Opinión

Clivaje, en Juárez se decide la elección

En palabras sencillas, el clivaje nace cuando se explica una realidad a partir de una representación de pensamiento que al ser analizada cuenta con ideas incompatibles

Jorge Breceda
Analista

sábado, 09 enero 2021 | 06:00

El término clivaje se socializó a través los autores Lipset y Rokkan en 1967, quienes en tan solo 67 páginas expusieron con claridad un análisis sobre la racionalidad del sufragio (así como la composición de partidos políticos), la potencia radicó en describir cómo existen tópicos sociales que cuentan con posturas discordantes que construyen posturas colectivas. 

En palabras sencillas, el clivaje nace cuando se explica una realidad a partir de una representación de pensamiento que al ser analizada cuenta con ideas incompatibles, con posturas diametralmente opuestas. Lo interesante es que clivaje nace ausente de partidos políticos o, de existir, estos no son importantes para que la ciudadanía determine la postura que tomará, defenderá y por la que luchará. 

En este sentido, se pueden evidenciar ciertos temas por medio de preguntas: ¿Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua son equivalentes en infraestructura? ¿La inversión del Gobierno estatal entre Juárez y Chihuahua es semejante? En respuesta, cualquier juarense que haya ido a Chihuahua podrá observar que la capital cuenta con mejores calles (menos baches), mejores edificaciones, es indudable la existencia de mayor inversión pública. 

Suponiendo lo anterior, ahora coloquemos un tema que seguramente provocará posturas antagónicas: propongamos que el gobernador, el presidente del Supremo Tribunal de Chihuahua, diputados del Congreso Local (Poderes del Estado) radiquen en Ciudad Juárez, no de forma itinerante como se hizo en años anteriores, sino permanente. 

Lo anterior, bajo la siguiente hipótesis: únicamente con gobernantes que sufran la violencia, les perjudique la mínima obra vial, les moleste la poca estética de la ciudad, encontrarán la fuerza y voluntad para cambiar las condiciones, esto no por amor a la ciudad, sino por no ser víctimas directas de su inactividad política. 

Seguramente quienes habitan en el centro del Estado fijarán una postura en contra, la absoluta negativa a tal idea, lo anterior, porque es evidente que no es adecuado a sus intereses.

En este ejemplo-postura es donde encontramos la potencia del clivaje, porque no importa el partido político o su ideología, lo trascendental es la claridad de mejorar la ciudad, reconocer que Juárez no puede soportar más años de abandono por parte de gobiernos estatales, por lo que, se deberá votar por aquel candidato (a) que priorice a Ciudad Juárez.

Lo significativo de la postura proJuárez, radica en que la ciudadanía “tenemos el sartén por el mango”, solo basta con observar el total de votos que ofrece el Estado de Chihuahua y la cantidad de votos que emanan de Ciudad Juárez, el primero, es de dos millos 794 mil 124 totales (IEE, 2019), de ellos, esta gran frontera tiene la posibilidad de aportar un millón 97 mil 905 (IEE, 2019), es dable recordar que el actual gobernador obtuvo su victoria con 517 mil 18 votos.

Sin duda, las y los juarenses podemos prescribir quién ostentará el Poder Ejecutivo del estado por los siguientes seis años, por ello, se vuelve indispensable fomentar el compromiso hacia nuestra ciudad.

La identidad juarense deberá apelar a honrar, proteger y preservar a la ciudad y a su vecindad, esto no solo será útil para volvernos indispensables para los partidos políticos, sino para fecundar un amor dependiente entre nosotros y nosotras: hacer comunidad.

Ahora bien, la idea de modificar el código postal de los poderes estatales se puede trasladar a las propuestas de campaña locales como que el siguiente presidente municipal no pueda vivir en El Paso, Texas o en Campos Elíseos, ¿Por qué no exigir que radique en la periferia?

Imagine que el siguiente presidente municipal viva -con su familia- en las colonias de la periferia de esta ciudad, que se comprometa en campaña a vivir en Anapra o Finca Bonita, a que sus hijos e hijas estudien en las abandonadas bibliotecas públicas y que su esparcimiento en los parques “cercanos” de su nuevo domicilio.

¿Utópico? Seguramente sí, pero he ahí donde radica la potencia de los clivajes, es decir, desde las coyunturas se pueden construir nuevas realidades, en este caso, una nueva manera de gobernar.