¿Cómo evitar el fracaso en la prevención del delito?

Esta semana se llevó a cabo un seminario sobre la evaluación en la prevención del delito y la violencia...

Carlos Murillo
Abogado
domingo, 09 junio 2019 | 06:00

Esta semana se llevó a cabo un seminario sobre la evaluación en la prevención del delito y la violencia, el evento fue organizado por Ficosec, el Colegio de la Frontera Norte y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, las actividades estuvieron dirigidas a las autoridades de las tres instancias de gobierno y organizaciones de la sociedad civil.

El tema principal fue la evaluación de resultados, un tema que se ha convertido en el gran reto para la sociedad juarense. La pregunta de este seminario es ¿cómo evitar el fracaso en las acciones que se emprenden para prevenir el delito? Y de ahí se desprende una serie de necesidades para la sociedad civil y para el Gobierno que, por separado o en conjunto, están atendiendo esta problemática social que se concentra en la atención a los jóvenes, que representan el grupo más vulnerables ante la violencia.

Un primer paso es delimitar el problema, en ese trabajo el Ficosec y los investigadores de la UACJ y el Colef han avanzado bastante en los últimos años, identificando en el mapa de la ciudad las zonas donde se presentan mayor incidencia de delitos, lo que llaman georeferenciación. Para esto, Ficosec tiene un atlas en línea que se puede consultar en su página web que se ha convertido en referente a nivel nacional.

Entonces, sabemos dónde están las zonas de conflicto y tanto las autoridades como las asociaciones civiles han implementado proyectos de prevención en esos lugares. Sin embargo, la incidencia delictiva va en aumento.

Eso nos obliga a reflexionar sobre lo que está faltando en la estrategia. En una primera instancia, es necesario hacer otra delimitación (además de la geográfica); es momento de ponerse de acuerdo, para empezar, en qué estamos entendiendo por jóvenes, porque la mayoría de las acciones están dirigidas a este sector de la población, pero no entendemos lo mismo, la ley considera la edad, algunos consideran una condición biológica y otros lo consideran una cultura.

Es trascendente entablar un diálogo sobre lo que entendemos por juventud y la razón está en las cifras que hacen públicas las corporaciones policiacas y los tribunales, ya que, el caldo de cultivo del crimen organizado y las bandas delincuenciales son precisamente los jóvenes.

En ese sentido, ser joven en Ciudad Juárez representa un riesgo permanente, por muchas razones, primero porque los jóvenes son el mercado más numeroso en el negocio del consumo de drogas, por otro lado son vulnerables frente a los reclutadores que se dedican a la venta y, finalmente, porque involucrarse en estos temas detona otras formas de criminalidad que están asociadas al consumo de drogas como el robo de vehículos o el robo a casas habitación.

Ante esta realidad, para los adultos, es suficiente recordar cómo actuábamos cuando fuimos jóvenes y de ahí tener un poco de empatía para resolver el anagrama. Entonces nacen iniciativas pensadas en tiempo pasado que se van quedando suspendidas en el tiempo y en el espacio y que tienen a fracasar, porque los jóvenes no son un grupo homogéneo. 

Según los expertos, en esa lógica que generaliza y simplifica a las juventudes, se pierden de vista tres elementos necesarios para el diseño de un proyecto de prevención, el primero es sobre la situación, ya que es necesario tener un profundo conocimiento de la cultura, del entorno, de la historia y del contexto social de los jóvenes en el que se planea prevenir; por otro lado, está la necesidad de involucrar a los expertos, pero no me refiero a los académicos o investigadores, me refiero a los jóvenes que viven esa situación de riesgo, esto permitirá invertir la lógica de la prevención y convertirla en un proceso comunitario; y, finalmente, comprender el proceso de prevención en su complejidad, porque si se quiere encontrar soluciones fáciles y rápidas seguramente se desperdiciará tiempo y dinero.

En Ciudad Juárez tenemos mucho camino recorrido, tanto las instancias de gobierno como la sociedad civil han intentando cientos de estrategias de prevención del delito, algunas funcionan durante un tiempo y después fracasan, o bien, tienen éxito en un lugar y al cambiar de contexto no tienen el mismo resultado. Esto es común y se debe entender como parte del proceso.

Estos fracasos, contrario a lo que pudiera pensarse, nos hacen más fuertes, porque nos enseñan lo que no debemos hacer. Pero esto sucederá siempre y cuando aprendamos de nuestros errores y para eso es necesario este tipo de foros que propone el Ficosec.

Por otro lado, las iniciativas que han tenido éxito también son una fuente de aprendizaje, porque el análisis de estos casos nos dan una escala de buenas prácticas; debemos reconocerlas y estudiarlas para replicar lo que sí funciona. Aunque regularmente lo que funciona es lo que no se ve, es decir, el proceso de diseño o implementación; casi siempre vemos el resultado y queremos replicarlo con una fórmula simple, pero es necesario conocer todo el contexto en el que tuvo éxito la implementación para poder valorar la factibilidad.

Una vez que hemos llegado hasta aquí, ahora es necesario determinar cómo vamos a evaluar los proyectos. Cuando la situación es emergente, como en el caso de Ciudad Juárez, lo más importante es hacer algo, pero, regularmente, por lo apremiante de la situación de crisis, solemos concentrarnos en la implementación, dejando fuera el diseño y la evaluación.

Con este seminario de Ficosec, se fortalecen las asociaciones civiles y las instancias de gobierno, porque tienen más herramientas de diseño y evaluación para que el trabajo de prevención sea efectivo y, en ese sentido, se logre el objetivo de recuperar la paz y la seguridad de nuestra ciudad.

También, este ejercicio de evaluación nos permite hacer un recuento de los proyectos implementados y tener claro cuáles no funcionan a pesar de cumplir con los estándares en cuanto al diseño, la implementación y la evaluación. Me llamó la atención que, en la exposición de USAID, mencionaron que está comprobado –con datos estadísticos– que no funciona para la prevención del delito el canje de armas y el toque de queda ¿y por qué lo seguimos haciendo?

Por el contrario, un proyecto prometedor es el Tribunal de Tratamiento de Adicciones (TTA) que promueve la justicia terapéutica, algo que apenas tiene dos años en implementación pero que, con una aplicación adecuada, puede ser una práctica exitosa en un futuro.

Son muchas las personas involucradas en el tema de prevención, por parte del gobierno, las instituciones educativas y la sociedad civil, pero el gran reto es articularnos, comprender que ese proceso de cambio por la seguridad es comunitario y que los niños, las niñas, los jóvenes y los grupos más vulnerables de la sociedad son responsabilidad de todos, tenemos que cuidarlos y buscar las alternativas para lograr una sociedad más justa.