Opinión

Columbine, armas y Torreón

Homicidios masivos en recintos educativos dentro del territorio estadounidense no son ignorados por la comunidad internacional...

Sergio Pacheco González
Analista

martes, 14 enero 2020 | 06:00

Homicidios masivos en recintos educativos dentro del territorio estadounidense no son ignorados por la comunidad internacional, como no lo son en México, nuestro estado y municipio. Para algunas personas, hechos como los acontecidos desde la llamada masacre de Columbine (Colorado, 20 de abril de 1999) son muestra de la descomposición social de ese país, del fácil acceso a armas de diversos calibres, la promoción de una cultura favorable al uso de las armas tanto en actividades de caza como deportivas, así como para enfrentar conflictos con otros países.

Ser una potencia militar protagonizando constantes conflictos bélicos requiere de mantener e incluso incrementar tanto su capacidad de fuego como su tecnología y sus recursos humanos, necesarios para integrar sus fuerzas armadas. En este orden, indica el Banco Mundial, los Estados Unidos de América (EU) contaba en 2017 con un millón 359 mil efectivos, un número menor que el reportado para la República Democrática Popular de Corea (un millón 469 mil) y la Federación Rusa (un millón 454 mil).

De la importancia y del valor de la industria de armas en los EU da cuenta la Fundación por la Paz (FundiPau), con datos del Stockholm International Peace Research Institute (Sipri), los que indican que 57 por ciento del total de ventas de las empresas top 100 en 2017 correspondieron a 42 empresas con sede en EUA, las que representaron 226 mil 600 millones de dólares. De esas empresas, 5 se encontraban en la lista top 10.

No obstante, hechos similares se han presentado en el mismo y en diversos países, en varios de ellos se ha establecido un vínculo con lo acontecido en Columbine. Así ha pasado en la escuela primaria Sandy Hook (Newtown, Connecticut, 14 de diciembre de 2012), donde fueron asesinados 20 menores, todos de entre 6 y 7 años, y seis adultos; en el liceo Alexis de Tocqueville, en Grasse, Francia (16 de marzo de 2017) con 14 personas heridas; en el Virgina Tech, donde el saldo es el mayor registrado hasta la fecha, con 32 víctimas fatales y 29 lesionadas (Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, 16 de abril de 2017); en la escuela secundaria de Parkland (Florida, 14 de febrero de 2018); en la Santa Fe High School (Texas, 18 de mayo de 2018) con 10 víctimas fatales; en el Instituto Técnico de Kerch (Crimea, 17 de octubre de 2018), con 20 personas a las que les fue arrebatada la vida y poco más de 40 heridas; en la escuela pública secundaria Raúl Brasil (Sao Paulo, Brasil, 13 de marzo de 2019), con 10 víctimas mortales y 10 lesionadas.

Tres características comunes destacan entre los protagonistas de estos hechos. El grupo de edad al que pertenecían los victimarios (16 a 20 años), su género y la decisión con la que pusieron fin a sus existencias la mayoría de ellos, al optar por el suicidio. En algunos casos, el acoso escolar se encuentra como antecedente, lo que en parte podría explicar por qué se elige el espacio escolar como escenario.

En México existen al menos cuatro eventos previos al sucedido en Torreón, Coahuila, el 10 de enero del incipiente año en curso, donde se usaron armas de fuego (Agencia Reforma): suicidio de un adolescente de 14 años en una secundaria de Iztapalapa (Ciudad de México, 23 de mayo de 2001); en otra secundaria, en este caso en el Estado de México (2005), un estudiante hiere accidentalmente a un compañero; en la Winston Churchill School (Ciudad de México, 13 de junio de 2007), un padre de familia asesina a una maestra después de una discusión, y en Monterrey, Nuevo León (19 de enero de 2017), un estudiante de 15 años priva de la vida a una maestra y hiere a 6 personas más.

Con sólo 11 años, el niño que disparó las armas que privaron de la vida a una maestra en Torreón y causaron lesiones a seis personas más, plantea a nuestras vidas un cuestionamiento similar al expresado por Tom Mauser, padre de una de las víctimas en Columbine.

“Algo está mal en este país cuando un niño puede agarra un arma tan fácil y disparar una bala en medio de la cara de otro niño, como lo experimentó mi hijo. Algo está mal.” (El Universal, 14/04/2019). Esto aplica para nuestro país.

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