la aplicación masiva de pruebas, y otros muy variados mecanismos o restricciones, pero cualesquiera que sean se aplican indistintamente a lo largo de toda la semana, no solo durante dos días. Esa es la parte que no cuadra en la estrategia chihuahuense.

¿Por qué solo los fines de semana? ¿Acaso el virus solo contagia los sábados y domingos? O será que, como buen burócrata estatal, el virus no hace nada de lunes a viernes o bien, la restricción a la venta de alcohol durante sábado y domingo ¿De qué manera evita los contagios?… la verdad es que no lo sabemos y tampoco encontramos la explicación sensata y lógica a dichas medidas.

Y más aún cuando comprobamos a través de todas las publicaciones que se han consignado aquí en El Diario, en las que vemos a cientos de personas haciendo larguísimas filas los viernes en los centros comerciales o tiendas de autoservicio grandes, para adquirir sus víveres o cantidades inimaginables de alcohol que les aseguren un buen fin de semana, con lo que el propósito de evitar grandes concentraciones de personas, no se cumple pero, además, lo único que se consigue es que las personas hagan compras de pánico, incluido el alcohol, con lo que queda garantizado que consumirán mucho más del que habitualmente consumen entre sábado y domingo.

Por otro lado, se comprobó que durante la última semana en los hospitales del sector salud federal (IMSS e ISSSTE), la ocupación hospitalaria apenas llegaba al 30 por ciento, mientras que en los del sector salud estatal sólo el Hospital General presentaba una saturación de casi el 95 por ciento, pero sobre un total de apenas 60 camas-Covid, es decir, no sobre la capacidad máxima del hospital.

En el informe diario vespertino de la Secretaría de Salud federal, se reporta a Chihuahua con apenas el 40 por ciento de ocupación hospitalaria. No se trata de minimizar el problema, ni de decir que no pasa nada, no, se trata de ubicar el tema en su auténtica dimensión, nada más.

¿Hay una tercera ola de contagios que amenaza con colapsar los servicios de salud, aumentar los nuevos casos y con ello las defunciones por Covid-19?  Sí, sí la hay, es real, pero entonces ¿por qué no vemos a las autoridades de salud, tanto estatales como federales, trabajando de nuevo en la reconversión hospitalaria antes de que se presenten masivamente los nuevos contagios, por ejemplo?

¿Por qué no los vemos tomando otra clase de acciones mayormente efectivas en el corto y mediano plazos? Por ejemplo, aplicación de pruebas masivas, listas de nuevos contagiados y sus contactos para seguimiento médico, verificación escrupulosa del protocolo sanitario en todos los espacios y lugares, ya sean cerrados o abiertos, independientemente de la hora y el día en que operen, operativos efectivos contra covifiestas en domicilios particulares, así como otras medidas verdaderamente efectivas para detener la velocidad de contagios.

Por ejemplo, por parte del sector salud estatal se anunció con bombo y platillo un protocolo sanitario específico para candidatos en campaña, pero el jueves 29 de abril, en los arranques de las campañas distritales, de ayuntamientos y sindicaturas, lo que vimos fue a todos los candidatos en sendos eventos masivos poniendo en serio riesgo la salud de miles de personas. Existe tal protocolo, pero se ignora qué autoridades verificarán su cumplimiento, y cuáles son las sanciones a que se hacen acreedores los candidatos que lo incumplan, a menos, claro, que se pretenda hacerlo discrecionalmente.

El tema es delicado porque podría estar en juego la vida de decenas de miles de juarenses, de chihuahuenses, pero también lo es porque con toda certeza está en juego la economía y bienestar de todos, no solamente de los que enfermen.

Salud y economía, ambas, son prioridad y la autoridad tiene el deber de equilibrar adecuadamente sus medidas para no afectar de más alguna de las dos por privilegiar la otra, complejo, sí, pero es el deber del gobierno.