Opinión

Comunismo, ¡sí cómo no!

Pedro Ferriz Hijar lanzó esta semana una polémica pregunta a usuarios de Twitter: “Si advirtiera usted, que el presidente López Obrador nos está llevando al comunismo ¿apoyaría un golpe de Estado?

Jesús Antonio Camarillo
Académico

sábado, 23 mayo 2020 | 06:00

Pedro Ferriz Hijar –por si usted no lo identifica, hijo de Pedro Ferriz de Con- lanzó esta semana una polémica pregunta a usuarios de Twitter: “Si advirtiera usted, que el presidente López Obrador nos está llevando al comunismo ¿apoyaría un golpe de Estado? El cuestionamiento de Ferriz despertó una multitud de comentarios en redes sociales, la mayoría de ellos criticándolo, pero otros manifestando su adhesión al sentido de la interrogante del periodista. 

El desafortunado tuit de Ferriz Hijar no hace más que explicitar una tendencia que como un boletín de información ordinario se deja correr entre los comunicadores y editorialistas críticos del régimen de Andrés Manuel López Obrador. Muchos de estos textos deslizan de manera camuflada la posibilidad y pertinencia de un golpe de Estado, pero en sus últimos párrafos suelen manifestar que, pese a todo, no existen las condiciones para que un evento de tal magnitud se produzca. El hecho es que dejan la ponzoña entre las líneas para cerrar con giros de “respeto” hacia la investidura presidencial. 

En tal sentido, y con un matiz caritativo, si algo hay que agradecer a los Ferriz es su franqueza. Pero sólo eso, porque formar parte de los rebaños de la desinformación nada tiene de plausible. Hoy, muchos comunicadores en México hacen del slogan de una supuesta transición al comunismo, la bandera programática ideal para generar el rumor, el odio y la diatriba. En estos días, por ejemplo, el planteamiento de Alfonso Ramírez Cuéllar, presidente de Morena, que propone que el Inegi debe tener la facultad constitucional de medir la concentración de la riqueza, desató los demonios de un clan anticomunista en México que irrisoriamente lucha todos los días con enemigos imaginarios. 

Y es que se desconoce qué entienden ellos por comunismo. Harían un favor a su público si le expusieran, antes que otra cosa, las notas que definen su concepto. Señores y señoras, al comunismo no se llega por medio de meras reformas de equilibrio. Ningún cambio constitucional y menos alguna reforma legislativa ordinaria, ni un cúmulo de éstas, nos haría acceder a un sistema comunista. Esas son palabras mayores y para muchos estudiosos, escenarios totalmente utópicos, o para otros, paradójicamente retrospectivos. En cambio, cuando los comentaristas hablan del comunismo lo hacen con un desparpajo brutal. No tienen la menor idea de lo que es e implica la lucha de clases. Para ellos el comunismo es un demonio o una pandemia. Quizá algo parecido a la Covid-19. 

Medir la desigualdad y la concentración de la riqueza no nos acerca, ni tantito, a ningún estadio de desaparición de clases sociales, que pareciera ser es lo que tanto les preocupa. Lo que sí hay que cuidar es que esas mediciones no transgredan los derechos humanos. En pocas palabras, cuidar muy bien el qué, el cómo y el quién. Un buen diseño institucional que haga uso adecuado de los órganos con los que ya se cuenta y que diagnostique lo que todos los mexicanos intuimos, no estaría de más. Es un buen punto de partida. La adjudicación de responsabilidades en un país que ha hecho del enriquecimiento ilícito, rasgo cultural, sería el siguiente paso. Es probable que nuestro estado, Chihuahua, estuviera en el pódium, si se exhibieran los niveles de la riqueza inexplicable. 

Pero nada de esto nos llevará a los brazos del comunismo. Que no se preocupe la burguesía ni tampoco los que padecen el “Síndrome de “Doña Florinda”, en su modalidad de jodido que se cree de la clase alta y que menosprecia a los de su entorno mientras rinde pleitesía a los que le tienen la bota en el cuello. 

En tiempos de una pandemia, que por sí sola es una calamidad cuyos peores efectos están todavía por verse, es interesante ver cómo, haciendo de la descontextualización su franco aliado, los mensajes de odio salen a flote, como si fueran cucarachas que al percatarse de la inmundicia salen, locas de contento, a hacer su agosto.