Opinión
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Con actos de locura busca la perpetuación

El final no puede ser menos tétrico, dramático, deprimente, que los cuatro años y fracción recorridos hasta ahora al frente de la administración estatal por Javier Corral Jurado

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 24 enero 2021 | 06:00

El final no puede ser menos tétrico, dramático, deprimente, que los cuatro años y fracción recorridos hasta ahora al frente de la administración estatal por Javier Corral Jurado.

Han sido convocados para este domingo casi nueve mil panistas que participarán en un proceso interno de selección de candidato (a) a la gubernatura que desvergonzada y machaconamente pretendió manipular desde oficinas públicas el gobernador del estado.

Tiene que ver esa decisión con el destino de Chihuahua por los siguientes seis años. Se trata de elegir a quien posiblemente suceda a Corral a partir de septiembre próximo, tras la elección constitucional de junio.

El “volado” está entre la alcaldesa con licencia de Chihuahua, Maru Campos; y el senador también con licencia, Gustavo Madero. Sin mayores diferencias de fondo entre ellos más allá del enfermizo comportamiento adoptado por Corral contra la mujer.

Enfrentó el “mandatario” ese proceso arrastrando por el lodo toda autoridad ética, moral y política, necesarias en el ejercicio de gobierno. Involucró como nunca en la historia ni siquiera del memorable PRI a todo el aparato gubernamental para apoyar al delfín y denostar sin clemencia a su opositora.

Los priistas se cuidaban de no dejar huellas en intervenciones de tal naturaleza, los funcionarios de Corral presumieron su participación en espacios aun de gobierno. Muchos de ellos ni siquiera panistas, solo acatadores de una indecente consigna para mantenerse en la nómina.

Desde el coordinador de Comunicación Social, Manuel del Castillo, “Igor”; su subordinada en la misma área, Ibeth Mancinas, hasta el secretario de Educación, Carlos González, que no forman parte del blanquiazul; o el secretario general de Gobierno, Luis Fernando Mesta; su sobrino, Jesús Mesta, hasta el consejero jurídico, que se presumen militantes azules, acataron al pie de la letra la orden de imbuirse en la alcantarilla del deshonor y saltar de ahí para atacar, para morder.

Atestaron con sus participaciones programas informativos oficiales y redes sociales también sufragadas con recursos públicos. No se detuvieron en gastos. El pueblo paga. Ningún temor ni respeto por la ley.

Los capítulos más oscuros, sin embargo, no fueron los aportados en esa guerra mediática desesperada de los últimos días por el tropel de funcionarios públicos cargados a la consigna de Palacio, sino por dos “testigos protegidos” que habían sido mantenidos bajo prudente resguardo durante años.

Cobró notoriedad nacional el exsecretario de Hacienda, Jaime Herrera, por su obligada como imprevista aparición del miércoles para sumar acusaciones contra Campos y el secretario del Ayuntamiento en Chihuahua, César Jáuregui Moreno.

La pinza fue debidamente preparada para tratar de frenar el ritmo de Maru a unos días, casi horas, de la elección. Salieron casi al alimón el exfuncionario duartista y Corral Jurado; este puliendo el guión y aplaudiéndolo. La nómina en Palacio hizo el correspondiente eco.

Quiso la mala fortuna, o la impreparación, o el corralismo convencido que sus contrarios caminan a ciegas o están mancos, que horas antes de Herrera hiciera lo propio de manera contundente y con pruebas Jáuregui Moreno.

El pobre Herrera no llegó más armado a su conferencia de prensa, por cierto celebrada en el vetusto y propanista hotel, Quality Inn (antes San Francisco), que por acusaciones señaladas en un escrito al que dio lectura.

Jáuregui, en cambio, sorprendió al respetable con la exhibición de la hoy famosa grabación de su plática telefónica sostenida justo con Herrera, donde este admite que son mentiras y “mamadas” todo lo que ha sido manejado de la también célebre “nómina secreta” que implica a Campos-Jáuregui.

Debió sufrir lo indecible el trampero Corral cogido en la trampa. Todo el guiso que preparó durante años, condimentado, salteado en hierbas y aceites finos, fue apagado de un golpe por unos minutos de conversación entre su testigo protegido y uno de los objetivos de cacería política, Jáuregui. Ahora las pruebas de la manipulación aparecen en el otro bando; estas sí, documentadas electrónicamente.

En ese nivel colocó el gobernador la campaña interna al interior de su partido para tratar de desacreditar a sus propios correligionarios. Uso de expedientes “mentirosos”, y uso de la Fiscalía General de Justicia y del Poder Judicial para buscar su procesamiento. Ni modo de engañar frente a la maniobra absurda.

Otro que no es detalle menor fue la aparición indirecta del también testigo protegido, Mario Trevizo Salazar (TP02), expresidente del PRI en el estado y exsecretario general de Gobierno durante el sexenio de César Duarte.

Entre jueves y viernes jaló la atención al interior del gremio de los notarios en ciudad de Chihuahua el nombre de uno recién llegado al equipo, Luis Raúl Flores Andujo, cuyo padre, Luis Raúl Flores Sáenz, habría “certificado” en su Notaría 4 las supuestas pruebas que serían desahogadas el próximo martes contra la precandidata y el funcionario municipal.

Resulta que Flores Sáenz no solo es pariente político cercanísimo de Trevizo (cuñados), sino que su hijo Luis Raúl Flores Jr. recibió del corralismo una flamante notaría allá por la región serrana de Ocampo apenas en octubre del año pasado tras un “examen” sin oposición. No hubo más participantes.

Los vínculos familiares son claros para ser tomados en cuenta por los propios juzgadores en un momento dado.

Esos datos despejan completamente cualquier duda, por si la hubiera, sobre la obsesión prendida al ánimo de Corral como piel al cuerpo por hacerse de la candidatura del PAN al gobernador, sin importar el menoscabo de las instituciones impartidoras de justicia.

Buscó implantar en aquellas entidades su agenda electoral particularísima. Por las vísperas no debemos hablar solo en tiempo pasado, sino en futuro: no se detendrá en seguir usando las mismas y más armas contra los ejercicios democráticos venideros; antes, durante y después de las campañas que faltan para llegar al día de la elección.

Paralelo a todo lo anterior, fue frenada en seco la campaña que arrancaría el mismo jueves el propio gobernador con el crédito por casi dos mil millones de pesos que esperaba obtener del Congreso del Estado para saldar algunas cuentas con sus proveedores más cercanos y obtener liquidez financiera al menos durante dos o tres meses.

El oxígeno que esperaba para inyectar ánimo a sus seguidores panistas no llegó. El rechazo lo puso de malas y muy apenas le permitió salir, casi reventado en llanto, a ofrecer una conferencia de prensa solo para lamentar lo que no podrá hacerse sin el dinero del crédito (no contemplado en el presupuesto) y negar lo que había antes asegurado: contar con los votos necesarios en el Congreso para la aprobación.

Paradójicamente fueron dos diputados del PAN los que le sometieron al castigo que no podrá olvidar nunca. Votaron contra el crédito junto con otros 10 legisladores más y una que se abstuvo. Necesitaba al menos 22 de los 33 votos.

Redes, televisión y radio oficialistas callaron. No hubo plus para la campaña electoral oficialista; al contrario, hubo mayor daño porque a la derrota le sobreviene la debilidad. Tenían razón los ganadores, suele decirse.

Con ese saldo en harapos amanece el gobernador este domingo, y así encamina sus mentiras, su ineptitud, sus incongruencias, su flojera, su corrupción, hacia los últimos meses del régimen, inolvidable por todo ello resumido en la palabra fracaso.