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Opinión

Competitividad: nos falta mucho por (re)hacer

Con el establecimiento de la industria maquiladora, Ciudad Juárez inició su incursión en el ámbito global

Elvira Maycotte
Escritora
miércoles, 13 marzo 2019 | 06:00

Con el establecimiento de la industria maquiladora, Ciudad Juárez inició su incursión en el ámbito global; una carrera en la que no debe haber vuelta atrás y mucho menos quedar rezagados. Desde entonces el tema de la competitividad nos acompaña inevitablemente y se permea en todas las actividades de nuestra cotidianidad. 

Se trata de poseer y desarrollar ventajas que nos distingan y hagan superiores a nuestros competidores. De entrada tenemos una ventaja competitiva: la ubicación geográfica. Así, sin esfuerzo alguno, circunstancialmente tenemos una vocación que nos coloca en una posición privilegiada y envidiable, pues al compartir la frontera con quien ha sostenido su poderío económico a lo largo del tiempo, necesariamente tenemos resuelto uno de los temas que otras regiones deben superar. Mas, si pensamos que esta cercanía con nuestro vecino del norte y tener mano de obra barata nos garantiza lograr y mantener buen nivel de competitividad, estamos muy equivocados.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) es el organismo en nuestro país que aplica una metodología objetiva para medir el desempeño de las ciudades bajo parámetros internacionales, lo cual garantiza la certeza de sus resultados al momento de determinar el nivel de competitividad para cada ciudad, región o país. Pero ¿cuáles son, entonces, los parámetros sobre los que se debe trabajar? En este sentido, el IMCO nos dice que las instituciones públicas son un factor fundamental para que los inversionistas puedan desarrollar proyectos a largo plazo; para ello se debe contar con un marco legal y fiscal estable, bajos niveles de corrupción e instituciones para proteger a los trabajadores y sus familias.

La infraestructura también es importante: las calles, carreteras y aeropuertos son básicos para el buen funcionamiento de las empresas, tanto para la movilización de sus mercancías como de sus recursos humanos, pues permite reducir costos y hacer eficientes sus procesos. Un tercer factor es la estabilidad económica del país en el contexto internacional, ya que los inversionistas la buscan para minimizar riesgos, lo cual se relaciona estrechamente con el desarrollo de mercados financieros que permitan financiar proyectos rentables. No menos importante es el acceso y aplicación de la tecnología y la capacidad de innovación, es decir, el desarrollo de ideas, productos y servicios para adaptarse a los cambios y atraer nuevos mercados y, obviamente, contar con mano de obra calificada y de bajo costo es elemental.

Ciertamente el listado anterior no es limitativo, dejé para el final mencionar tres factores de primer nivel: salud, educación y vivienda, temas de índole social que poco se relacionan con la competitividad; una población sana, educada y con un lugar seguro para vivir, con acceso a servicios, tiene mayor capacidad para desarrollar habilidades para competir en el mundo global.

La noticia es que durante los primeros años de este siglo XXI, según IMCO, Ciudad Juárez se encontraba entre las primeras diez ciudades mexicanas con mayor Índice de Competitividad Urbana; para el 2012, tan sólo diez años después estaba entre las peores: en la posición 68. IMCO adjudica este retroceso a la dispersión y al mal diseño urbano que alimentaron los problemas de inseguridad, provocaron 23 por ciento de viviendas abandonadas –el más alto del país– y el detrimento en el servicio de transporte que, paradójicamente, las distancias lo vuelven más necesario, genera altos costos sociales y hasta económicos por la pérdida de productividad, sin olvidar que incide en la contaminación y aumenta los costos de la infraestructura. Ciudad Juárez fue, a nivel nacional, el ejemplo de lo que no se debe hacer.

¿Por qué hemos perdido tanto en los últimos 15 años? ¿Cómo andamos en calidad de la infraestructura? ¿Y en el marco legal y fiscal? ¿Cómo estamos en cobertura y capacidad de hospitales? ¿Y de escuelas? ¿Dónde y cómo viven cientos de miles de juarenses? ¿Cuánto tiempo les lleva llegar a su trabajo y regresar a casa? ¿Y su salario? ¿El Gobierno les garantiza su seguridad?... Si los bomberos o las ambulancias no llegan a tiempo y abunda la basura en las calles, no se extrañe de que dentro de unos años sólo tengamos el recuerdo de lo que un día fuimos. No se trata de palabras, se trata de real política pública que tendría como consecuencia mayor competitividad, ciertamente, cuidando las condiciones de vida de los juarenses.